¿Cuánto dinero hace falta para vivir en Santiago de Chile?
Para quien está pensando en emigrar, esta suele ser una de las primeras preguntas. Antes de llegar interesa saber cuánto cuesta alquilar una vivienda, hacer la compra, moverse por la ciudad o simplemente salir un fin de semana.
Varios venezolanos residentes en Santiago compartieron sus gastos y explicaron cómo organizaban su presupuesto. Sus experiencias muestran una ciudad donde el coste podía variar mucho según la comuna, el tipo de vivienda y la manera de comprar, pero también donde compartir gastos se convertía en una estrategia importante durante los primeros meses.
Nota: las cantidades mencionadas corresponden a la fecha original de publicación de este artículo y reflejan el coste de vida en Santiago de Chile en aquel momento.
La vivienda depende mucho de la comuna
El alquiler era uno de los gastos que más podía variar.
Según uno de los entrevistados, un apartamento pequeño de una habitación o de un solo ambiente podía encontrarse aproximadamente entre 200.000 y 250.000 pesos chilenos mensuales, dependiendo de la zona, la antigüedad del edificio y sus características.
En edificios más nuevos, con estacionamiento, piscina u otras zonas comunes, el alquiler podía subir hasta aproximadamente 2.000.000 o 2.500.000 pesos, según las cifras mencionadas durante la entrevista.
Otras experiencias mostraban presupuestos más contenidos.
Una de las entrevistadas vivía en un apartamento de dos habitaciones y un baño por unos 320.000 pesos mensuales, mientras que otro grupo compartía una vivienda de tres habitaciones cuyo alquiler rondaba los 450.000 pesos.
Para una persona recién llegada, alquilar únicamente una habitación podía resultar una alternativa mucho más económica. En la entrevista se hablaba de precios de aproximadamente 120.000 a 150.000 pesos mensuales, especialmente en zonas algo más alejadas del centro pero conectadas por metro o autobús.
Compartir vivienda para reducir los primeros gastos
Una de las recomendaciones más repetidas era no intentar vivir solo desde el primer día si el presupuesto todavía era limitado.
Compartir apartamento permitía dividir el alquiler, los gastos comunes y algunos servicios.
Uno de los entrevistados explicaba que en su vivienda convivían varias personas y cada una aportaba una cantidad para la compra mensual.
Esa organización facilitaba que quienes acababan de llegar pudieran estabilizarse antes de asumir por su cuenta todos los gastos de una vivienda.
También recomendaba llegar a Chile con un pequeño colchón económico, especialmente si todavía no se tenía trabajo asegurado.
Alimentación: comprar en mercados puede marcar la diferencia
Las entrevistas muestran que la alimentación podía controlarse bastante si se sabía dónde comprar.
Una persona calculaba aproximadamente 80.000 o 90.000 pesos mensuales por persona para la compra.
En otras viviendas compartidas, cada integrante aportaba alrededor de 85.000 pesos para el mercado mensual.
Pero varios entrevistados destacaban especialmente los mercados tradicionales y mayoristas.
La Vega y otros mercados aparecían como lugares donde comprar verduras, frutas, charcutería, carnes y productos en cantidad podía resultar considerablemente más económico que hacerlo todo en supermercados.
Una pareja calculaba aproximadamente entre 120.000 y 150.000 pesos mensuales para cubrir buena parte de su alimentación.
Otra familia combinaba supermercado y mercado mayorista y estimaba un gasto aproximado de 180.000 a 200.000 pesos, dependiendo de los productos comprados ese mes.
Comprar en cantidad y organizar la comida
La manera de conservar los alimentos también formaba parte del ahorro.
Una de las entrevistadas explicaba que había aprendido a dividir jamón, queso, pollo y carne en porciones antes de guardarlos.
Comprar mayores cantidades, distribuirlas y organizar las comidas permitía aprovechar mejor cada compra.
Ese tipo de hábitos resultaba especialmente útil cuando varias personas compartían vivienda.
No se trataba únicamente de encontrar el establecimiento más barato, sino de aprender a administrar los alimentos para que duraran todo el mes.
Transporte público: metro, micro y tarjeta Bip!
Santiago disponía de una amplia red de transporte público.
