Lyon es mucho más que la ciudad francesa en la que Adriana Pastor decidió establecerse. Para ella representa una nueva vida, una familia y la oportunidad de comenzar de nuevo sin olvidar todo lo que dejó en Venezuela.
Nació en Caracas, creció en Los Pijiguaos, estado Bolívar, y desde los 16 hasta los 24 años vivió en Maracay, donde estudiaba. En 2014 dejó Venezuela y se instaló definitivamente en Francia.
¿La razón que terminó llevándola hasta Lyon?
El amor.
Una historia que comenzó a distancia
Adriana conoció a quien hoy es su esposo cuando ambos eran adolescentes. Ella tenía 14 años y él 15. Se conocieron por internet y durante años mantuvieron una amistad a distancia.
Con el paso del tiempo aquella relación comenzó a cambiar.
En 2011 comprendieron que posiblemente había algo más entre ellos y él tomó la iniciativa: viajó hasta Venezuela para conocerla personalmente.
—Cuando nos vimos en el aeropuerto fue como: “Ya eres tú. Eres tú el amor de mi vida”. Fue algo inexplicable.
Aunque inicialmente contemplaban la posibilidad de construir su vida juntos en Venezuela, diferentes circunstancias terminaron llevándolos en la dirección contraria. Adriana se mudó a Francia y llegó a Lyon, la ciudad de origen de su esposo.
Dos años después de aquella llegada, recorrimos con ella algunos de los lugares que ya formaban parte de su nueva cotidianidad.
Una cita bajo la cola del caballo
Nuestro recorrido comienza en uno de los puntos de encuentro más reconocibles de Lyon: la plaza Bellecour.
Adriana nos explica una de esas pequeñas costumbres que solamente empieza a conocer quien vive realmente en una ciudad.
Cuando los lioneses quieren encontrarse allí, suelen hacerlo “bajo la cola del caballo”, en referencia a la gran estatua ecuestre de Luis XIV situada en el centro de la plaza.
A nuestro alrededor, Lyon está especialmente animada.
Es sábado, hace buen tiempo y la gente aprovecha el verano. Para Adriana, es algo muy característico de la ciudad: durante los meses de sol los lioneses salen, las plazas se llenan y proliferan las actividades.
También abundan los turistas.
Desde Bellecour puede verse, en lo alto, uno de los lugares a los que nos llevará más adelante: la basílica de Notre-Dame de Fourvière.
Mostrar Francia desde la mirada de una venezolana
Durante la conversación aparece también uno de los proyectos personales de Adriana: su canal de YouTube.
La idea surgió al observar que muchas personas interesadas en emigrar a Francia tenían dudas sobre cómo era realmente vivir allí. Otras, sencillamente, sentían curiosidad por la cultura francesa.
Adriana decidió utilizar su propia experiencia para orientarlas y mostrarles el país desde su perspectiva.
Su lema resume bastante bien la filosofía del proyecto:
—No te sientas en casa. Siéntete en Francia.
La integración, para ella, no significa borrar el lugar del que viene. Significa aprender a querer también el lugar que la ha recibido.
Cargar con nuestros propios actos
Continuamos caminando por Lyon hasta llegar al Palacio de Justicia.
Frente al edificio, Adriana quiere enseñarnos una de sus esculturas favoritas. A primera vista parece representar a un hombre cargando a una mujer, pero ella nos explica que el significado que conoce es diferente: se trata de una persona cargándose a sí misma.
Para Adriana, la imagen representa la responsabilidad sobre nuestros propios actos.
Después seguimos hacia la catedral de Saint-Jean y hablamos de otro de los acontecimientos más reconocibles de Lyon: la Fiesta de las Luces, cuando numerosos edificios y espacios de la ciudad se transforman mediante iluminaciones que atraen visitantes de distintos lugares.
Pero todavía queda subir.
Lyon como un renacer
En algún punto del recorrido, Adriana consigue explicar lo que la ciudad significa para ella de una manera que va mucho más allá de la geografía.
—Para mí Lyon es como una nueva vida, una oportunidad. Es como un renacer.
No habla de borrar el pasado.
Al contrario.
Para ella comenzar de nuevo consiste en utilizar todo lo aprendido en Venezuela y trasladarlo a la nueva realidad.
—Es utilizar todo lo que tú aprendiste de tu país, traerlo aquí y dar lo mejor. Dejar a tu país en alto para que otras personas vean que afuera también hay talento, que hay gente que vale, que tenemos valores, que sabemos amar nuestro país y que también podemos amar el lugar que nos recibe con los brazos abiertos.
Lyon ocupa además un lugar especialmente importante en su historia familiar.
Su esposo es lionés y allí nació su hija.
—Desde el momento en que mi hija nació es como que también nació junto a ella una nueva vida, nuevas oportunidades.
La ciudad vista desde Fourvière
Llegamos finalmente a uno de sus lugares favoritos: la basílica de Notre-Dame de Fourvière.
Desde la colina se contempla buena parte de Lyon.
Adriana está enamorada de esa vista y de la ciudad. Ha visitado París y otras localidades francesas, pero su elección sigue siendo la misma.
—Fui a París y dije: “No, definitivamente no es mi estilo. Yo me quedo con Lyon”.
Para ella cada ciudad francesa tiene su belleza, pero Lyon posee algo diferente.
Desde lo alto señala algunos de los lugares por los que hemos pasado. Bellecour queda abajo, la Ópera se distingue a lo lejos y la ciudad se extiende ante nosotros.
Cuando el cielo está despejado, cuenta, incluso puede divisarse el Mont Blanc.
Venezuela sigue estando allí
La vida de Adriana está hoy profundamente vinculada a Francia, pero Venezuela continúa formando parte de ella.
Al terminar el recorrido envía un saludo especialmente emocionado a sus familiares y amigos en Amazonas, Bolívar y Los Pijiguaos.
Agradece también a quienes estuvieron presentes durante su infancia y adolescencia y contribuyeron a formar la persona que es ahora.
—Los quiero mucho y los extraño inmensamente.
Cuando llega la inevitable pregunta sobre un posible regreso definitivo a Venezuela, la respuesta ya no es tan sencilla.
Adriana ama la vida que ha construido en Francia. Su hija nació allí y también tiene sus propias raíces. Por eso no siente que pueda responder todavía si algún día volverá a establecerse permanentemente en Venezuela.
Sí desea, sin embargo, que la situación del país permita visitar con mayor frecuencia junto a su familia.
El futuro dará la respuesta.
Por ahora, Lyon ocupa un lugar que difícilmente podrá desaparecer de su historia.
Allí llegó como venezolana, construyó una familia y descubrió que comenzar otra vida no exige renunciar a la anterior.
Quizás esa sea una de las grandes paradojas de la diáspora: aprender que se puede seguir queriendo profundamente el lugar del que venimos mientras comenzamos, poco a poco, a llamar hogar a otro lugar.





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