Daniela Guerra llevaba apenas seis meses viviendo en Londres cuando nos encontramos para recorrer la ciudad. Era tiempo suficiente para haberse acostumbrado a algunas cosas, sorprenderse todavía con muchas otras y comenzar a entender que aquella experiencia iba a dejar una huella mucho más profunda que el tiempo que permaneciera en Reino Unido.
Había llegado desde Maracaibo gracias a una beca que le permitió continuar su formación académica en una de las ciudades más internacionales del mundo. Para Daniela, Londres se convirtió rápidamente en un lugar de aprendizaje no solo universitario, sino también personal: una ciudad donde personas de procedencias, culturas y religiones muy distintas comparten diariamente los mismos espacios y obligan a mirar el mundo desde perspectivas diferentes.
Su intención, sin embargo, nunca fue simplemente quedarse fuera de Venezuela. Lo que estaba aprendiendo en Londres tenía para ella un propósito muy concreto: fortalecer el trabajo que había comenzado años antes como defensora de derechos humanos y utilizar esa experiencia allí donde consideraba que más podía hacer falta.
De Maracaibo a una beca en Reino Unido
Daniela es abogada egresada de la Universidad Rafael Urdaneta, en Maracaibo.
Desde 2014 había orientado buena parte de su trayectoria profesional hacia la defensa de los derechos humanos y, al año siguiente, participó junto con otros abogados y voluntarios en la creación de la Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia, CODHEZ.
Ese trabajo terminó abriéndole las puertas a una oportunidad que cambiaría temporalmente el escenario de su vida.
Daniela solicitó una beca Chevening, el programa de becas del Gobierno británico dirigido a profesionales de diferentes países. Durante el período académico 2018-2019 fue seleccionada junto con un pequeño grupo de venezolanos para estudiar en Reino Unido.
La beca valoraba aspectos como el liderazgo, la capacidad de establecer redes y el potencial profesional de los candidatos. En su caso, buena parte de aquella trayectoria estaba vinculada directamente con el trabajo que había desarrollado como defensora de derechos humanos en Venezuela.
Londres como una escuela mucho más grande
Cuando le pregunto qué le parece la ciudad después de seis meses, su entusiasmo resulta evidente.
Londres le fascina especialmente por su diversidad.
En su universidad, cuenta, estudia con personas procedentes de numerosos países y los propios británicos pueden llegar a ser minoría dentro de determinadas aulas.
Ese contacto cotidiano con culturas diferentes terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su experiencia.
Para Daniela, vivir en Londres implica aprender que personas con costumbres, religiones, idiomas y orígenes muy distintos pueden compartir una misma ciudad y adaptarse unas a otras sin necesidad de perder aquello que las identifica.
Ese aprendizaje va mucho más allá de un título universitario.
Es también una manera diferente de entender cómo funciona el mundo.
Una ciudad para caminar
Nuestro recorrido comienza junto al Támesis.
Daniela disfruta especialmente caminando por Londres, algo que contrasta con su experiencia en Maracaibo, una ciudad donde desplazarse a pie durante largas distancias resulta mucho menos habitual.
Desde la ribera del río observa algunos de los grandes símbolos de la capital británica, entre ellos Westminster y buena parte de la arquitectura que ha convertido ese paisaje en una de las imágenes más reconocibles de Londres.
Caminar le permite descubrir la ciudad de otra manera.
No solamente atravesarla para llegar a la universidad o regresar a casa, sino detenerse, observarla y entender poco a poco cómo están conectados sus barrios y sus espacios públicos.
Para alguien que acaba de emigrar, recorrer una ciudad a pie también puede ser una forma de apropiarse lentamente de ella.
Una ciudad construida por gente de todas partes
La comida aparece pronto como otra muestra de la diversidad londinense.
El tradicional fish and chips convive con sabores procedentes de Asia, Oriente Medio, América Latina y prácticamente cualquier otra región del mundo.
Daniela señala incluso cómo algunos platos originarios de otras culturas han terminado incorporándose de tal manera a la vida británica que resulta difícil imaginar Londres sin ellos.
