En el primer recorrido con Egleé Torres Zuleta conocimos la historia que la llevó desde Venezuela hasta Pamplona y la manera en que una ciudad a la que llegó inicialmente por la salud de su hijo terminó convirtiéndose en su refugio y en una parte fundamental de su identidad.
En este segundo episodio volvemos a caminar con ella por Pamplona, pero descubrimos otra dimensión de su vida en Navarra. Egleé no se ha limitado a reconstruir su propia historia después de emigrar. Buena parte de su tiempo y de sus esfuerzos están dedicados también a mantener un vínculo activo con Venezuela y a organizar iniciativas de ayuda para quienes atraviesan situaciones difíciles.
Nuestro recorrido comienza junto a las murallas de Pamplona y el Camino de Santiago, continúa por algunos de los rincones históricos del casco antiguo y termina entrando en el verdadero centro de operaciones de varios de los proyectos comunitarios en los que participa.
El Camino de Santiago entra en Pamplona
Egleé nos lleva primero hasta el puente de la Magdalena, uno de los lugares por donde los peregrinos del Camino de Santiago entran en Pamplona.
Para quienes llegan caminando desde Francia, este punto tiene un significado especial. Después de kilómetros de recorrido, las murallas anuncian la entrada a una ciudad mucho mayor que las pequeñas localidades encontradas durante las etapas anteriores.
El Portal de Francia conserva todavía esa función simbólica.
Por allí han atravesado la ciudad generaciones de peregrinos y sigue siendo una de las imágenes más reconocibles para quienes recorren el Camino.
Después de años viviendo en Pamplona, Egleé conoce esas rutas, las señalizaciones y los lugares que inicialmente podían haberle resultado ajenos. Su relación con la ciudad se construyó también aprendiendo a leer su historia.
Una venezolana participando en la vida de Navarra
Durante el paseo nos encontramos con una de las personas con las que Egleé había coincidido en un proyecto llamado Arte en Femenino, vinculado al empoderamiento de las mujeres y a la participación social.
La escena permite observar algo que aparece varias veces durante este segundo episodio: Egleé ya no vive Pamplona únicamente desde su condición de inmigrante.
Participa en proyectos locales, conoce personas vinculadas con iniciativas culturales y sociales y se ha incorporado a espacios donde su experiencia como venezolana convive con las preocupaciones de la comunidad que la recibió.
Integrarse, en su caso, no significó abandonar la identidad anterior, sino ampliar los lugares desde los que participa.
Las murallas que protegían la ciudad
Continuamos caminando junto a las murallas de Pamplona, una estructura que permite comprender la antigua importancia militar de la ciudad.
Desde allí Egleé explica cómo los distintos bastiones formaban parte del sistema defensivo y cómo hoy esos mismos espacios tienen una función completamente diferente.
Lo que durante siglos sirvió para impedir la entrada de ejércitos es actualmente lugar de paseo, encuentro y recreación.
Egleé valora especialmente esa capacidad de utilizar el patrimonio como parte de la vida cotidiana.
Las murallas no funcionan simplemente como un monumento que se observa desde lejos. Se puede caminar por ellas, sentarse, estudiar, asistir a conciertos o disfrutar de actividades organizadas por la ciudad.
Ese acceso al espacio público es una de las cosas que más aprecia de Pamplona.
Música y vida sobre las murallas
Durante los meses de mejor tiempo, algunos de estos espacios se transforman en escenarios culturales.
Egleé recuerda conciertos y actividades organizadas alrededor de las murallas, algunas acompañadas incluso por degustaciones gastronómicas.
Lo que le interesa especialmente es que muchas de estas experiencias pueden disfrutarse sin necesidad de gastar demasiado dinero.
Para ella, una de las cualidades de la ciudad está precisamente en la posibilidad de apropiarse de sus espacios públicos.
Puede sentarse a contemplar el paisaje, llevar su propia comida, caminar o participar en actividades sin que cada experiencia esté necesariamente ligada al consumo.
Es una observación sencilla, pero ayuda a explicar por qué después de tantos años Egleé habla de la calidad de vida de Pamplona con tanta convicción.
El Portal de Francia
Volvemos después al Portal de Francia, una de las antiguas entradas de la ciudad amurallada.
Egleé recuerda incluso la recuperación de su mecanismo de cierre y una representación histórica relacionada con la entrada de los Reyes Magos a Pamplona.
Es precisamente esa combinación entre patrimonio y vida contemporánea la que aparece continuamente durante el recorrido.
Las puertas que en otro tiempo servían para proteger la ciudad continúan formando parte de sus celebraciones, mientras los peregrinos del Camino de Santiago siguen atravesándolas cada año.
