México, el país de exuberante cultura y gente hermosa era nuestro destino.

Por: Orianna García

El vuelo salió desde Caracas el martes 27 de febrero. Hicimos una escala en Bogotá de un día y medio, por lo que saldríamos al DF durante la noche del miércoles 28 de febrero.

Lo que ocurrió después, fue una de las experiencias más amargas que he experimentado jamás.

Bogotá – Colombia

28 de Febrero 2018

8:00pm

Estaba intentando conectarme al WiFi del aeropuerto El Dorado. Necesitaba avisarle a mi familia que en poco tiempo abordaríamos el avión y que la próxima comunicación que tendríamos sería durante la madrugada, cuando ya estuviéramos en Ciudad de México. Por alguna razón ellos andaban con los nervios de punta. Sobre todo mi mamá (las madres siempre se huelen las cosas) Así que debía reportarme cada vez que tuviera oportunidad.

9:00pm

Escuchaba con atención las instrucciones de las aeromozas cuando una inquietud angustiosa me abrazó.

Mi vida ¿puedes orar por favor? – le pedí a mi esposo – la verdad me siento preocupada.

Tranquila – me dijo él – tenemos hasta la carta de invitación notariada. ¡Deja los nervios!

El avión se detuvo en la pista de despegue y a los pocos segundos ya sentía el vacío en mi estómago mientras éste planeaba en el aire.

México DF

1 de Marzo 2018

1:15am

Mientras hacíamos la fila para pasar migración, puse a la mano todo lo que pudieran pedirnos. Me repetía a mí misma una y otra vez que no había razón para sentirme tensa. Cumplíamos con los requisitos para poder ingresar al país.

Llegó nuestro turno.

1:30am

Pasaportes por favor. Sonreímos mientras los entregábamos.

Empezaron las preguntas rutinarias. Nada del otro mundo. El señor nos regaló una sonrisa que no supe interpretar.

Acompáñeme por acá por favor – nos pidió.

Hice una pausa de desconcierto. Mi corazón empezó a latir con mucha fuerza.

Noté cómo el aspecto del aeropuerto había cambiado abruptamente tras haber pasado una puerta. Habíamos entrado a un lugar desordenado e informal. Miré a las personas que ahí estaban. Di las buenas noches con una sonrisa nerviosa. Nadie contestó.

Nos exigieron que les entregáramos nuestros celulares. Se los dimos. Algo nos dijeron respecto a ellos pero mi sentido auditivo estaba como sordo. Apenas seguía la corriente de lo que nos indicaban.

Nos hicieron pasar a una sala. Había como unas quince personas ahí. A excepción de dos colombianos, todos éramos venezolanos. Sus caras eran de susto y desconcierto. Por sus expresiones supe que, al igual que yo, apenas entendían nada de lo que nos pasaba.

2:00am

Escuché que pronunciaron con energía mi nombre. Suspiré y fui hasta donde supuse que me llamaban.

Una mujer de aspecto descuidado me esperaba. Su trato era tosco, rayando en lo grosero. Le di las buenas noches y le sonreí. No recibí respuesta.

Sus preguntas eran ásperas. Nunca me miró a la cara.  Cuando yo respondía ella me interrumpía alzando su voz como evitando que diera mi explicación. Pude percibir que esa era una batalla en la que ella se daba, así misma, el gusto de ganar.

A los pocos minutos pronunció imponentemente las siguientes palabras: No tienes permitido ingresar a territorio mexicano. Y así sin más, sin siquiera haberme puesto en pie llamó a la siguiente persona.

2:15am

Al rato escuché que pronunciaron el nombre de mi esposo y el mío.

Ya habíamos aceptado el hecho de que no entraríamos a México. Lo habíamos tomado bastante bien. En ese momento sólo queríamos salir de ahí. Llegó el policía, nos miró pero no dijo una sola palabra. Concluimos que debíamos seguirlo cuando empezó a caminar.

