Emigrar es solo una palabra, es solo un paso.

Por: Rolando Hurtado Cobos

Hace 4 años, exactamente hoy, comenzó mi aventura en Tulsa, Oklahoma. Si. La misma de chandler en friends. Junto a mi esposa he crecido como padre y esposo. Hemos crecido como familia. Mi hija es una hermosa gimnasta de 9 años que no hablaba inglés y hoy es una de las mejores de su clase. Mi hijo Nicolás Matias tiene 5, ya casi seis, cuando llegamos no hablaba español y ahora también  habla inglés. Su lengua materna se la enseñamos en casa. Está en kindergarten. Es por mucho El Niño mas inteligente que he conocido. Es taekwondista; aunque el insiste cada día en convertirse en piloto de karting.

Emigrar es solo una palabra. Es solo un paso. Es algo necesario en situaciones de riesgo. Mi esposa es maestra. Es maestra líder en un programa de educación temprana. Es fantástica e inteligente. Ya comenzó a cursar un master en educación. Emigrar es complicado a veces, pero es más difícil cuando no sueltas aquello que dejaste. De Venezuela no extraño lugares, no extraño comida. Extraño situaciones, amigos, familia. Soltar el la parte más importante. Desligarse es vital.

Yo soy comunicador social egresado de la Universidad de Los Andes (ULA). Soy redactor deportivo. He escrito para medios regionales y nacionales ( tomando como referencia Venezuela). Curse Seis cursos de un magister en la Complutense de Madrid. Hoy manejo montacargas en una petrolera. Hoy soy Material Handler Senior en una multinacional americana. Hoy conozco el proceso de ensamble de unidades para procesar petróleo y gas natural. Se como fabricar las tuberías y como taquearlas. Emigrar es fácil cuando tienes las ganas. Hoy después de 4 años y muchos millas recorridas en USA, estoy convencido que falta mucho por vivir y conocer.

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El potencial humano es incalculable. Solo tienes que explotarlo. No puedes sentarte en tu silla a esperar que el explote por ti. Saludos a todos. La foto es una de las unidades que fabricamos. En la otra gráfica Yo.

Solo les quería contar un poquito de mi experiencia.

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Votes o te abstengas, hoy pierde Venezuela.

Por: Alfonzo Iannucci

Votar o no votar nunca ha sido realmente la cuestión.

Si el día de hoy usted se abstiene o va a votar no tiene ninguna importancia. Su acto no será reflejado en el sistema. Los resultados nada tienen que ver con la voluntad del elector.

La dictadura chavista ha construido desde 2004 una maquinaria perfecta que le permite manejar los resultados a su conveniencia. Desde entonces, ninguna “elección” ha sido transparente.

Es verdad que la dictadura ha obtenido algunas “derrotas” en algunas ocasiones, como la de la reforma constitucional en 2007 y la de la asamblea nacional en 2015, pero en ambas ocasiones, dichas “derrotas” sirvieron de manera oportuna para dar una “esperanza” a la población y al mismo tiempo de mejorar su mecanismo de fraude.

Este año, la dictadura alcanzó su nivel óptimo de fraude. A tal punto, que todos los candidatos en disputa son chavistas. Todos los rectores del CNE son chavistas. La empresa que cuenta los votos es 100% chavista (GIS XXI de Jesse Chacón) y la observación internacional, encabezada por el nefasto Zapatero es 100% chavista.

Es decir, es imposible la derrota del chavismo. Lo de hoy es solo un simulacro de elección.

El enemigo nunca ha sido Maduro, el enemigo es el chavismo. Un sistema político que ha impregnado toda nuestra sociedad y abarca a gran parte de la “oposición” oficial.

Una oposición que se ha equivocado tantas veces y de manera tan grotesca que es imposible creer que no sea de manera deliberada. A la fecha, por ejemplo, uno no sabe que opina Capriles sobre el evento de hoy. Si apoya el voto o la abstención.

No podemos obviar tampoco los asesores de la “oposición” oficial, que se han equivocado en cualquier estrategia y que atacan como hienas a cualquier ciudadano que de manera legítima crítica a unos líderes de barro.

“Oposición” oficial que siempre ha sido el verdadero trapo rojo. Ha sido la gran distracción para que la sociedad no vea la magnitud del peligro que significaba dejar seguir el chavismo en el poder.

“Oposición” que llamaba a Chávez demócrata, que defiende el legado de Chávez, que nos impuso candidatos presidenciales como Arias Cárdenas y Manuel Rosales, que invitó y se sentó en una mesa de diálogo presidida por Zapatero, pero que hoy milagrosamente descubre que es un agente de la dictadura y da muestras tibias de arrojo y coraje solo porque sabe que será desplazada de su rol de “oposición” oficial, por la “oposición” Falcón.