Pamplona conserva así una relación muy visible con su pasado sin dejar de utilizar esos espacios en el presente.
La Catedral de Santa María la Real
Desde las murallas continuamos hacia el entorno de la Catedral de Santa María la Real.
Allí Egleé vuelve sobre la historia de Carlos III y su esposa, cuyos restos se encuentran en la catedral, y sobre la importancia del edificio dentro de la historia navarra.
También comenta algo que le llamó la atención desde que llegó a España: el pago de entrada en determinadas iglesias que albergan un patrimonio artístico especialmente importante.
Comprende que mantener esas obras y edificios implica gastos considerables, aunque reconoce que, desde su perspectiva como creyente, la idea de pagar para entrar en un templo continúa generándole cierta incomodidad.
Es otro ejemplo de cómo vivir en otro país obliga a enfrentarse constantemente con costumbres que pueden entenderse sin necesidad de compartirlas por completo.
Una casa convertida en centro de operaciones
El recorrido cambia entonces de tono.
Egleé nos lleva hasta su casa.
Allí comprendemos hasta qué punto su vida cotidiana está vinculada con Venezuela.
Carteles, medicamentos, ropa y materiales destinados a diferentes iniciativas ocupan parte del espacio. Lo que podría ser simplemente una vivienda funciona también como lugar de reunión, almacenamiento y organización de proyectos solidarios.
Egleé participa activamente en una asociación de venezolanos en Navarra cuya historia se remonta a una iniciativa creada originalmente para ayudar a Venezuela después de la tragedia de Vargas de 1999.
Años después, una nueva generación de venezolanos decidió reactivar aquella estructura para responder a una realidad diferente.
Una asociación recuperada por una nueva diáspora
La asociación original había sido impulsada por personas con fuertes vínculos entre Navarra y Venezuela, entre ellas españoles que habían vivido durante décadas en nuestro país y posteriormente regresaron a España.
Cuando la situación venezolana volvió a exigir una respuesta organizada, Egleé y otros integrantes de la comunidad decidieron recuperar aquella organización.
No se trataba únicamente de crear algo nuevo.
Había una historia anterior de solidaridad entre ambos países que podía continuar.
El proceso no fue sencillo. Fue necesario localizar documentación, recuperar firmas y reorganizar la estructura.
Pero finalmente consiguieron poner nuevamente en marcha la asociación y comenzaron a desarrollar proyectos relacionados con la situación venezolana.
La Alpargata Solidaria
Uno de esos proyectos tiene un nombre especialmente simbólico: La Alpargata Solidaria.
Egleé buscaba un elemento capaz de representar el vínculo entre Venezuela y España y encontró la respuesta en una prenda que forma parte de la cultura popular de ambos países.
La alpargata llegó a América a través de la influencia española y con el tiempo terminó integrándose también profundamente en la identidad venezolana.
Convertirla en símbolo de un proyecto de solidaridad significaba, de alguna manera, recorrer nuevamente ese camino entre los dos lados del Atlántico.
Las alpargatas se elaboran y venden con el objetivo de recaudar fondos destinados a programas de ayuda humanitaria.
Medicamentos que cruzan el Atlántico
Una parte importante del trabajo consiste en conseguir y enviar medicamentos a personas que los necesitan en Venezuela.
Egleé explica que intentan trabajar directamente con ciudadanos y familias concretas.
Las solicitudes llegan mediante redes sociales y a través de una red de voluntarios que permite identificar necesidades y organizar la distribución.
Con el tiempo consiguieron ampliar esa red dentro de Venezuela, evitando que todas las personas tuvieran que desplazarse hasta Caracas para recibir ayuda.
La logística puede resultar complicada.
Los medicamentos tienen que localizarse, organizarse y trasladarse hasta los lugares donde realmente hacen falta.
Pero detrás de cada paquete existe una persona concreta esperando un tratamiento.
Eso es precisamente lo que Egleé intenta no perder de vista.
Ayudar también a quienes emigraron
La ayuda no se dirige únicamente hacia Venezuela.
Egleé cuenta que también existen venezolanos residentes en España que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Entre ellos menciona a pensionistas y personas mayores que, por diferentes circunstancias, podían encontrarse sin recursos suficientes para cubrir determinados tratamientos.
La emigración no garantiza automáticamente estabilidad económica.
Hay personas que llegan con edades, problemas de salud o circunstancias personales que dificultan comenzar nuevamente.
Por eso la red intenta responder también a algunas de esas necesidades.
No pretende sustituir permanentemente otras formas de asistencia, sino ofrecer apoyo durante momentos especialmente difíciles.
Ropa para niños en Venezuela
Las necesidades que llegan hasta la asociación no se limitan a medicamentos.