Leí un letrero que decía “Salida- Exit” y en ese momento me sentí casi feliz de saberme ida de ese lugar.

Caminamos un pasillo, luego otro pasillo. Entonces noté que el lugar había cambiado de desordenado a horripilante, y ahí sí que entré en pánico.

Nos hicieron subir una escalera de madera, como las que usan los albañiles. Caminamos otro rato más y nos hicieron parar frente a una sucia puerta blanca.

Un policía de ceño fruncido nos recibió. Nos exigió sacar todas las cosas de valor que tuviéramos en nuestro bolso de mano. Lo hicimos. Escribió en una libreta. Nos mostró que nuestros teléfonos celulares se los habían hecho llegar. Los apagó y  metió en un sobre con nuestros nombres. Por último nos indicó que debíamos quitarnos cualquier accesorio de atavío, además de retirar y entregarle las “agujetas” de nuestros zapatos.

El hombre se puso en pie y me señaló una puerta que daba a un cuarto oscuro, mientras que a mi esposo le señalaba otra puerta que daba también a una habitación en penumbras.

Entré ahí. Mis ojos se adaptaban a la oscuridad cuando vi que, dentro de la habitación, había tres mujeres dormidas en un piso forrado de alfombra. Me senté.

Por unos minutos me quedé absorta en la nada. No pensaba. Sólo tenía temor.

3:00am

Escuché que venía de afuera el llanto de una chica. Conocía esa voz. Era una venezolana con la que había compartido antes de abordar el avión a México.

Ella trataba de explicarles que era residente mexicana y que su visa de trabajo estaba al día. Ellos insistían en que no podían hacer nada.

Su llanto era desgarrador. Utilizaba palabras como “se los suplico”, “por favor denme una razón por la que no puedo entrar”, “revisen mis papeles” “déjenme hacer una llamada”. Nunca le explicaron nada, nunca la dejaron hacer la llamada.

En alguna hora de la madrugada

Nos habían quitado el reloj y los teléfonos, así que ya había perdido el sentido del tiempo.

No paró de llegar gente esa madrugada. La gran mayoría: venezolanos.

En el cuarto de chicas todas estábamos desconcertadas. Las más osadas salían y pedían una explicación. Nadie se las daba. Al rato otras se llenaban de valor  y preguntaban hasta cuándo nos tendrían ahí. Nadie respondía.

Escuché que llegaron unas personas. Nos llamaban uno a uno. Al salir del cuarto vi que estaba  un señor con el uniforme de migración y a una chica con expresión amable. Ella me pidió que firmara una hoja. Lo hice. Me atreví a preguntarle cuándo nos podríamos ir. Me dijo sin mayores detalles que mi vuelo salía más tarde. Me sentí feliz.

En alguna hora de la mañana

Con el pasar de las horas supimos que no seríamos devueltos a nuestro país natal sino al país en donde tomamos el avión a México. En mi caso, Colombia.  También nos dimos cuenta que nuestro tiempo de estadía en ese lugar dependía de la aerolínea con la que habíamos viajado. Debíamos esperar el vuelo que ellos programaran.

Nosotros, los primeros en ser rechazados ese día, ya estábamos resignados a esperar. Siempre llegaba gente nueva, asustada e impotente.

En alguna hora de la tarde

Nuestras aerolíneas también eran las encargadas de enviarnos comida. Probé, por primera vez, los tacos mexicanos.

De vez en cuando me asomaba en la puerta, miraba a mi esposo de lejos y nos comunicábamos por señas. No podíamos salir de la habitación.

Llegaron algunas personas de migración para decirnos las horas de nuestros vuelos de regreso. La mayoría salía entre las 4:00pm y las 8:00pm. La gran desazón me llegó cuando nos comunicaron que nuestro vuelo no saldría sino hasta dentro de dos días. A las 1:45am del sábado.

No puedo describir lo que me ocurrió internamente en ese instante.