Ojalá que la farsa del día de hoy sirva para despertar la conciencia ciudadana y que entendamos realmente que la lucha no es contra un individuo, sino contra todo un sistema político que debe ser reemplazado para obtener la libertad.

No necesitamos una transición, necesitamos una ruptura con toda la actual clase política y económica.

P.D. Como antes de cada evento ofrezco mi pronóstico, no de las elecciones sino de los resultados que ofrecerá el CNE. Sin ninguna sorpresa Maduro será el “vencedor”. Falcón reconocerá la derrota aunque le echará la culpa a la abstención, al mismo tiempo dirá que hubo desequilibrio en la campaña, dirá que en muchos centros hubo evidencia de “alteraciones” y que es hora del diálogo por el bien del país.

@alfonzoiannucci

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El día que te vas de Venezuela

Por: Gianni Mastrangioli Salazar

Cuando llega la tan esperada mañana, suena el despertador. Tú estás allí, acostado en la cama, cubriéndote la cara con la cobija para que nadie se dé cuenta de que estás despierto. Legañas de pensamientos: La graduación de universidad que no pudo ser; el cumpleaños de la abuela que quedó por celebrarse; las idas al cine pendientes; las cervezas con tus amigos que no lograron destaparse. La ventana del cuarto donde yaces aún está cerrada. 

Acostado, oyes las voces de tus familiares que caminan, esperándote para desayunar. Conversas contigo mismo. ¿Será que me levanto?, ¿qué les digo?, ¿qué les prometo? Irse es una sentencia triste que condena nuestras aspiraciones de permanecer unidos. Es, con la cabeza aún bajo la almohada, nuestra inauguración como emigrantes, calculadores. ¿Qué hora será en Venezuela? ¿Ya habrán comido? ¿Se habrán levantado? ¿Cuánta diferencia es que hay?

Partir es una matemática constante; la urgencia de recortar distancias y de reducir esa estrechez que impide el movimiento libre entre quienes nos queremos. Emigrantes, cuan impacientes somos. Inquietos, aprestados a reflexionar en qué medida se da esta determinación del ser por el tiempo. 

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Los venezolanos somos personas que hemos aprendido a valorar y conocer nuestras raíces a través de los desaguisados políticos, del ensayo y error… de la vanidad en el despilfarro.

Experimentamos un proceso de humildad forzada que nos impulsa a digerir los hechos en la crudeza; cuestión que implica, de igual modo, el reconocimiento de nuestros defectos colectivos. Diría Yo, que es algo así como una “pubertad nacional”, en aras de la construcción de ese sistema que, a futuro, permitirá que no estemos cubriéndonos con la cobija. Embargados por la pena.

“Está listo el desayuno. Se te va a enfriar. Mira que hay moscas”. Respiras profundo, abres la puerta y sales.

En la mesa: Arepas tostadas con cicatrices de budare, queso rallado, café guayoyo, aguacate y mantequilla. Una despedida culinaria planificada por el esfuerzo de quienes, con los ojos llorones, se pararon para cocinar la cantidad acostumbrada, por última vez. Tu abuela que montó el agua en la olla, pensando si volverás a verla viva. Tu mamá que amasó la masa preguntándose porqué en este país los hijos sufren como si ellos fuesen las madres. Tu hermano que se fue a buscar el refresco en el carro mientras caía en cuenta que, ahora, las responsabilidades directas de la casa serán suyas. “Sírvete más. ¿Te hacemos perico? Échale más relleno, mira que en el extranjero no encontrarás esa vaina”.

La primera vez que me marché de Venezuela, decidimos ir por allí para tomar y cantar y bailar y olvidar que éramos (somos) infelizmente felices. La Churuata del Conejo, Guatire. Once de la noche. Diciembre del 2015. Mi papá pidió una botella de ron y una ración de tequeños. El lugar fue tomando ese ambiente discotequero de trópico pueblerino y por ende nos paramos a gozar de la salsa. En plena faena de movimientos, el cantante de la música en vivo paró la rumba y dijo:

*Me acaban de decir que aquí, entre nosotros, hay alguien se irá del país muy pronto -al parecer, para la época, todavía la diáspora era cosa de suposiciones-. Sus padres quieren dedicarle una canción para que no se olvide de lo mucho que lo aman. Que la disfrutes.

El tipo se aclaró la garganta y de inmediato conocí esas frases de niño, de cuando nos reuníamos en navidad o después del cañonazo. Era Rubén Blades con su olor a miau y a perfume, recalcándonos que, en el subdesarrollo, todo lo que baja sube. Cantábamos con la saliva confundiéndose con las lágrimas, en un “…cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia/por más problemas que existan/dentro en tu casa, por más que/creas que tu amor es causa perdida/ten la seguridad de que ellos te quieren/y que ese cariño dura toda la vida/cuanto control y cuanto amor/tiene que haber en una casa/mucho control y mucho amor/para enfrentar a la desgracia…”.

