Sáb. Ene 16th, 2021

¿Cómo les explico que no soy de aquí?

Una reflexión acerca de abrirse paso en el complicado mercado laboral de Brasil.

Por: Elvimar Yamarthee

Una de las cosas más difíciles que me ha tocado desde que emigré ha sido explicarle a la gente que no soy de aquí. No estoy hablando del speech que uso 7 veces al día que va más o menos:

‘‘¿De dónde eres?’’

‘‘De Venezuela’’

‘‘Ahh, Venezuela. ¿Es verdad todo lo que dicen las noticias?’’

‘‘Sí, hasta peor’’

‘‘¿Y por qué no sacan al presidente?’’

*Inserte suspiro de Elvimar, es ilegal hacerle daño a la gente por preguntas estúpidas*

No, no hablo de eso. Hablo de tener que explicar que no tengo las mismas oportunidades o las mismas facilidades que ellos. Es complicado porque yo en mi país tal vez pensaba lo mismo y no siempre es culpa de los ciudadanos de nuestros países de residencia; muchos de ellos nunca han salido ni ven con tanta claridad como nosotros la necesidad de hacerlo.

El año pasado probé suerte en una empresa que abordaba personas en la calle para recaudar ‘‘donaciones’’ para ONGs (todavía saco cuentas y no me dan, así que fue bueno que no durara mucho ahí). El trabajo era 100% comisionado y las comisiones no eran lo suficientemente significativas como para vivir.

Para que tengan una idea, en Brasil, además de tu salario (el mínimo ronda los 200-210 dólares), por ley tienes derecho a un vale alimentación (como nuestra cesta ticket, solo para supermercado o mercados) o vale refeição (vale para comida diaria, puede ser usado en restaurantes o en locales de comida rápida) y a un vale transporte (que dependiendo del trabajo es un valor fijo o te preguntan cuántos trasbordos debes hacer para sacar el cálculo mensual). Fuera de eso, puedes tener seguro de vida, seguro de accidentes, ayuda económica para cursos, comisiones sobre ventas del local (en caso de que tu trabajo no sea directamente en ventas) y otros más.

Por eso, cuando hablamos de sueldos y salarios, nunca consideramos solamente el salario en sí, sino todos los beneficios que vienen con él, porque obviamente un valor mensual es descontado, como tu seguro social y un porcentaje por cada beneficio que recibes. En este trabajo misterioso no pagan absolutamente nada, solo comisiones. Cuando evaluabas el gasto diario de pasajes, comida, más el desgaste físico, créanme que no valía nadita la pena.

En este lugar, al igual que en muchos otros que tienen que ver con comisiones, recibíamos charlas motivacionales todos los días. De hecho, la gota que me hizo renunciar fue una charla del subgerente. Me quise morir después de escuchar que el tipo no iba al baño ni tomaba agua la mayor parte del día porque estaba ‘‘enfocado’’ en hacer ventas y que eso incluso le había causado un problema bastante serio en los riñones. Bueno, muchas gracias, apagan la luz al salir que yo me voy. Creo que ni siquiera terminé la jornada ese día. Ese mismo subgerente era el que el gerente usaba de ejemplo cuando los nuevos preguntábamos cuánto tiempo promedio tardaba una persona en hacer la cantidad de ventas suficientes al menos para llegar a salario mínimo. Recuerdo que sus palabras eran: ‘‘¿ustedes ven a Allan? Allan tardó dos semanas y media en hacer su primera venta y tardó dos meses y medio, casi tres, en comenzar a vivir realmente de lo que ganaba aquí’’.

Dos meses y medio. ¿Se imaginan que le llegue a mi casera ‘‘No, mire, señora Ana, es que todavía no voy a ganar para vivir, me espera dos meses más, por favor’’? Ahí, en ese mismo trabajo, fue donde comencé a ver realmente la dificultad de explicar que no soy de aquí. Porque Allan tiene mamá, tiene papá, tiene hermana, tiene una tía con 5 gatos o un tío mecánico que necesita ayuda los fines de semana. Elvimar no. Elvimar dejó todo botado para venirse a un lugar en el que pasó 3 meses sin entenderle media palabra a nadie. Elvimar tenía un esposo (que qué bueno que ya no) que la podía medio ayudar (porque uno solo trabajando en casa no es chévere), así que no podía darse ese lujo.