Unas horas después

Pese a que no había botado una sola lágrima en todo ese tiempo, me sentía ahogada y muy impotente. Quería golpear la pared y maldecir a todos esos mexicanos indolentes. No lo hice.

En el desespero de querer comunicarnos con nuestros familiares se nos ocurrió una idea. Sin que los guardias lo notaran, una de las chicas había conseguido ingresar dentro de su chaqueta un lapicero. El plan era escribir un mensaje a nuestras familias, y aquel que saliera de primero nos haría el favor de enviarlo. Así que como había cámaras dentro de la habitación, entrábamos al baño, tomábamos papel higiénico y ahí escribíamos el mensaje junto con el nombre y número de teléfono de nuestro familiar.

Era mi única esperanza de que mi familia supiera que yo me encontraba bien.

4:00pm

Volvimos a saber la hora cuando una de las chicas se atrevió a revelarnos que tenía un reloj oculto. ¡Era la gloria saber la hora!

Llegaron unas personas y gritaron los nombres de algunas de las chicas que estaban en la habitación, seguido de las palabras “tomen sus cosas ¡rápido! que llegó la hora de su vuelo”. Antes de que ellas se fueran habitación (iban a toda velocidad) les suplicamos que no olvidaran escribirles a nuestras familias apenas tuvieran sus teléfonos. Prometieron que lo harían.

8:00pm

El día había pasado muy lento. Toda la experiencia había sido traumática y agobiante. No habíamos dormido nada.

Me acosté en el piso. Caí rendida.

2 de Marzo 2018

5:00am

Desperté sintiéndome milagrosamente descansada.

Encontré nuevas chicas en la habitación.

3:30pm

A esta altura habían entrado y salido muchas personas de diferentes nacionalidades: brasileños, colombianos, árabes, un chino y una francesa; aunque la mayoría siempre eran venezolanos.

En el caso de las chicas, algunas rompían en llanto, otras gritaban de la rabia. El grupo de “veteranas” ya sabíamos qué hacer: las dejábamos expresar lo que sea que quisieran expresar, guardábamos unos minutos de silencio como acompañándolas en su dolor, y finalmente les explicábamos lo que sabíamos; las consolábamos y al rato se integraban al grupo.

6:00pm

Dos chicas entraron. Luego de unos segundos supimos que se trataba de una colombiana y una venezolana.

La venezolana, Beatriz (quien además es residente panameña) había ido a México a visitar a su hermana mayor. En otras ocasiones ella había entrado sin mayores complicaciones.

Su hermana (residente  mexicana desde hace diez años) le había enviado una carta de invitación. Beatriz demostró por documentos y fotos que decía la verdad; aún así su entrada al país fue negada.

10:00pm

Sonó el teléfono de la oficina. El guardia encargado gritó el nombre de Beatriz y le dijo “tienes una llamada de tu hermana. Tienes cinco minutos para hablar con ella”.

Aunque la llamada estaba en alta voz, poco se podía entender porque en cuanto Beatriz escuchó la voz de su hermana se sumió en un profundo llanto. Las únicas palabras que se alcanzaron a entender entre el sollozo fueron: “Quédate tranquila Beatriz, voy a sacarte de ahí”.

3 de marzo 2018

12:00am

Nuevamente gritaron el nombre de Beatriz. Le dijeron “toma tus cosas y ven con nosotros ¡rápido! que ingresarás al país”.

Aplaudimos celebrando esta noticia. Asumimos que esto había sido obra de su hermana.

A esta hora inició mi cuenta regresiva para mi viaje de regreso a Bogotá.

1:00am

Gritaron mi nombre, el de mi esposo y el de mis otros compañeros.

Di el brinco más eufórico de toda mi vida. Me asomé y dije al guardia “por favor dígame que ya llegó la hora de irnos” el guardia de turno respondió con un “tome sus cosas que ya puede irse”.

1:15am

El trato para delincuentes nunca desapareció mientras estuvimos en territorio mexicano.

