En la tierra del olvido, octubre de 2023
Mis pechochas,
Se que les sorprenderá que les escriba, pero con el pasar de los años me he atrevido a hacer cosas que la Karina de hace unos años no hubiese sido capaz de hacer.
Aquí llueve, como es costumbre en esta época del año, y espero a que escampe para poder ir al trabajo. La verdad nunca he sido muy amante de la lluvia y menos cuando toca salir de casa. Digo casa, aunque vivo en un apartamento o como dicen aquí, en un piso y por primera vez vivo sola después de tantos años.
¿Saben? La lluvia de aquí no es como la de Venezuela. La de aquí es fina pero constante. De esas que empampa casi sin darse uno cuenta y puede durar varias horas o incluso días acompañada de fuertes brisas. La de Venezuela, no sé si la recuerdan, era intensa y no solía durar tanto tiempo porque la brisa se solía llevar las nubes a otras partes, supongo que por estar en el trópico.
La brisa, es decir, el viento, es muy diferente en el trópico al de estas tierras.
Allá, el viento tiene la particularidad de ser cálido, aunque presagie lluvia y el de aquí suele ser más frío, aunque no anuncie tempestad.
Sin embargo, aunque son diferentes, cuando aquí sopla fuerte el viento y me pega de lleno en alguna calle, cierro los ojos y me transporto a Venezuela, en particular a Maracay, a la casa de ustedes -que no era casa sino apartamento- donde vivían junto a sus padres.
Se que no tengo buena memoria, pero el viento hace una especie de conexión mágica en mi cabeza y me muestra con claridad algunos recuerdos que viví junto a ustedes cuando las visitaba.
Es un pequeño instante, pero veo con nitidez algún día cuando les cociné, en otro momento veo un día cuando jugaba con ustedes, en otro cuando veíamos televisión, en otro cuando compartíamos en la piscina e incluso alguna vez he visto cuando fuimos a hacer la compra y compramos de todo, menos de los que nos hacía falta porque simplemente no había ¡Bendita escasez!
No recuerdo quien lo decía, pero quizás los migrantes lo que echamos de menos son precisamente esos pequeños detalles que a veces pasan desapercibidos en el día a día para quien no ha tenido que dejar su tierra.
En mi caso, lo que me duele es tener esa ausencia de momentos con ustedes. Haber perdido la posibilidad de seguir construyendo recuerdos comunes. Sentirme alejada y extrañada de ustedes. Tener ese vacío en el alma.

No quiero que me malinterpreten. Se que teníamos que irnos de Venezuela. No había otra elección para intentar tener un mejor porvenir, pero lamentablemente el destino nos llevó a tierras diferentes y la vida fue creciendo en ustedes y en mí.
Pienso que el vacío nunca se llena, pero la vida crece alrededor.
No sé si sea algo esperanzador, pero al menos me permite seguir adelante con lo bueno y con lo malo, con lo que pudo ser y no fue, con lo que el viento me dejó.
Les quiere con toda el alma, su tía Karina.





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