Familia es familia, y cariño es cariño. “Amor y control”, tremendo clásico de la amargura. Me lo meto en los audífonos cada vez que, en un autobús por Londres, la soledad se pone agresiva. Transcurrida la noche, pasamos del karaoke a la imitación de personajes. Hubo alguien de Juan Gabriel que, mierda, hizo una presentación impecable. Pieza tras pieza, retrocedíamos a la época de canales a bonotes y antenas de gancho; a la película con cinta marrón y a los teléfonos con señales analógicas. Una época que yo no viví por ser de los noventa pero que tengo presente gracias al relato del hogar. Episodios donde todos “éramos felices y no lo sabíamos”, que hoy en día no es sino la promesa que se infunde en la generación que se alza. La Venezuela que fuimos y lo que debemos volver a ser. Tal cual. La experiencia borrosa de una estabilidad ya impensada y que es necesario no dejar de lado, manteniéndola vigente en la consciencia del niño que actualmente mendiga comida en Sabana Grande. Que escucha tiros. Que tiene al papá asesinado.

Aquel que el socialismo le violó las esperanzas.

Aquel que nunca vio en persona las cuñas navideñas, los especiales de RCTV, las hallacas sobrantes del primero de enero, los uniformes nuevos para el año escolar que entra.

Aquel venezolano que no sabe de democracia.

Nuestro Juan Gabriel de tapa amarilla cantó repertorios como ese que dice “te lo pido por favor”. Mi mamá lo vociferaba a tal punto que supuse iba a quedar ronca. Ella estaba al otro extremo de la pista, señalándome con el dedo mientras la canción tarareaba “…pero no me dejes nunca, nunca, nunca, nunca…”. Suena el despertador nuevamente. No sabes cuándo volverás. Semanas antes de partir, me tomé un trago con “tutiri y mundache”, como si hubiera querido grabar en mi mente la curvatura de sus narices, las arrugas debajo de sus ojos y el brillo de sus almas. La mirada triste de una despedida que nadie desea. Me invadió la manía de la observancia; es decir, de la contemplación de los detalles más mínimos.

Pero, en fin, se desayuna. Nadie deja que friegues los platos, si bien tú eras el flojo por no hacerlo. Sucede que estás a punto de irte de tu casa, y en ese momento nuestros errores se reconocen como la peculiaridad de nuestra ausencia. Eso que se extrañará transcurridas las horas.

*Ya es tiempo de que vayamos cogiendo camino. Pa’ Maiquetía se forma cola.

Allí la respiración se paraliza y la verdad te coñacea por la espalda como si estuviésemos hablando de un lumbago. De repente, todo desaparece del apartamento y comienzas a visualizar aquello que será, a partir de ahora, la sombra de tu puesto vacío. Reuniones venideras de unos parientes rotos e incompletos. Los inmigrantes creemos en las cosas del destino. Te montas en el carro. Para mí, el trayecto es de Guarenas a La Guaira, atravesando Caracas por la Cota Mil. No sé por qué pero el asiento de la ventana se me reserva siempre. Necesito reencontrarme con la ciudad que se queda sufriente, con las calles abandonadas por unos acontecimientos que jamás ocurrirán.

Venir a Venezuela es renacer en el llanto, en el cuestionamiento de las circunstancias de contexto. Apago el despertador. Todavía no me he quitado la cobija de la cara; sin embargo, el escenario que me espera continuará siendo el Juan Gabriel que delira emborrachado, el Rubén Blades latino que saca lo bonito de las desilusiones y la ventana oscura con las persianas abajo, tal como nos queda el corazón una vez que despegamos.

  • Bendición.

  • Dios te bendiga. Me avisas cuando llegues.

@MastranGianni

(Fotografía de la Esnogota Online)

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EL ARTE DE NINA DOTTI CONTRA LOS PELIGROS DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI EN COLOMBIA

La artista venezolana Nina Dotti está presente en la colectiva “PAS” de la Galería Christopher Paschall sXXI de Bogotá con su personaje Miss Wynwood y su campaña “políticamente incorrecta” contra Gustavo Petro y Nicolás Maduro 

MARINELLYS TREMAMUNNO

“¡Salvando a Venezuela, salvaremos a Colombia!”, expresó Miss Wynwood, dejando claro que el Socialismo del Siglo XXI implementado en Venezuela ha originado miseria y el éxodo en masas de los venezolanos. Pero “el peligro está a la vuelta de la esquina, Colombia también podría caer en la trampa con Gustavo Petro. No permitas que el Socialismo del Siglo XXI entre en tu país”, advirtió.