Después del trabajo misterioso, vino el trabajo millonario. Un trabajo de comisiones estratosféricas con unas charlas motivacionales más cercanas a la predicación que a otra cosa. Estuve en preparación una semana y me aprendí toda la vida del dueño antes de saber cómo carrizo funcionaba la empresa. Ahí tuve que darme cuenta de que la cosa era medio loca, pero no la quería desestimar tan rápido.

En esta había ayuda de costo, lo que vulgarmente llamaríamos ‘‘la ayudaita hasta que vendáis’’, que consistía en el pago de un pasaje ida y vuelta durante el primer mes. El discurso que debíamos dar para atraer estudiantes a esta escuela de inglés era uno de los más agresivos que vi en mi vida. No solo tenías que demostrarle al otro que eras súper selectivo porque no cualquiera entraba, sino que además tenías que usar todas sus declaraciones en su contra para prácticamente obligarlo a inscribirse. Está bien, el curso era bueno, no cualquiera te ofrecía fluidez en un año y medio, pero la forma de enganchar a la gente nunca me gustó… Eso sacando el hecho de que no tengo la menor idea de cómo vender nada además de mi alma por un boleto para el concierto de mis amados Jonas Brothers.

En algún momento de esta historia, Jesús, mi amigo y compañero de casa, comienza a trabajar en una inmobiliaria. No hay que ser muy inteligente para saber que la comisión de venta de una casa cualquiera es alta, lo suficiente como para cubrir salario y beneficios holgadamente por dos o tres meses. La situación real no es esa, es cuánto tiempo te tardas en llegar a esa venta.

Jesús es una de las personas más echadas pa´lante que he conocido aquí en Brasil. Está solo en Río al igual que yo, con familia dividida a partes iguales entre Venezuela y otro estado de Brasil. Se esforzó como nadie en esa inmobiliaria, se levantaba a las 6am para salir a las 7am y regresaba siempre entre 8pm y 11pm, pero la venta no se daba. Enseñó cuanta casa y apartamento se le atravesó por delante, pero el tiempo seguía corriendo. Hoy renunció porque lo llamaron nuevamente del restaurante que ama con locura y donde se desenvuelve como si siempre hubiese pertenecido ahí.

El que hasta hoy era su gerente casi se cae de la silla cuando supo que su pupilo se estaba yendo. Ya él había querido renunciar antes y lo convencieron de quedarse con ayuda de costo, pero la venta seguía sin darse y hasta yo que no estaba ahí ya estaba histérica. Me recordó tanto al gerente de Allan (Jesús y yo trabajamos juntos en la empresa misteriosa) porque le dijo ‘‘Fulanita estuvo 5 meses sin ninguna venta y ahí está, ya ha hecho varias, todo es cuestión de esfuerzo’’… pero entonces Jesús tenía que recurrir nuevamente al argumento de que Fulanita tiene familia que la mantenga mientras tanto y nosotros no.

Honestamente, uno se cansa de explicar eso, pero me parece que es necesario. En Venezuela era muy extraño conocer gente que viviera alquilada o foráneos que trabajaran para mantenerse, así que es medianamente lógico que nosotros respondiéramos de la misma forma que los brasileros nos responden hoy, pero eso no quiere decir que sea menos frustrante.

Querido ciudadano de cada uno de nuestros países de acogida, apreciamos profundamente tu deseo de ayudarnos a salir adelante y tener trabajos que representen ingresos significativos en nuestras vidas, pero lastimosamente nuestra visión de futuro es muy diferente a la tuya. Nuestro futuro tiene que ver más con el próximo mes que con el próximo año. Pensar de aquí a cinco años es prácticamente una utopía. Puedo pensar en el 30 porque tengo que ir a comprar arroz que se me acabó desde el 20 o en el 5 porque es cuando pago el internet. Nuestras cuentas no paran porque dentro de 3 meses vayamos a recibir un millón. Gracias, pero nuestra familia nos apoya a través de una pantalla y el techo bajo el cual dormimos, la comida que ponemos en nuestra mesa y la ropa que usamos se paga únicamente de nuestro bolsillo.

Así que no, amigo brasilero, no soy de aquí, no tengo familia aquí y la mitad de las veces no tengo ningún hombro sobre el cual llorar, pero si pudiese esperar ese millón con el alquiler pago y la compra hecha, creo que no tendría ningún problema en ir a trabajar todos los días sin recibir un centavo. Aunque, mi visión de futuro desde ayer se expandió solo un poquito porque hice una compra parcelada, lo que quiere decir que desbloqueé los siguientes 12 niveles del juego.

Seguiremos jugando y seguiremos informando.

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