Lun. Abr 12th, 2021

México es un abrazo

Conoce la historia de Emilia Erker, sicóloga y maestra venezolana residente en Monterrey, México desde el año 2018

Diáspora Venezolana.- De niña, cuando tocaba el piano, Emilia soñaba con estudiar música en Alemania y convertirse en una afamada compositora de renombre mundial que viviría dando conciertos por diferentes países.

Llegada la adolescencia la sicología irrumpió con creces en su vida y el sueño se transformó, aún quería estudiar fuera del país y conocer otras culturas pero su deseo era convertirse ahora en psicoanalista.

“Yo quería irme a estudiar afuera, pero mis padres y en especial mi mamá me dijeron tajantemente que no. Quizás porque soy hija única y tenían un fuerte instinto protector les daba miedo dejarme ir tan joven, pero de todos modos me ayudaron a completar mi sueño de manera parcial y con su apoyo pude estudiar sicología en la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo”

En 2003 cuando cursaba los últimos semestres de su carrera, fue víctima de un secuestro express junto a una amiga a quienes querían robarle su carro y ese fue el detonante para tomar la decisión de emigrar en cuanto tuviese la oportunidad.

“Al principio yo quería irme a Quebec en Canadá, pero todo el rollo que había para obtener el visado me hizo pensar en otras opciones y fue así como me enteré de un Máster en Sicología Clínica y de Salud en la Universidad Complutense de Madrid. Apliqué aunque sin muchas esperanzas y para mi sorpresa quedé seleccionada. Era mayo de 2005”.

En Venezuela inició el proceso para obtener la visa de estudiante, pero las trabas burocráticas le impidieron tener la visa a tiempo y decidió emprender el viaje hacia España sin tener la visa y con la esperanzada de resolver su estatus legal una vez pisara suelo español.

Luego de un año en España, logró realizar cerca de la la mitad del Máster, pero no pudo regularizar su estatus y después de asesorarse con diversos organismos, entre ellos la Cruz Roja española, decide volver a Venezuela para pedir nuevamente la visa de estudiante, la cual conseguiría tres meses después.

Al volver a España retomó sus estudios en el Máster y en la etapa final del mismo, su gran desempeño le permitió optar a una beca trabajo en la clínica de la Universidad como terapista, que es la rama que le apasiona y donde estuvo por varios años.

“Esos años se volvieron complicados por la crisis económica que atravesó España y también tuve muchas dificultades para renovar mi residencia así que decidí volver a Venezuela de manera temporal y con la idea de irme nuevamente en cuanto tuviese la oportunidad”. 

Al poco tiempo de llegar a Venezuela ejerció como profesora invitada en La Universidad del Zulia (LUZ) por espacio de un año, al mismo tiempo que ejerció el activismo por los derechos de la mujer y el colectivo LGTBI a través de talleres y charlas dedicados a personas que hubiesen sido víctimas de violencia, pero la politización de estos espacios hizo que poco a poco se fuera alejando de los mismos.

A finales de 2013 hace un cambio en su carrera profesional y empieza a dar clases de inglés en la reconocida academia Berlitz de Maracaibo donde estuvo trabajando hasta emigrar nuevamente del país a raíz de una oferta laboral que le hicieron a su esposo en la ciudad de Monterrey, México.

“Yo ya estaba valorando la opción de irnos a Colombia por una posibilidad laboral que podía tener, pero cuando surgió la opción de México nos decidimos sin dudarlo, ya que en parte siempre quise conocer México. En Madrid hice muchos amigos mexicanos y en mis planes estaba conocer ese gran país”

Al llegar a México quedó fascinada con la gente, la cultura, la comida, la naturaleza y en tan solo dos semanas consiguió trabajo como maestra de inglés en una escuela, en la cual ha dado clases a niños de entre 5 y 6 años, de primaria y este último año también de secundaria.

 

“En Madrid me fue muy bien y no me puedo quejar del trato que me dieron, pero el regio (el gentilicio de Monterrey) es absolutamente acogedor. Estés donde estes, en el mercado, en el camión, en la plaza, en la calle su trato es cálido y amable. México es para mi un abrazo y en seis años que viví en Madrid jamás sentí eso”

Se emociona de manera particular cuando habla de sus estudiantes y confiesa que la han conmovido en más de una ocasión cuando han tenido detalles especiales con ella.

“En una ocasión les enseñaba el significado de bandera (flag) en inglés y uno de ellos al entenderlo me dibujo la bandera de Venezuela en lugar de la mexicana y me la regaló, eso me hizo llorar de la emoción y en general cada vez que me recuerdan algo del país me conmueven. Ellos dicen que les encanta tener una Miss (que es como le dicen en México a las maestras) venezolana.”

En Diciembre de 2019 y después de hablarlo muchas veces, finalmente logró convencer a sus padres de dejar Venezuela e irse a vivir con ella, ya que la situación en Maracaibo había empeorado dramáticamente en el Zulia con la carestía, ausencia de combustible y los apagones que duraban semanas.

“Ellos están bastantes contentos y adaptados. Mi papá a pesar del clima que en ocasiones puede ser muy frío lo ha llevado de muy buena manera. Mi mamá sale con frecuencia a caminar y eso era algo que en Venezuela ya había dejado de hacer.  Ambos se encuentran agradecidos y sorprendidos con la amabilidad de la gente.”

Cuando hablamos de Venezuela su perspectiva como sicóloga se hace presente y nos comenta que después de lo que hemos vivido en los últimos años en Venezuela, nuestra sociedad esta profundamente afectada y con un daño que afectará al menos a dos generaciones más.

“Yo no sabría ni por dónde comenzar. Sé que habría que organizar talleres, charlas, actividades dirigidas y personalizadas, pero será una labor titánica que ya ha comenzado dentro y fuera de Venezuela. Actualmente, hay muchas redes de apoyo de sicólogos venezolanos que brindan apoyo a los venezolanos que dentro y fuera de Venezuela sufren depresión por la situación del país”.

Al preguntarle sobre Venezuela y un posible regreso no lo descarta, pero no es una posibilidad en la que  piensa. Espera si que la situación cambie para mejor y no porque ello contribuya a su regreso, sino porque la gente que quedó allá merece vivir mejor de lo que viven ahora.

“Cuando pienso en sí volvería me encuentro con la realidad de que no me queda prácticamente nadie en Venezuela. Mi familia y mis amigos  están casi toda fuera del país  y si me devuelvo estaría muy sola. Sería como volver a emigrar”

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