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La Diáspora Venezolana en concierto.

Con más de 60 músicos en escena y bajo la batuta del director venezolano Simón Arias, la Orquesta Sinfónica Música para la Integración (OMPI) ofreció un concierto gratuito que hizo vibrar, a casa llena, a destacados representantes de instituciones públicas, privadas, internacionales y al público general de diferentes nacionalidades que se encontraba en el auditorio.

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La Fundación Música para la Integración celebró este sábado, en el auditorio del Espacio Fundación Telefónica, el segundo aniversario de su principal Orquesta con un espectáculo llamado “Diáspora Sinfónica”

Con más de 60 músicos en escena y bajo la batuta del director venezolano Simón Arias, la Orquesta Sinfónica Música para la Integración (OMPI) ofreció un concierto gratuito que hizo vibrar, a casa llena, a destacados representantes de instituciones públicas, privadas, internacionales y al público general de diferentes nacionalidades que se encontraba en el
auditorio.

Un acontecimiento artístico que inició en la antesala con un encuentro previo para los medios de comunicación, en el que se presentaron ensambles folklóricos y vocales pertenecientes a la fundación y continúo con un concierto que, entre música sinfónica, cueca y tambor, buscaba conmemorar el segundo aniversario de la orquesta, dar gracias a Chile por haber abierto sus puertas a la comunidad migrante y demostrar el gran aporte que son los músicos extranjeros para el país.

La OMPI, además de interpretar una de las más afamadas oberturas de Rossini y la 5ta de Beethoven, tuvo el honor de realizar el estreno mundial de la “Rapsodia Venechilena”, una obra escrita por el director Simón Arias en su búsqueda por describir, a través de la música, el acontecer migratorio de los venezolanos en Chile, siendo magistralmente interpretada por músicos invitados de ambas nacionalidades y demostrando armónicamente las posibilidades de convivencia entre ambas culturas.

Tal como la describe su autor, la Rapsodia Venechilena es una obra que representa el clima de incertidumbre y añoranza que puede significar el abandonar tu país de origen sin tener una fecha definida para regresar. Una composición que va asomando diversas melodías de temas folklóricos chilenos, para luego integrarlos con ritmos venezolanos como el joropo y los tambores de la mano de Afrocosta (tambores afrovenezolanos), Máximo Gómez (Guitarra chilena), Miguel Cortés (Pandero Cuequero), Ismael Armas (Cantante), Patricia Lozada (Cantante) y José Carter (Decimista).

“A través de esta historia y unión musical, se trata de demostrar el agradecimiento que sentimos por estas tierras al abrirnos un abanico de oportunidades para comenzar de nuevo y diciendo en un lenguaje sinfónico, que entre una cueca y un tambor hay más relación de lo que pudiéramos imaginar” comentó Simón Arias, compositor de la obra.

Durante la velada, la Fundación destacó que este aniversario marca un hito importante, ya quepor primera vez su espectáculo logró alcanzar, no sólo el apoyo, sino los auspicios de diversas organizaciones como: la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), El Espacio Fundación Telefónica, el Centro Cultural Lo Prado, la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI), Antulab, GABB Productions, Unique Media Film, Afrocosta, Papelón Sabroso, el liceo El Portal de la Cisterna y el destacado Orfeón de Carabineros.

“Estaba muy contenta al saber que venía a este concierto ya que, para mí, la música es ese elemento que nos transporta a nuestras ciudades, a nuestros recuerdos, a nuestras familias, a nuestros amores. La música es eso que nos traspasa, nos atraviesa, nos integra y a pesar de las diferencias culturales o de idioma, nos hace sentir en casa”. Así lo definió Delfina Lawson,
representante de la ACNUR.

Para Ana Vanessa Marvez, fundadora y presidente de la fundación, estos dos años de mucho esfuerzo le han brindado a la comunidad de músicos migrantes grandes satisfacciones y reiterando su compromiso de seguir creando los espacios de unión, rescate y reencuentro para todos los músicos académicos extranjeros radicados en el país.

“Siento que el tiempo ha pasado demasiado rápido y que nos faltan muchas cosas por hacer, pero al mismo tiempo miro para los lados y veo que en dos años hemos hecho bastante. Hoy, somos 5 Núcleos de formación infantil, una Orquesta Sinfónica, un Coro Polifónico, varios ensambles, lazos institucionales, buenos amigos y una hermosa familia musical. Por eso, agradezco a todas las personas que nos han apoyado y al talento de todos nuestros músicos, sin ellos nada de esto habría sido posible” afirma Marvez.

Este año, luego de consolidar a las agrupaciones, los espacios educativos solidarios que llaman «núcleos» y su figura jurídica, la fundación y su equipo expresan que están concentrado todos sus esfuerzos en la búsqueda de recursos, financiamientos y lazos institucionales que profundicen el impacto del proyecto y que generen la estabilidad necesaria para los casi 200 músicos y más de 150 alumnos que la integran.

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