Jue. Nov 26th, 2020

De Suerte, muy poco…

Escrito Original de Fabio Molina, inmigrante argentino en Barcelona, España.

Por: Fabio Molina

Nunca le digas a un inmigrante que tuvo suerte porque le fue bien.

¿Suerte?

Suerte es la lotería.

Suerte es que Dios te cuide la salud.

El resto es tener huevos.

El resto es ver venir la crisis y ver tu futuro truncado y querer algo mejor.

Es armar el plan, ejecutarlo, pensarlo, ahorrar, buscarle la vuelta.

Es llegar a tu país elegido, a tu nueva patria y darte cuenta que no te conoce nadie y que a nadie le importa quien carajos eras, sino quien sos. A ver, démostralo.

Es insultante decirle a alguien que le fue bien porque tuvo «suerte». La suerte se hace. Uno trabaja de cualquier cosa y va progresando que es lo que normalmente pasa en un país normal.

Después de muchos años uno levanta cabeza, arranca en serio. Cumple sus sueños a fuerza de poner el lomo y la cabeza. De saber insertarse, de hacer amigos, de poder aprender el idioma y la cultura. De capacitarse, de estudiar, de homologar títulos, de seguir capacitándose, de sacrificarse…

¿Suerte?

Suerte no, mijito. Eso no es suerte.

Eso es determinación y valor.

Eso es apretar los dientes por no tener a la familia alrededor, es perderse muchas eventos familiares en su país de origen.

Es también elegir zafarse del «destino».

Despojarse de los mandatos paternos/familiares de que uno tiene que hacer A, B o Z.

Hay que tener agallas.

Hay que tener claridad mental y fortaleza de espíritu.

Es poder decir «Lamento que no estés de acuerdo pero yo voy a conducir mi destino».

Emigrar no es para cualquiera. Se necesita cierta locura, cierto apego a la aventura y valentía para afrontar lo desconocido. Hambre de aprender y de conocer.

Decirle «te va bien porque tuviste suerte» a alguien es de mala leche. Es querer bajarle el precio a su esfuerzo. Es chorrear envidia.

Los inmigrantes pagamos la «suerte» muy cara. Con sangre, sudor y lagrimas. Y lo volveríamos a hacer una y mil veces.

El inmigrante tiene un espíritu indomable. Es hijo de los barcos. Y los barcos están seguros en el puerto. Pero los barcos no se construyeron para eso. Se construyeron para desplegar las velas y echarse a la mar. En las tormentas se hacen los marineros. De suerte, muy poco. De coraje, valor y esfuerzo, mucho.

Fabio Molina es un inmigrante argentino que vive en Cataluña, España.

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