Volvimos a pasar unos cuantos procesos de seguridad que para mí fueron eternos. Temía que el avión nos dejara.

Entre pasillo y pasillo el lugar volvió a tener un hermoso esplendor.  Volví a ver caras bonitas, a ver gente con maletas; empecé a sentir el frío del aire acondicionado, y a respirar el olor particular de los aeropuertos.

Debíamos esperar a que todos los pasajeros estuvieran sentados en el avión para que nosotros pudiéramos subir.

Vi cuando le entregaron nuestros pasaportes a una aeromoza y le susurraron alguna información. Ella nos dio una mirada de análisis.

1:45am

El avión finalmente despegó. Al fin veía cómo se alejaba de mí aquella ciudad.

Rompí a llorar.

Bogotá- Colombia

7:00am

Nos hicieron pasar a la oficina de migración. Volvió esa horrible sensación de temor.

¿Por qué le negaron la entrada a México? – me preguntaron

La verdad no lo sé señor-  le respondí con una sonrisa nerviosa.

Luego de que nos hicieran más preguntas, nos indicaron que pasáramos a las taquillas.

Vi cómo ponían el sello de entrada en mi pasaporte y jamás podría describir la sensación de alivio y felicidad que tuve en ese momento. Uno de los trabajadores de ahí nos dijo las palabras más dulces que había escuchado en mucho tiempo: “Llegaron a una nación amiga. Aquí son bienvenidos”. Más lágrimas.

7:30am

¡Al fin había salido de ambas migraciones! Me detuve en medio de un pasillo del aeropuerto sosteniendo mi pasaporte con mucha fuerza (como si temiera a que me fuera arrebatado otra vez).  Mi esposo me rodeó con sus brazos y me dijo las palabras que yo no sabía que necesitada escuchar:

Ya todo terminó. Somos libres otra vez.

@OryGR

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10 comentarios en “México, el país de exuberante cultura y gente hermosa era nuestro destino.

  1. La ley de siembra y cosecha es inexorable; es bíblica: “Todo aquello que el hombre sembrare, eso también segará”. Y aplica para una persona como para una nación entera. Por eso creo que el Muro de D. Trump Sí va. Saludos.

  2. Gracias por vuestros artículos. Son muy interesantes.

    Quisiera saber si han recibido mi e-mail. Les escribí hace uno dos meses, màs o menos. Me presento: mi nombre es Hebe Muñoz, soy venezolana e italiana, vivo en Italia y soy escritora. Mis obras/Pàginas Web/Blog son siempre en edición bilingüe pues escribo contemporaneamente en ambos idiomas, italiano-español.

    En estos momentos estoy por presentar mi próximo libro de poesías dedicado a Venezuela. Me gustaría mucho compartir mi experiencia como diàspora venezolana en esta tierra italica.

    Les invito a visitar mi Pàgina web: http://www.impressioniecertezze.com

    Si lo desean también estàn invitados a “curiosear” mi Pàgina Facebook con el mismo nombre:

    IMPRESSIONI E CERTEZZE.

    Estoy a sus órdenes y les felicito de nuevo por el enorme esfuerzo y la gran pasión con la que llevan adelante este hermoso proyecto #diàsporavenezolana

    Un abrazo con calor venezolano.

    1. Hebe. Si recuerdo haber leído tu correo. Te respondimos también. Claro que cuentas con nuestro apoyo. Tenemos grupo de facebook con el mismo nombre donde puedes publicar desde tu página web. Este fin nos pasamos por tu web. Saludos.