Estas palabras de Miss Wynwood están presentes en la instalación multimedia de la artista venezolana Nina Dotti y que forma parte de la exposición colectiva PAS, abierta al público en la Galería Christopher Paschall sXXI de Bogotá hasta el 20 de mayo, para celebrar los 18 años de trayectoria de este mágico espacio ubicado el suroriente del barrio La Candelaria de la capital colombiana.

Miss Wynwood es un performance que Nina Dotti inició en Art Basel en el año 2014, en donde representa una carismática miss que decidió lanzarse al ruedo político contra Donald Trump y que, simbólicamente, estuvo a punto de ser la primera mujer presidente de los Estados Unidos, pero no pudo por ser venezolana. Y en la colectiva PAS se presenta con una nueva campaña “políticamente incorrecta” para mostrar, a través del arte contemporáneo y la ironía, los peligros que implican los personajes Nicolás Maduro y Gustavo Petro.

“Creemos una forma de gobierno lejos de los preceptos dictatoriales, populistas y del Socialismo del Siglo XXI, que han fracasado en especial en Venezuela y que ahora amenazan a nuestra hermana Colombia”, asegura Miss Wynwood en su manifiesto. Léelo completo aquí.

La propuesta de Nina Dotti incluye una serie fotográfica, esculturas en impresión 3D, un video, una instalación de aguas, tres collages, posters políticos, material POP y una publicación editada por la propia artista que recoge la experiencia de sus performances participativos bajo la figura de Miss Wynwood desde el año 2014. La exposición cuenta además con el auspicio de Arts Connection Foundation.

Pero Miss Wynwood no es la única propuesta controvertida de la colectiva PAS. Están presentes las obras de Cacerolo (Emerson Cáceres), que critica a los presidentes de Colombia, y la obra de Nadin Ospina que incide en los estereotipos deformantes que desde fuera se aplican a Colombia y que contaminan la visión del mundo. Asimismo, participan Fernando Arias, Luis Fernando Bohórquez, Carolina Convers, Johnston Foster, José García, Sair García, Joel Grossman, Camilo Matiz, Alejandro de Narváez, Alejandro Ospina, Gastón Ugalde, Gustavo Vejarano y Esteban Villa, entre otros. Todos artistas vinculados al promotor cultural Christopher Paschall y a este maravilloso espacio de más de 1.400 m2, que “presenta una visión contemporánea de lo que realmente está pasando en el mundo y en las artes plásticas en Bogotá”, explicó su dueño y creador Christopher Paschall.

 

Sobre Arts Connection. La Fundación, con sede al sur de la Florida, es esencialmente una plataforma múltiple que establece enfoques alternativos para el desarrollo humano cultural y sostenible. Arts Connection trabaja apoyando principalmente el desarrollo de nuevos trabajos de artistas e investigadores latinoamericanos.

Para mayor información visitar: http://www.artsconnectionfoundation.org/en/home/

¿Es mejor emigrar solo o en compañía?

Por: José Miguel

Yo salí de Venezuela hace 3 años. Mientras estaba por allá en 2013 y 2014 -que ya sabía que tenía que salir porque sí- siempre fui cerrado: no me quise enamorar, no me quise encariñar más con amigos y dije:

“Si voy a emigrar, lo haré solo para que nadie me estorbe”.

Y así hice.

Lo mismo hice con mi familia: ante la pregunta de mis hermanos de si me iba o no, hacia dónde y cuándo, yo no solía responder. Yo entre mí decía: “sálvese quien pueda”.

Ese pensamiento era totalmente sin maldad, más bien era con dolor: dolor de tener que irme sin querer hacerlo.

Yo desde muy joven soy un grandísimo ermitaño: me llevo bien con la soledad aunque esta a veces me haga odiarme un poco.

Pero si mal no recuerdo, por allá en 2014-2015 antes de salir del país, hablé sobre cómo la izquierda destruía la identidad y a la familia.

Hoy día sigo siendo un ermitaño, así que supongo que he dejado que la izquierda “me gane” en ese sentido, porque ellos -para poder controlar a los individuos- nos dejan sin identidad y destruyen la institución de la familia.

El famoso “divide y vencerás” latente diariamente.

Lo cierto es que -desde que estoy solo aquí en Miami- trato de ver patrones en común de los inmigrantes, y escucho los cuentos de mi papá @lperezv por teléfono sobre cómo él veía a italianos y portugueses llegar a Venezuela en busca de refugio.

Tengo mi propia teoría de esto…

Yo llegué a Miami y lo que menos hice fue: tratar de buscar refugio en la comunidad más venezolana: El Doral, mejor conocida como Doralzuela.

No, yo -en cambio- me quedé en Este, donde la comunidad es -más bien- variada.

