Sáb. Sep 26th, 2020

«Nunca pensé en llegar a ser un cantante de ópera»

En Módena, ciudad al norte de Italia en la región de Emilia – Romaña, hay un restaurante llamado “Pepa L’ Arepa”. En él se habla español venezolano, se toma Polar y sobre todo se disfruta de la gastronomía venezolana gracias a la iniciativa de unas valencianas que lo han convertido en un punto de reunión para la diáspora. Entre sus clientes habituales destaca Reinaldo Droz, un joven de 29 años quien con su prodigiosa voz cautiva los escenarios del viejo continente.

Diáspora Venezolana.- La vida de Reinaldo Droz cambió radicalmente en el verano de 2017 al presentarse a una audición en la Ópera de Roma para optar a una plaza en La Fábrica, Opera Studio, donde participaron más de 800 cantantes.

“Sentí que lo había hecho muy bien, pero los resultados de la audición tardarían un mes en ser publicados así que mi manager me consiguió la oportunidad de presentarme a otra audición, pero esta vez para unas clases magistrales en Bulgaria dictadas por la soprano Raina Kabaivanska” recuerda Reinaldo.

Kabaivanska es una de las mas grandes cantantes líricas del mundo y,  en esa convocatoria, cerca de 300 cantantes se presentaron para optar a la enseñanza. Solo 12 resultaron elegidos.

“Al escucharme cantar me dijo que nos veríamos al día siguiente y yo quedé sorprendido. Tuve que buscar una habitación para alquilar por un mes que era el tiempo que duraba la enseñanza y me venía muy bien, porque aparte de aprender me servía para esperar la respuesta de la audición en Roma” comenta Reinaldo.

Las clases fueron intensas y profundamente enriquecedoras. Un concierto el 24 de septiembre ante el exigente público del Teatro de la Opera de Bulgaria fue el cierre de esa gran aventura que todavía le deparaba una sorpresa más. 

Su notable desempeño le hizo acreedor de una beca para proseguir sus estudios de ópera en Modena y después de analizarlo brevemente la aceptó, dejando a un lado el resultado de audición previa en Roma.

 

En Venezuela, Reinaldo estudió por dos años en el conservatorio Simón Bolívar, siendo su primer profesor de canto lírico Idwer Alvarez, quien le resaltó sus atributos para la ópera.

Sin embargo, su carrera musical comenzó como cantante de pop, llegando a lanzar algunos sencillos que le dieron un éxito relativo en Venezuela y Colombia, lo que parecía dejar atrás su coqueteo con la música de ópera.

Llegó a Italia con estatus de estudiante. Tuvo que aprender el idioma ya que no hablaba nada de italiano. Sin embargo, manejaba el inglés, lo que le ayudó a comunicarse en las primeras semanas. “Algunas personas asocian mi apellido a orígenes europeos, pero la verdad es que soy más criollo que la arepa. Al principio cuando no entendía algo en italiano apelaba al Duolingo y si no preguntaba todas las veces que hiciera falta” 

Módena es una ciudad con una intensa vida social ya que, aparte de ser turística, es ciudad universitaria. No obstante, el norte de Italia es, actualmente, una de las regiones mas castigadas del mundo por la pandemia del COVID19. Por tanto las clases, conciertos y actividades públicas se encuentran suspendidas.

“Solo podemos salir al balcón o la terraza. Las compras podemos hacerla s solamente en el supermercado más cercano a nuestra vivienda. La policía está en vigilancia permanente, incluso con helicópteros que sobrevuelan. Es como vivir en la novela 1984 de George Orwell”

Este tiempo detenido le ha servido para estudiar y disfrutar de sus cantantes favoritos, entre los que destacan cuatro venezolanos: Rubén Domínguez, Alfredo Sadel, José Luis Rodríguez y Gualberto Ibarreto.

Para este año, Reinaldo tenía en agenda cantar un Réquiem de Verdi en Finlandia y además regresar a Venezuela para cantar el Requiém de Leoncavallo, pero ambos planes están “suspendidos hasta nuevo aviso”

Como uno de los momentos mas emotivos que haya vivido fuera de Venezuela, recuerda la vez que interpretó “El alma llanera” al final de un concierto en Bulgaria.

“La verdad es que, aunque me gusta mucho la canción, nunca me había conmovido tan profundamente como ese día. La orquesta la toco a petición mía. Tuve que pedir la partitura con los arreglos a la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Los ensayos fueron algo accidentados porque los músicos no estaban acostumbrados a ese tipo de música, pero yo me encargué de explicarles. El día del concierto, cuando cerrábamos y escuché los acordes iniciales, la emoción me embargó. La gente aplaudía, se lo estaban pasando en grande y terminé con un Do de pecho que maravilló al público”

A Venezuela suele viajar con frecuencia por compromisos laborales y por visitar su familia. Sin embargo, echa de menos a sus amigos que ya no están allá y que hoy forman parte de la diáspora venezolana.

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