  3. Valido toda esa información, también le sucedió algo parecido a mi sobrino el 4 de noviembre del 2017, ambos salimos con las mismas ilusiones a Ciudad de México, yo con una simple invitación mi pasaporte y mi visa americana, mi sobrino con invitación para entrenamiento de una empresa, con reserva de hoteles y vuelos internos ya que la empresa a donde se dirigía estaba en chihuahua, y con la ilusión de comenzar una nueva vida, y tal cual como lo explica Oriana en su escrito lo deportaron, como el propio delincuente porque asi es que los tratan en migración, puedo decir con toda propiedad que el único país que trata a los inmigrantes como si no fueran seres humanos. Esa Noche del 04 de Noviembre del 2017, 7 venezolanos incluyendo una niña de 3 años fueron devueltos, y regresados a Venezuela entre el Domingo , Lunes y Martes según como vayan saliendo los vuelos. Tus documentos todos te los retiran y hacen responsables a la Linea aérea de la comida, cosa que curiosamente se les olvida indicar y esta gente que es devuelta pasa hambre.
    No voy a entrar en más detalles, pero si quiero decirles y esa noche a mi si me dieron paso, y saben porque ? porque al preguntarme como me sostendría les indique que trabajaba por cuenta propia con gente de USA y que tenia Visa Americana, me exigieron mostrarle las tarjetas que llevaba conmigo, ademas de las entradas que había tenido en el pasado a ese País.
    EL lunes 6 Noviembre realice una denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de México, recibí una respuesta de ellos indicándome que pronto me asignarían un abogado para presentar mi caso, y realizar la denuncia formal, el fin de esto, era hacer un alto a todos estos atropellos, todavía estoy esperando. Por otra vía realice una entrevista con un funcionario de de la ONU de Derechos humanos, están levantando un expediente para denunciar estos atropellos, y necesitan que las personas victimas de esto realicen denuncias, Todos los inmigrantes que han sufrido esto no han denunciado y se necesita que todos entren a la pagina de Derechos Humanos de México y de la ONU en linea puedan apoyar, para que más venezolanos no sufran por esto.
    http://www.cndh.org.mx
    http://www.hchr.org.mx

    Luego de 3 meses de hacer lo posible por recuperarme y por no permitir que estas situaciones que escapan de mis manos me hicieran desistir de mi decisión de hacer un espacio en México, Olvidando y reconociendo la calidad humana del resto de los mexicanos, fue una tortura de 3 meses intentar legalizarse en ese país, buscar empleo . En fin, hoy día me encuentro en Argentina y he realizado en Argentina todos los tramites que México me impidió, hoy solo espero que se cumpla la fecha de la cita para la Obtención del DNI, documento que te acredita a buscar, ofrecer tus servicios profesionales de manera totalmente legal-
    Cualquier duda que tengan y si desean mas información sobre estas acciones con gusto los apoyo. Debemos de alguna manera de acabar con los atropellos de las autoridades de migración Mexicana.
    Feliz tarde, y gracias por la valentía de publicar su historia.

  4. Después andan llorando ellos de porqué el maltrato de los gringos hacia ellos. Ya se están haciendo muy comunes estas historias y hay que llevarlas a la luz pública. Hay que hacerle a la gente saber que los venezolanos están una situación realmente de apremio y no llegan a ese país por placer o porque quieren.

  5. Gente bella espero estén muy bien luego de tanta incertidumbre. Les mando un abrzo después de tanto tiempo sin verlos. Por un momento, al ver el post en Instagram dije: debo verlo, sé que que será importante (no es broma). Pude imaginar cada hecho en la realidad y wow, que impresionante. si, claro que por todo el proceso que tuvieron en esos lugares, pero más sus sensaciones, imagenes, converzaciones con los demás, oraciones etc… Esto en general se torna a tonos más oscuros, pero hay que seguir, uds pudieron y así se hace! Son grandes muchachos, ya el mundo emézó a conocerlos. Gracias por compartir su historia. Cuidense! Bendiciones ;D
    -Andrés Cachutt.
    @cachuttero

  6. Que injusticia que nuestros hermanos venezolanos estén pasando
    Por estas humillaciones en Mexico o en cualquier país, cuando Venezuela siempre ha tratado bien al que allí llega ; y que nadie sale por placer, sinò por necesidad

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