Yo venía con una -bien manipulada- idea en mi cabeza de que “Venezolano = Malo”. Ni me juzgo a mi ni juzgo a los que piensan hoy día así; pues la izquierda hizo su trabajo a la perfección: DIVIDIRNOS.

El socialismo corrompió cualquier “buen pensamiento” sobre el ser venezolano.

El comunismo -mis panas- busca con mucho ahínco el quebrar la identidad de las comunidades y desintegrar la familia. ¿Por qué? Es la lucha de dos principios:

“En la unión está la fuerza” vs “Divide y vencerás”.

El socialismo necesita el segundo para imponerse.

El principio de “en la unión está la fuerza” puede sonar “colectivista”, pero en realidad nada tiene que ver con esa perversión comunista.

“En la unión está la fuerza” es el principio que mueve a las familias, lo que las hace fuertes. Las familias más unidas llegan más lejos.

La razón por la cual el socialismo trata de desintegrar cualquier tipo de unión, es porque -aislados- los seres humanos nos sentimos indefensos; incapaces de luchar con cualquier cosa que parezca más grande que nosotros.

Así funciona el “divide y vencerás” de la izquierda.

¿Quieren un ejemplo?

En la comodidad de su privacidad, pregúntese a sí mismo, ahí, solo, si usted se cree capaz de pelear contra el monstruo que controla a Venezuela. Su respuesta será: No.

Ahora vaya y conspire en pandilla, para que vea que creerá posible el que ustedes ganen.

Yo he ido explorando Miami poco a poco. Ya son 3 años, pues.

Miami -como todas las ciudades del mundo” está formada por comunidades: la cubana, la argentina, la rusa, la judía, la brasileña, la venezolana, la colombiana, la mexicana, la de negros, y pare usted de contar.

Cuando una persona emigra y llega a un lugar que no conoce en busca de la comunidad a la que se siente que pertenece, NO LO HACE POR FLOJO la mayoría de las veces: lo hace porque es lo natural; porque “venezolano” es igual a “familia”, o “colombiano”, o “cubano”.

Funciona igual.

Yo -por ejemplo- vivo en un área de Miami donde prevalece la comunidad argentina. Pues bien, los argentinos llegan aquí, consiguen trabajo más rápido y aprenden a entender el sistema desde su propia comunidad.

¡ES LO SABIO. ES EL MEJOR TRAMPOLÍN!

Los venezolanos que llegan al Doral buscan lo mismo. Los Rusos que llegan a Sunny Isles también. Los judíos que llegan a Surfside y Bal Harbor, también. Los cubanos que llegan a Little Havanna y Kendal, también.

¡ES NATURAL, ES INTELIGENTE!

Emigrar es una decisión que se toma más fácil en familia y que se vive de forma más llevadera en comunidad. Al ermitaño le cuesta más -en la mayoría de los casos- y lo digo con propiedad porque yo soy ermitaño.

Además, hay otra variable del permanecer en familia. Voy…

Cuando permaneces en familia, unidos -o entre amigos- significa que GANASTE UNA DE LAS BATALLAS CONTRA LA IZQUIERDA: no te dividieron, y si no lo hicieron, están más lejos de ganar la guerra.

Recuerden: la izquierda divide, para vencer. Si no te dejas, vas ganando.

Yo desde aquí, desde mi soledad bien personal, he visto cómo la gente que conozco que ha salido de Venezuela -y que lo han hecho unidos- han sido los que más rápido han sacado del país a sus seres queridos.

Repito: “en la unión está la fuerza”, y la familia es unión y fuerza.

Quienes hemos salido solos -en mayoría- pasamos más días de la semana preguntándonos si volveremos a ver a nuestros amigos, a nuestros padres, a nuestros hermanos.

El ermitaño se empieza a acostumbrar a eso, y no lo sabe, pero es señal de que la izquierda le va ganando.

Así que -mis panas- para no hacer este cuento largo:

La próxima vez que ustedes critiquen -o sean criticados- por buscar refugio dentro de su propia comunidad, señalados como “fracasados” o “flojos”, recuerden: Si lo hacen bien, ustedes estarán ganando la batalla a la izquierda.

Y no con esto digo que los ermitaños seamos unos perdedores, o que quienes viven en comunidad -y buscan su regocijo- sean más sabios y les vaya a ir mejor; pero presten atención a los patrones sociales, porque de seguro les son de más ayuda de la que se imaginan.

Entonces, ¿Se debe emigrar en equipo o por cuenta propia?

Hágalo como quiera, pero no menosprecie el poder de la unión y de las comunidades. Pueden ser el trampolín que necesitas para pasar de “nada” a “mucho” en un tiempo razonable.

Fuente: Hilo de Twitter.

