Lyon se encuentra en la confluencia de los ríos Ródano y Saona. Una ciudad francesa marcada por la historia, la arquitectura, el arte y una identidad propia que muchas veces queda eclipsada, al menos desde fuera de Francia, por el enorme protagonismo de París.
Pero para Josmari López, Lyon fue precisamente la ciudad que consiguió enamorarla.
Esta venezolana nacida en Cumaná, estado Sucre, llegó a Francia después de haber pasado primero por Caracas, donde estudió Traducción en la Universidad Central de Venezuela. Cuando conversamos con ella estaba a punto de cumplir su primer año viviendo en Lyon y continuaba allí su formación con una especialización en traducción.
Su relación con Francia, sin embargo, había comenzado antes. Ya había visitado el país para realizar un curso y conocía Lyon cuando llegó el momento de decidir dónde establecerse.
—Me parece que es París, pero en versión más pequeña. A nivel de costos y de vida es mucho más económico. Es precioso y me encantó Lyon —cuenta.
Y es ella precisamente quien nos acompaña a descubrirla.
Una ciudad contada por una venezolana
El recorrido comienza frente a uno de los lugares más llamativos de Lyon: el mural dedicado a personajes destacados de la ciudad. Josmari explica que allí aparecen figuras históricas y contemporáneas vinculadas a la identidad lionesa.
Entre ellas están los hermanos Lumière, protagonistas fundamentales de otro de los lugares de nuestra visita.
Llegamos al Instituto Lumière, donde Josmari nos habla del origen del cinematógrafo y de la relación de los hermanos Lumière con la ciudad. Para alguien que llega por primera vez a Lyon, descubrir esa conexión con los primeros años del cine cambia inmediatamente la percepción del lugar.
Pero la vida de Josmari en Francia no transcurre solamente entre monumentos e historia.
También está la Lyon cotidiana.
Los parques, las plazas, los bares cercanos a la universidad, el cine y las numerosas actividades culturales forman parte de una ciudad que ella describe como especialmente verde y llena de opciones para disfrutar del tiempo libre.
En verano, recuerda, prácticamente todos los días podía encontrarse alguna actividad.
Estudiar y vivir en Lyon
Josmari también desmonta la idea de que instalarse en Francia resulte necesariamente sencillo.
Lyon no es una ciudad barata.
Al llegar aparecen numerosos gastos: alojamiento, depósitos, universidad y todos los costes asociados a comenzar una vida desde cero. Sin embargo, considera que una persona que se organiza bien puede desenvolverse.
Su condición de estudiante también le permitió conocer las ayudas y posibilidades disponibles para quienes realizan sus estudios en Francia.
Durante nuestro recorrido llegamos a la universidad, instalada en un edificio que antiguamente funcionó como manufactura de tabaco. Josmari nos cuenta cómo aquel espacio industrial terminó integrándose en la vida universitaria de la ciudad.
Más adelante aparecen el Hôtel de Ville, la Ópera y algunas de las calles comerciales del centro.
—Algo que me encanta de Francia es que a cada esquina hay arte. Siempre hay algún detalle. Solamente hay que abrir los ojos.
Esa frase resume bastante bien la forma en la que Josmari observa la ciudad que eligió para vivir.
Los rincones que cuentan la historia de Lyon
El paseo también nos lleva hacia zonas vinculadas con la historia obrera de Lyon.
Josmari nos muestra antiguos pasadizos entre edificios y explica cómo algunos de estos espacios fueron utilizados posteriormente durante la resistencia en la Segunda Guerra Mundial.
Las escaleras, patios, fachadas y estrechos pasos permiten descubrir una Lyon diferente a la de las grandes avenidas.
Son lugares que forman parte de la memoria de sus antiguos trabajadores y de las luchas por mejorar sus condiciones de vida.
Y precisamente esa mezcla entre historia y cotidianidad parece ser una de las cosas que más atraen a Josmari de la ciudad.
No se trata únicamente de vivir en Francia. Se trata de conocer el lugar al que se ha llegado.
«Si quieres hacer algo, lo puedes hacer»
Para Josmari, emigrar también ha significado descubrir que es posible construir un proyecto lejos de casa.
Ella llegó a Francia siendo venezolana, sin otra nacionalidad, y considera que la motivación y la disposición a cumplir los requisitos necesarios fueron fundamentales para conseguirlo.
—Si quieres hacer algo, lo puedes hacer. Yo me vine siendo venezolana, sin ninguna otra nacionalidad, simplemente con motivación y haciendo las cosas como ellos te lo piden.
Su experiencia tampoco elimina la relación con Venezuela.
Cuando le preguntamos si extraña el país y si algún día volvería, no descarta seguir conociendo otros lugares y otras culturas antes de decidir dónde establecerse definitivamente.
Pero volver a Venezuela, al menos de visita, está entre sus planes.
—Seguramente voy a volver a Venezuela, por lo menos unas cuantas veces.
Antes de despedirnos, deja además un mensaje para su familia, sus amigos y quienes todavía permanecen allí:
—La vida es bella. Aunque en algunos momentos tengamos circunstancias difíciles, siempre hay que mantenerse motivados y luchar por lo que se quiere, porque se puede lograr.
Después de recorrer Lyon con Josmari resulta más fácil comprender por qué esta venezolana de Cumaná encontró allí un nuevo hogar.
Y también por qué, detrás de cada ciudad de la diáspora, existe siempre otra ciudad que continúa viajando con nosotros: aquella de la que venimos.





Deja un comentario