La misma diversidad se observa en las calles y en el transporte público.
Para ella, encontrar a alguien verdaderamente nacido y criado en Londres puede parecer incluso menos habitual que cruzarse con personas que llegaron desde otros lugares.
La inmigración no es una excepción dentro de la ciudad.
Es una de las características que la definen.
Aprender a moverse por Londres
Adaptarse también significa comprender cómo funciona una ciudad enorme.
Daniela utiliza habitualmente el transporte público y, como estudiante, puede acceder a determinadas tarifas reducidas.
Una de las cosas que más la sorprendieron al llegar desde Venezuela fue la normalidad con la que se utilizan los pagos electrónicos y las tarjetas sin contacto para desplazarse.
Después de años viviendo con las dificultades de los sistemas de pago venezolanos, encontrarse con una ciudad donde podía entrar al transporte simplemente acercando una tarjeta representaba un contraste importante.
El transporte londinense no le parece barato, pero sí reconoce que permite desplazarse por una red enorme y conectar distintas zonas de una ciudad donde las distancias pueden ser considerables.
La seguridad vista desde Venezuela
Daniela también habla de seguridad.
Su percepción está inevitablemente condicionada por haber vivido en Venezuela.
Por eso reconoce que sus estándares de comparación pueden ser diferentes.
En términos generales se siente segura caminando por Londres y utilizando el transporte público, aunque sabe que, como ocurre en cualquier gran capital, existen zonas y situaciones en las que conviene mantener precauciones.
También observa aspectos de la vida nocturna británica que inicialmente le resultaron curiosos, especialmente la relación con el alcohol y las escenas que pueden encontrarse en el transporte al terminar la noche.
Son pequeños choques culturales que forman parte del proceso de descubrir cómo funciona una sociedad desde dentro y no simplemente a través de la imagen que se tenía de ella antes de llegar.
Una venezolana que sigue mirando hacia el Zulia
Estudiar en Londres no significó desconectarse de su trabajo en Venezuela.
Daniela continuaba vinculada con CODHEZ y seguía con atención las denuncias relacionadas con derechos humanos dentro del país.
Su mirada tiene además una característica importante: está profundamente marcada por haber trabajado desde el Zulia y no desde Caracas.
Durante nuestra conversación reflexiona sobre el centralismo venezolano y sobre la facilidad con la que determinados acontecimientos reciben atención nacional cuando ocurren en la capital, mientras situaciones igualmente graves en regiones fronterizas, comunidades indígenas o estados alejados del centro político pueden tener mucha menos visibilidad.
Para una defensora de derechos humanos, esa diferencia importa.
No porque unas víctimas sean más importantes que otras, sino precisamente porque deberían recibir la misma atención.
Venezuela también existe lejos de Caracas
Daniela insiste en la necesidad de mirar el país completo.
Habla de situaciones ocurridas en las fronteras, del estado Zulia y de otras regiones donde determinadas vulneraciones pueden permanecer relativamente invisibles para buena parte de la opinión pública nacional.
Desde Londres incluso observa una paradoja: algunos acontecimientos ocurridos en zonas alejadas de Caracas pueden aparecer en medios internacionales mientras siguen teniendo poca repercusión dentro de la propia Venezuela.
Su reflexión va más allá de la cobertura periodística.
Para Daniela, uno de los desafíos futuros del país será también aprender a descentralizar la mirada y reconocer que la realidad venezolana no puede entenderse únicamente desde la capital.
Ese enfoque forma parte de la experiencia profesional que llevó consigo hasta Reino Unido.
Encontrar Venezuela en Londres
Mientras recorremos la ciudad llegamos al Mercato Metropolitano, un espacio donde nuevamente aparece la diversidad gastronómica que tanto llama la atención de Daniela.
Entre comidas procedentes de diferentes lugares del mundo encontramos también un pequeño emprendimiento con sabor venezolano.
Conocemos a Daniel y Ariadna, que habían comenzado un negocio de perros calientes adaptados a un formato gourmet.