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Cuando te veo hermano venezolano.

Por: Verónica Olivieri 

Te veo a los ojos y te descubro. Te identifico. Te siento parte de mi aunque te desconozco. No sé tu nombre ni tu el mío y aún así, de la mirada fija en tus pupilas, rescato un poco de mi dentro de ti. Hay pedazos de mi vida en tu vida, de mis raíz en tu raíz.

No decimos nada. Pero nos reconocemos enseguida. No nos hablamos pero se refleja una leve sonrisa en nuestros rostros porque tú también has descubierto lo mismo en mí. En mis ojos. En mi ser. En la esencia que ambos vamos brotando por la piel y que nos grita desde adentro que tu y yo somos lo mismo. Que somos uno.

Te encuentro en el vagón del metro. En la estación del tren. En las escaleras de algún lugar, en la mesa de un restaurant, en algún pasaje de aquella inmensa ciudad de lobos donde el objetivo siempre es cazar.

Este lugar donde debes competir por rugir para que hacerte respetar. Te veo mirar hacia los lados como desprotegido, como indefenso. Como lo que realmente estás. Es allí donde mi alma te regala una sonrisa para hacerte sentir que no estás sólo en esta inmesidad. Que ya he pasado por lo mismo, que hay más como tu que hemos venido a pelear y que veo en tus ojos esas ansias de luchar. El hambre por el bienestar; el tuyo y el de tu familia que se quedó en tu hogar. Y cuando te veo así, desorientado, cuando no sabes para donde ir, yo comienzo a rugir para que tu levantes tu frente y sepas clavarte al suelo y pararte firme donde estás. Saca tu pecho, es momento de afrontar la realidad.

Vamos, campeón, somos miles en esta batalla. Yo también me he sentido igual. Hay veces donde solo provoca claudicar pero no es tiempo para descansar. Nos tocó guerrear. Tu mirada me dice que eres mi hermano y hay un poco de mi en ese andar. Venimos los dos de aquella tierra donde nos criaron para pelear. Cuenta conmigo y no estés sólo; mientras seas Venezolano, en mi vida tienes un lugar.

@VerónikOlivieri

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Visite Venezuela, tres años y dos meses después de emigrar y esto fue lo que viví.

Por: Gustavo Contreras

Después de tres años y dos meses sin ir a Venezuela, fui a pasar mis 15 días de vacaciones con mi familia en San Cristóbal y en los siguientes tweets les voy a contar algunas cosas que vi:

  • Las personas pagan a contrabandistas de medicamentos por cosas básicas que no se consiguen.
  • Alguien con cáncer que necesite radioterapias debe irse de San Cristóbal porque la única máquina que aún funcionaba no sirve desde hace seis meses. Los destinos más cercanos para el tratamiento son Maracaibo (público) y Araure (privado).
  • En Corposalud trabajan de lunes a jueves porque no es rentable para los empleados de esta institución pública asistir a su trabajo los cinco días hábiles, ya que el pasaje de transporte público supera el sueldo.
  • Conseguir pollo en San Cristóbal es casi imposible. Su consumo es un verdadero lujo.
  • Los colegios se están quedando sin profesores, quienes forman parte del éxodo, y, en el mejor de los casos, tienen que recurrir a padres profesionales para impartir materias como matemática, literatura, biología, etc.
  • Después de las 7 de la noche no se ven personas caminando en la calle. O te mueves en carro o pides un taxi (si consigues).
  • El límite máximo de dinero (10mil Bs) que se puede sacar de un cajero automático no alcanza ni para comprar una Maltín Polar de 350 ml.
  • Como los billetes del “nuevo cono monetario” son una joya, hay personas que te ofrecen el doble de su valor por transferencia bancaria. Nadie usa efectivo porque nadie tiene. Todo se hace de forma electrónica.
  • Los negocios del Sambil San Cristóbal empiezan a cerrar a las 6 de la tarde para que sus empleados puedan agarrar las últimas unidades de transporte público hacia sus casas. Los negocios que sobreviven, muchos cerraron.
  • En el Puente Internacional Simón Bolívar hay una cola interminable y diaria de personas saliendo hacia Colombia (destino final o punto de partida hacia otros países). Nadie entra a Venezuela.
  • La Cruz Roja colombiana ofrece 72 horas de alojamiento, primeros auxilios, dos llamadas telefónicas por persona y acceso a internet a los migrantes venezolanos.
  • Hay personas que, una vez que llegan al puente fronterizo y escuchan los precios (en USD) de los pasajes por tierra hasta los distintos países sudamericanos, deliberan con sus acompañantes y deciden su destino.
  • Nada de esto me lo contaron, ni lo Vi en CNN, ni me lo pasaron las tías desocupadas por Whatsapp, ni lo leí en el Facebook de

Fuente: Hilo de Twitter.

