¿A quién no le gusta un pepito?

“¿A quién no le gusta un pepito?”

Un pan de 40 centímetros lleno de pollo y carne, todo blandito y picadito. Cebollas y champiñones caramelizados, huevo y ensalada. ¿Salsas? Las que quieras. ¿Lo quieres? Mr. Pepito lo tiene.

Este restaurante de comida rápida venezolana está ubicado en Tenerife, una de las Islas Canarias de España. Y aunque aún no tiene ni un año abierto al público ya tiene un montón de gente alucinando con sus sabores.

Adelfa Baladí, de 27 años, es quien lleva las riendas del negocio, junto a su esposo José García, de 23 años, y su hermano Raymond, de 35. Todos venezolanos. Hace poco más de un año Adelfa se mudó a la tierra de su abuelo en busca de la tranquilidad que no le podía ofrecer Venezuela. Al verse a punto de ser secuestrada le tocó elegir entre seguir en el país o conservar su vida. Eligió lo segundo y se marchó.

La historia comenzó así: Tras vivir la tragedia de Vargas, se mudó a la Gran Sabana y después a Puerto La Cruz donde conoció a su actual esposo, de Maturín, en la Universidad de Oriente, cuando ambos estudiaban medicina. Raymond, estaba en Londres, donde vivió dos años, hasta que Adelfa llegó a Tenerife y de tanto insistirle logró convencerlo de que trabajara con ella, como socios.

En Venezuela su papá de origen árabe tenía una arepera y un local de comida rápida, por lo que decidieron llevar ese concepto a su nuevo país de residencia. Así nace Mr. Pepito, haciendo alusión con su nombre a esa chuchería que tanto nos gustaba de chamitos. La conexión es automática.

“¿A quién no le gusta un pepito? Nosotros tenemos hamburguesas, perros calientes y pepitos, pero todo tamaño XL” dijo Adelfa, sin pelos en la lengua. Es que sin que lo explique, lo que dice se nota y se siente a leguas.

El olor de la comida llega hasta la puerta y te invita a comer. Los precios no se comparan con la calidad. De solo ver lo que te sirven se te llena el estómago. La música de fondos por ratos te relaja y te activa.

Al entrar te sientes como si te hubieses transportado a la calle del hambre de cualquier rincón de Venezuela. Todo lo que te sirven es grande, hay salsas caseras por montón y el trato, por supuesto, te deja contento y con ganas de volver. Los chistes y los recuerdos de aquel país que dejaste se entremezclan en tan solo segundos.

Si presentas tu cédula de identidad te hacen un descuento en los precios, por lo que los paisanos no pierden oportunidad de tomar este lugar como su punto de encuentro. Sobre todo después de haber salido de rumba y el local permanece abierto hasta las 3:00 am. ¿Mejor? Imposible.

Aunque manifiestan que el camino no ha sido fácil, el grupo de emprendedores, no se arrepiente de haber emigrado, por el contrario, se motiva día a día a crecer como personas sin desprestigiar sus raíces.

“Los venezolanos somos valientes. Emigrar es difícil. No nos vamos porque queremos, nos vamos porque tenemos necesidad de buscar un lugar mejor. Hay que seguir luchando. Yo sigo mi lucha desde afuera”, afirmó quien se identifica como una venezolana 100% y de pura cepa.

Cuando le preguntan si volvería a la tierra que la vio nacer, no trastabilla para decir que sí. “Yo quiero y tengo la esperanza de que mis hijos nazcan en Venezuela”.

Sinaí P.

sinaisinai77@gmail.com

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