Algunas instituciones que trabajan con niños en Venezuela también comenzaron a solicitar ropa y calzado.
Egleé muestra durante el episodio cómo organizan las prendas donadas.
Piden que lleguen limpias y en buen estado y después las clasifican según las edades de los niños antes de preparar los envíos.
Parte de esas donaciones había sido destinada ya a un orfanato en el estado Táchira y estaban preparando nuevas entregas.
La escena resume muy bien la dimensión práctica del trabajo comunitario.
La solidaridad deja de ser una declaración general cuando alguien tiene que clasificar una camiseta, conseguir unos zapatos, preparar una caja o descubrir la forma de hacerla llegar hasta otra ciudad.
Lejos, pero no ausentes
Egleé utiliza una expresión que resume buena parte de su relación con Venezuela: estar lejos no significa estar ausente.
Vive en Pamplona y reconoce que actualmente puede resultar incluso más útil desde fuera que dentro del país.
La distancia le permite organizar redes, buscar recursos, conectar personas y desarrollar proyectos que tienen como destino Venezuela.
Eso modifica también la idea tradicional del emigrante como alguien que simplemente se marcha.
Para Egleé, la diáspora puede convertirse en una red capaz de actuar desde distintos lugares.
Personas que viven en España, otros países europeos o cualquier parte del mundo pueden continuar participando en iniciativas relacionadas con Venezuela sin necesidad de estar físicamente allí.
El Parque Yamaguchi
Después de conocer el trabajo de la asociación, regresamos al recorrido por la ciudad y llegamos hasta el Parque Yamaguchi.
Es uno de esos lugares que muestran otra dimensión de Pamplona.
El parque nació del vínculo entre la ciudad navarra y Yamaguchi, en Japón, y su diseño incorpora vegetación y elementos inspirados en la cultura japonesa.
Egleé lo presenta como un espacio destinado al descanso, el paseo y el encuentro.
Después de recorrer murallas medievales, hablar del Camino de Santiago y entrar en una casa llena de paquetes destinados a Venezuela, terminar en un jardín japonés vuelve a recordar la diversidad que ella valora tanto de Pamplona.
Una ciudad pequeña puede contener historias procedentes de muchos lugares del mundo.
Pamplona y Venezuela dentro de una misma vida
Cuando Egleé llegó a España, quedarse no formaba parte de sus planes.
Su hijo necesitaba tratamiento y las circunstancias terminaron obligándola a construir una vida nueva.
Con los años, Pamplona se convirtió en su refugio.
Pero esa nueva pertenencia nunca significó desconectarse de Venezuela.
En este segundo episodio resulta evidente que buena parte de la vida que construyó en Navarra continúa mirando hacia el país que dejó.
La asociación, las campañas, los medicamentos, la ropa para niños y las actividades de apoyo a la comunidad son distintas formas de mantener ese vínculo.
Pamplona es hoy su casa.
Venezuela continúa siendo una responsabilidad afectiva que se niega a abandonar.
¿Volverías a Venezuela?
Cuando le preguntamos si regresaría a vivir en Venezuela si las circunstancias cambiaran, Egleé recuerda nuevamente que salir nunca fue una decisión que hubiera deseado tomar.
Siempre ha buscado el momento en que regresar pudiera ser posible.
Pero también reconoce que la situación actual modificó su manera de entender esa decisión.
Por ahora siente que puede ser más útil desde fuera.
Su trabajo consiste en crear vínculos entre venezolanos, reunir recursos y apoyar proyectos que puedan tener algún impacto dentro del país.
El regreso, por tanto, no ha desaparecido de su horizonte.
Simplemente ha adquirido otra dimensión.
Antes de volver físicamente, Egleé ya está intentando participar en la Venezuela que espera ayudar a reconstruir.
El papel de la diáspora
Su mensaje final está dirigido precisamente a quienes viven fuera.
Egleé considera que cada venezolano puede contribuir desde sus propias posibilidades.
No todos tienen que participar en una asociación ni desarrollar el mismo tipo de proyectos. La aportación puede surgir desde el conocimiento profesional, el trabajo comunitario, la solidaridad o la capacidad de explicar en otros países lo que ocurre en Venezuela.
Lo importante para ella es comprender que la distancia no tiene por qué convertirse en indiferencia.
La diáspora puede ser también una forma de organización.
Millones de historias individuales repartidas por el mundo pueden convertirse en una red si consiguen encontrar objetivos comunes.
Egleé lleva años intentando construir una pequeña parte de esa red desde Pamplona.
Ver episodio completo
Puedes ver este segundo episodio con Egleé Torres Zuleta recorriendo Pamplona en nuestro canal de YouTube.





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