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Evento solidario en Madrid de “Una Medicina para Venezuela”

Fuente: Una medicina para Venezuela

La solidaridad de los venezolanos en el exterior sigue imponiéndose, para ayudar a los nacionales que siguen en el país, a pesar de la emergencia humanitaria. Este fue el caso del evento solidario “Una Medicina para Venezuela realizado el domingo 25 de marzo, en el C.C. Torrijos en el barrio madrileño de Goya, se llevo a cabo el gran evento solidario del proyecto de ayuda humanitaria “Una Medicina para Venezuela” perteneciente a la Asociación Española Venezolana por la Democracia (ASEVED).

El evento se desarrolló desde las 13:00h hasta las 20:00h, con una primera parte institucional en la que se presentaron los resultados del proyecto desde su creación en 2016. También hubo presentaciones de otras ONGs aliadas como Centros Fe, Alegría y Amor, el Foro Penal Venezolano y COLEGAS Confederación Española LGBTI, con quien se firmó un convenio de colaboración para ayudar al envío a Venezuela de material preventivo en salud sexual y medicamentos antirretrovirales para tratar el VIH.

Posteriormente en la parte cultural y de entretenimiento se presentó el libro “Ánima” de la escritora hispano-venezolana Mylai Lima, luego la maga venezolana Dania Díaz cautivó al público con un número de magia y finalizaron este bloque los youtubers venezolanos Chiquicool , Gustavo Capiello y Marco Antonio.

Durante la actividad se recogieron 26 cajas de donativos que recibirán los nacionales en Venezuela como parte del programa humanitario que realizan la Coalición de organizaciones por el derecho a la salud y la vida (Codevida) y Acción Solidaria, que hasta el momento ha distribuido 38 toneladas desde junio de 2016.

Finalmente en el bloque musical se presentaron diversos artistas venezolanos empezando por el violinista Simón Rondón, el grupo Somos Venezuela SVM, los cantantes Danny Quesada y Pedro Crespo y para cerrar con broche de oro el cantante y tamborero Carlos Talez que hizo bailar a gran parte del público.

Desde ASEVED y UNA MEDICINA PARA VENEZUELA quieren agradecer todos los apoyos recibidos, empezando por el equipo de voluntarios incondicionales de Una Medicina para Venezuela pero también de manera especial a varias celebridades venezolanas en España como la presentadora Ivonne Reyes, quien asistió personalmente, al embajador del proyecto, el cantante Carlos Baute, al cantautor Franco de Vita así como también al cantante español Bertín Osborne, al Actor Francisco Leon. También extienden su agradecimiento a Alegría Producciones por su colaboración.

 

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Gustos y disgustos de un exilio

Por: Davy Noguera

Me gusta levantarme temprano y salir a correr por el bosque bajo la lluvia, sentir cómo la ropa se moja y se vuelve pesada mientras me muevo, y regresar a casa caminando casi sin aliento.

Me gusta escuchar mi propia respiración y los crujidos de mis huesos cuando me estiro. Y ver a la gente que usa paraguas y viste gabardinas batallar contra el viento para no mojarse.

Me gusta el olor a tierra removida que impregna la casa luego de que ha dejado de llover y tomar algún té caliente con mi esposa sentados en la terraza y hablarle de mis planes para algún libro que he querido escribir siempre pero que nunca escribo.Y reconocer en sus ojos la ternura que se le obsequia a los niños que sueñan con ser astronautas.

Me gusta la voz de nuestro hijo que nos interrumpe para proponer algún juego de fantasía con la frase tú eres galleta y yo soy chocolate. Y alzarlo entre mis brazos y decirle que el chocolate me gusta mucho y jugar a que me lo como mientras él ríe a carcajadas y pregunta en un castellano moteado de palabras alemanas si sabe rico.

Me gusta saber que no estoy solo a pesar mi exilio. Que puedo cerrar los ojos y sentir el Mar Caribe mojándome los pies y el sonido de las palmeras cargadas de cocos e imaginar las caras de mis viejos amigos sonriéndome desde lejos.

Me gusta el recuerdo escondido en el maíz empapado de mantequilla derretida y la carne asada cuyo sabor es el mismo en todas partes, aunque en verdad no lo sea. Y el caluroso abrazo con que me saluda el griego con el que trabajo. La complicidad de su voz cuando me dice que nosotros, los del sur, somos iguales, que es lo mismo que decir te entiendo.

Me gusta mirarme en el espejo, seguir las lineas de mi cara, mis cejas negras y mis ojos oscuros, tocarme el cabello y sonreír pensando parezco una concha de coco o una estopa, y estar contento de ser un mestizo.