La idea surgió después de emigrar y comprender que necesitaban construir una actividad propia. Inicialmente habían pensado en vender hamburguesas, pero encontraron un mercado demasiado competido y decidieron buscar otra alternativa.
Los perros calientes les permitieron combinar sabores venezolanos y latinoamericanos con ingredientes capaces de sorprender a un público británico acostumbrado a una versión mucho más sencilla de este tipo de comida.
Plátano, carne mechada, queso y otros sabores conocidos por cualquier venezolano se convertían allí en algo nuevo para clientes llegados de otras partes del mundo.
Emprender también es llevarse una parte del país
La escena sirve para mostrar otra dimensión de la diáspora.
No todos los venezolanos que llegan a Londres siguen el mismo camino.
Daniela está allí estudiando gracias a una beca y vinculada con los derechos humanos. Otros comienzan emprendimientos gastronómicos, trabajan en diferentes sectores o reconstruyen sus carreras desde lugares que quizás nunca habían imaginado antes de emigrar.
Londres reúne todas esas trayectorias.
Y precisamente por su diversidad puede ofrecer un espacio donde algo profundamente venezolano termina encontrando público entre personas que nunca antes habían probado esos sabores.
Es otra forma de llevar el país consigo sin necesidad de reproducir exactamente la vida que se dejó atrás.
¿Existe discriminación en una ciudad tan diversa?
Durante la conversación aparece también una de las preocupaciones habituales de quienes están pensando en emigrar: la discriminación.
Daniela explica que personalmente no había vivido experiencias de ese tipo durante sus primeros meses en Londres.
Sí conocía casos de otras personas que habían recibido comentarios hostiles por hablar español en lugares públicos, pero su propia experiencia había sido diferente.
Parte de ello puede estar relacionado, según reflexiona, con la propia naturaleza de Londres.
En una ciudad donde conviven personas procedentes de prácticamente todo el mundo resulta difícil establecer una única idea de quién pertenece y quién viene de fuera.
Eso no significa que la discriminación no exista.
Significa que, en la experiencia concreta de Daniela durante aquel período, no había definido su relación con la ciudad.
Londres como una experiencia que deja huella
Cuando Daniela intenta definir Londres aparece una idea especialmente interesante.
No sabe si la ciudad será permanente.
De hecho, considera que muchas de las personas que viven allí tampoco necesariamente la imaginan como el lugar donde permanecerán toda la vida.
Pero eso no reduce su importancia.
Para ella, Londres puede ser temporal y al mismo tiempo dejar una huella permanente.
Los estudios forman parte de ese aprendizaje, pero también las personas conocidas, la convivencia entre culturas, la independencia, las dificultades y la posibilidad de observar el mundo desde un lugar donde casi todas sus diferencias parecen encontrarse.
En apenas seis meses, la ciudad ya había cambiado parte de su manera de mirar.
Aprender fuera para trabajar en Venezuela
El sentido de esa experiencia aparece con claridad al final del episodio.
Daniela no llegó a Londres buscando simplemente escapar de Venezuela.
Llegó para formarse.
Y su intención era utilizar después ese aprendizaje dentro del trabajo que había escogido años antes.
Los derechos humanos continuaban siendo el centro de su proyecto profesional.
Por eso, cuando le preguntamos si volvería a Venezuela si las circunstancias lo permitieran, su respuesta es afirmativa.
Está aprendiendo en Londres precisamente porque quiere aplicar ese conocimiento allí donde considera que puede resultar más necesario.
La ciudad británica representa una oportunidad extraordinaria, pero no necesariamente el destino final.
Maracaibo continúa siendo el punto desde donde comenzó su historia y Venezuela sigue siendo el lugar hacia el que dirige buena parte de sus preocupaciones y proyectos.
Daniela salió para aprender más sobre el mundo.
Y, al menos cuando grabamos este episodio, esperaba que ese aprendizaje pudiera acompañarla algún día de regreso a casa.
Ver episodio completo
Puedes ver el episodio completo con Daniela Guerra recorriendo Londres en nuestro canal de YouTube.





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