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La primera vigilia venezolana en Belgrado.

Primera Vigilia Mundial por Venezuela, realizada en Belgrado, Serbia para protestar por el reciente apagón que originó un caos indescriptible y numerosos muertos.

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Por: José A. García

Aunque vivo en Madrid, visito Belgrado lo más que puedo. Me encanta esa ciudad, no es la más bonita ni la más glamorosa pero es auténtica. Esta última vez se celebraba la Vigilia Mundial por Venezuela, actividad organizada en 200 ciudades para protestar por el reciente apagón que originó un caos indescriptible y numerosos muertos.

Quería colaborar de alguna manera. Pero me enfrentaba a varios obstáculos:

Hay pocos venezolanos en Belgrado, aunque es un pueblo amable y abierto la burocracia complica la inmigración. Ya me veía solo, en el medio de la ciudad, portando una pancarta y la vela.

La protesta 1 od 5 miliona o Jedan od pet miliona (Uno entre cinco millones) contra las políticas “autoritarias” del presidente de Serbia, Aleksandar Vucic quien hizo un comentario acerca de las últimas manifestaciones, asegurando que «aunque saliesen cinco millones a la calle» no cederá ante las peticiones de la oposición: una reforma electoral y más libertad de prensa. Desde enero la gente sale a protestar todos los sábados “para llegar” a los 5 millones y demostrar su descontento, una actividad de ese calibre le restaría relevancia mediática a una vigilia.

Desconocía la normativa municipal sobre permisos a reuniones y manifestaciones. En España hay que pedir una autorización a Delegación de Gobierno, con al menos una semana de antelación para una reunión de más de 20 personas. ¿Me estaba jugando un número para pasar una noche en una jefatura serbia?

El exorbitante apoyo del Gobierno serbio al régimen de Maduro. De hecho, la primera semana de marzo había ratificado a su embajador Danilo Pantovic ante este último. El pasado comunista de Yugolasvia y su “socialismo autogestionario” coincidía con los lineamientos del “socialismo del siglo XXI” del finado comandante galáctico además del odio al imperio gringo. Amén de los millones invertidos en su plataforma comunicacional que ponían a la Venezuela revolucionaria como un edén Latinoamericano. Así que cualquier exyugoslavo adulto que se respete admira ese pasticho ideológico. Pero el serbio puede llegar a ser “efusivo” cuando lo contradicen, ya no sólo podía ganarme una visita a la comisaría sino un “tatequieto” bien dado.

GUÁRAMO BELGRAZOLANO

Primero conocí a la diseñadora y luego a la arquitecto. Ambas están casadas con serbios. Típicas venezolanas, dulces, atentas, resueltas y resolutivas, “echadas pa’ lante”. Hablamos lo típico: “¿Cuánto tiempo llevas fuera de Venezuela, cómo consigues la harina para las arepas, cómo haces las hallacas?” Luego pasamos al catálogo obligatorio que todo emigrante hace como ejercicio catalizador de nuestro exilio, lo bueno y lo malo del país y su gente. Afortunadamente son más los aspectos positivos que los negativos. Y finalmente toqué el tema de la vigilia. En 5 minutos estaba arreglado: Pancartas, velas, convocatoria de gente (la arquitecto), afiche, convocatoria de medios (este servidor).

El sábado amanecí inquieto. La experiencia de haber organizado protestas y performances en Madrid apenas me valía para esta ciudad. El punto de reunión era la Fuente Delijska, en frente del Instituto Cervantes, en la calle Knez Mihailova o calle del Príncipe Miguel, la principal arteria peatonal de Belgrado. La marcha “1 entre 5 millones” empezaba a la misma hora que nuestra vigilia y a escasos metros, todas las calles cercanas estaban cerradas, el tráfico muy complicado. Había mucha policía.

EL “TITO” ARREAZA

Jorge Arreaza es el canciller de Venezuela, que causalmente, estaba de visita en Belgrado el día de la Vigilia. Se reunió en el Parlamento serbio justo esa mañana.

Tito fue el presidente de la antigua Yugoslavia. Hay un museo dedicado a su figura y un mausoleo, La Casa de las Flores. El canciller tenía previsto ofrecerle una ofrenda durante la tarde. Me debatía entre ir y hacerle varios comentarios o ir a la fuente. ¿Me daría tiempo de ir, decirle lo que se merecía, sortear la vigilancia policial e ir corriendo a encender mi vela?

En España se usa Tito como diminutivo cariñoso de tío.

Decidí ir a la vigilia y dedicarle este juego simple de palabras al canciller, que es lo que se merece, por ahora. Empezó a llegar la gente. No sólo éramos venezolanos, había gente de Ecuador, Perú, Argentina, México y hasta un independentista catalán. Más tarde llegaron chilenos y un par de serbios que estaban en la marcha de los millones. Y por supuesto “los parejos”. Me enteré que había que pedir un permiso 5 días antes para reuniones mayores a 20 personas.

La actividad transcurrió sin sobresaltos ni complicaciones. Sólo una señora se confundió con el mensaje, me dijo, con lágrimas en los ojos: “¿Esto es por Venezuela? Siempre rezo por Maduro y el comandante, espero que tu país salga bien de ésta”. Otra mujer se encaró con la chica de Ecuador pero sin mayor problema. De resto, mucha gente se acercó a preguntar, tomaron fotos y videos.

Lo más conmovedor fue un niño de unos 10 años que venía con su abuelo. Vi como el mayor le explicaba, pausadamente, lo que estábamos haciendo. “Él quiere saber cómo puede ayudar”, me dijo el abuelo. Se me salió una lágrima. En ese momento, antes apenas lo había intuído, comprendí que mis inquietudes eran necedades. No pasaría la noche en la comisaría, ningún exyugoslavo me pegaría y sobre todo, no estábamos solos. La comunidad venezolana era pequeña pero se reforzaba con la presencia latinoamericana y serbia, en un momento llegué a contar 20 personas. “Así nos puedes ayudar”, le dije mientras le encendía una vela y se la llevaba. Yo estaba emocionado y lo dije allí. Lo agradecí allí y lo hago de nuevo por aquí, fue maravilloso ver la solidaridad, la colaboración y la entrega. Del lado latinoamericano y del lado serbio. “Nuestro grupo es pequeño pero potente”, me dijo la arquitecto. Como había previsto, no se apareció ningún medio aunque mandé decenas de convocatorias ¡pero vino la gente! Me sentí bien, conmovido, alegre. No se había realizado una actividad de protesta anteriormente pero no será la última.

La primera vigilia en Belgrado no sólo arrojó luz sobre la difícil situación que vive nuestro país sino que me descubrió un camino repleto de nuevos corazones. Gracias de nuevo.

Texto: José A. García

Fotografías: Boris Novotni 

 

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