No me gustan los largos discursos sobre el futuro, ni la gente que planifica la cena cuando aún no ha terminado de comer el almuerzo. Ni las colas en los mercados o las cajeras que nunca dan los buenos días, o saber que en alguna parte hay personas que prefieren los perros a los niños.

Detesto el olor intenso de los desinfectantes y nunca saber si mi madre me miente cuando hablamos por teléfono. Odio el sabor a cenizas que me queda en la boca después escuchar las noticias en la radio y la imagen de mi país como un terreno al que le pasa por encima una aplanadora.

No me gusta el agua fría de la nevera ni las salsas de espinaca ni tocar el hierro congelado con las manos. Detesto la gente que va al baño y deja la puerta abierta y la autopista que construyeron cerca de donde vivo, justo en el paisaje que se pintaba en mi balcón. No me gustan los días cortos y las noches largas en los que uno entra al trabajo cuando está oscuro y sale cuando ya ha anochecido, ni la pesadez del aire en las aulas cuando se acaba el oxígeno y nadie quiere abrir las ventanas, ni contestar el teléfono o llevar a mi hijo solo al médico por miedo a no comprender una palabra y tirar mi felicidad estúpidamente al caño.

Sobre todo odio las horas en que ando melancólico o desarraigado y olvido que aquí he encontrado un hogar y una familia, y solo pienso en el país de mi infancia como un recuerdo condenado para siempre al olvido.

@DavyNoguera

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¿Qué debes tener en cuenta antes de emigrar a Chile?

Por: Gabriela Turzi

Está de moda emigrar a Chile por la supuesta facilidad que ofrece en términos de visado y gracias a la cantidad de venezolanos que dicen estar dispuestos a tenderle la mano a los paisanos.

Muchos estamos preocupados, y no por motivos superficiales tipo «no me gustan los compatriotas pobres». Nos angustia ver la cantidad de personas que está dando un salto al vacío en un lugar que cada día se hace más complejo.

Abundan las historias de personas que llegan por tierra con 100 dólares en el bolsillo, sin tener cómo pagar un techo y a quienes sus contactos en el país, coloquialmente hablando, les sacan el culo.

Solo tengo que caminar al metro (que está a pocas cuadras de mi casa) para encontrar jóvenes, adultos y ancianos vendiendo dulces, chicha, empanadas, quesos, entre otros, en las calles.

Se me arruga el corazón, porque como me decía una amiga, «no es la abuela de uno, pero uno termina sintiendo que lo es».

En honor a la verdad y tratando de que quienes me leen no sean víctimas del consejo irresponsable de «maric@, lánzate, que aquí resolvemos», les voy a compartir una lista de elementos que hay que tener en cuenta, antes de mudarse a Chile:

  1. La habitación más barata no va a bajar de 200 dólares mensuales (y es una cifra muy optimista), además, hay que tener en cuenta que casi todos piden adicionalmente un mes de depósito. O sea, de entrada debes tener 400 dólares para pagar el techo de un mes.

  2. Ir en metro o bus ida y vuelta, o sea solo 2 viajes, cuesta aproximadamente 3 dólares diarios. Finalmente, 30 viajes al mes son 90 dólares.

  3. En Santiago el invierno es crudo. Aunque las temperaturas no suelen bajar de los – 2 grados, es un frío intenso que hace doler los huesos. En ese sentido, un abrigo cuesta mínimo 20 dolares (en las tiendas de ropa de segunda mano).

Por favor, busquen la historia del haitiano que murió de frío.

  1. La educación no es gratis, así que si tienes hijos, toma ese gasto en cuenta.

  2. La jornada es de 9 horas y legalmente solo están obligados a darte un día libre a la semana. Es decir, ¿quién va a cuidar a los niños?

  3. Los papeles pueden tardar hasta un año en salir y mientras estés ilegal las probabilidades de caer en manos de un explotador sin escrúpulos son bastante altas.

  4. Muchas empresas cumplen con una cuota de extranjeros y debido al alto porcentaje de migración, una cantidad importante ya la tiene cubierta.

  5. El salario mínimo ronda los 450 dólares, pero como comenté antes, al menos 300 se van en techo y transporte.

Sé que Venezuela se transformó en un lugar donde sobrevivir cada día es más difícil para los que menos tienen. Porque seamos honestos (y lo veo en mi Instagram), los ricos siguen siendo ricos y gozan de una comodidad que incluso los disuade de emigrar.

Sin embargo, estar afuera sin apoyo y sin recursos también puede ser una misión suicida.

Piensen bien, analicen con mucho cuidado, reflexionen si quien les ofrece hospedaje es confiable, estudien las posibilidades y las leyes antes de tomar una decisión.

Y la cereza del helado y a lo Game of Thrones, winter is coming, y como decía el famoso graffiti caraqueño, viene arrecho.

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