Metro y autobuses —conocidos habitualmente como micros— podían combinarse dentro de los desplazamientos cotidianos.
Los entrevistados utilizaban la tarjeta Bip!, que se recargaba según las necesidades de cada persona.
Uno de ellos calculaba que gastaba aproximadamente entre 20.000 y 30.000 pesos mensuales para ir al trabajo y desplazarse durante los fines de semana.
Otra entrevistada situaba su gasto alrededor de 40.000 pesos al mes.
También se mencionaba una tarifa próxima a los 800 pesos durante determinados horarios, aunque el precio podía depender del momento y del tipo de trayecto.
En general, los entrevistados valoraban positivamente el funcionamiento de la red.
Tener coche podía resultar bastante más caro
Aunque algunos disponían de automóvil, no siempre lo utilizaban diariamente.
El precio del combustible hacía que el transporte público resultara mucho más conveniente para desplazamientos habituales.
Durante las entrevistas se hablaba de un precio aproximado de 700 u 800 pesos por litro de gasolina y de gastos que podían alcanzar unos 30.000 pesos semanales dependiendo del uso del vehículo.
Por eso, para una persona que viviera cerca del metro o tuviera buenas conexiones de autobús, el coche no era considerado indispensable.
La importancia de vivir cerca del transporte
Al buscar vivienda, algunos entrevistados recomendaban fijarse no solamente en el precio del alquiler.
También era importante comprobar la cercanía de una estación de metro o de alguna línea de autobús que permitiera llegar fácilmente al trabajo.
Una habitación algo más alejada podía ser más económica, pero una mala conexión podía aumentar tanto el gasto como el tiempo dedicado diariamente a desplazarse.
La ubicación terminaba siendo, por tanto, una parte esencial del presupuesto.
Ir al cine y disfrutar de Santiago
El ocio también ofrecía alternativas para diferentes presupuestos.
Durante la entrevista se mencionaban entradas de cine por aproximadamente 3.500 o 4.000 pesos, especialmente aprovechando promociones entre semana.
Una salida para dos personas podía rondar los 8.000 pesos solamente en entradas.
El gasto aumentaba considerablemente al comprar comida dentro del cine.
Las cabritas, como se conoce en Chile a las palomitas de maíz, podían costar aproximadamente entre 8.000 y 10.000 pesos cuando se acompañaban de bebidas.
Por esa razón, algunos reservaban el cine para películas que realmente querían ver en pantalla grande y utilizaban otras alternativas para el resto.
También había entretenimiento gratuito
No todo el ocio suponía pagar entradas.
Parques, centros comerciales y diferentes eventos gratuitos o de bajo coste permitían organizar planes durante el fin de semana sin realizar un gran desembolso.
Según los entrevistados, era posible encontrar actividades por aproximadamente 3.000 o 5.000 pesos, además de otras completamente gratuitas.
Eso facilitaba mantener cierta vida social incluso durante los primeros meses, cuando el presupuesto podía ser más limitado.
Telefonía móvil
Los planes móviles podían representar un gasto relativamente pequeño.
Uno de los entrevistados contaba que había cambiado de compañía y pagaba alrededor de 8.000 pesos mensuales por un plan con aproximadamente 4,5 GB de datos.
Su experiencia también muestra cómo el consumo dependía de los hábitos.
Quienes tenían conexión wifi en casa y en el trabajo necesitaban menos datos móviles, mientras que escuchar música o ver vídeos durante los desplazamientos podía incrementar considerablemente el consumo.
Salud pública y privada
Las entrevistas también abordaron un gasto que no siempre aparece cuando se habla del coste de vida: la salud.
En Chile coexistían entonces un sistema público, Fonasa, y alternativas privadas conocidas como Isapres.
Según explicaban los entrevistados, quienes trabajaban destinaban un porcentaje de su remuneración al sistema de salud, mientras que determinados planes privados podían requerir aportaciones adicionales.
También relataban que las personas recién llegadas podían acudir a determinados centros de salud mientras regularizaban su documentación.
Como ocurre con el resto de las cifras y condiciones mencionadas en este artículo, esta información corresponde al momento en que se realizaron las entrevistas.
¿Cuánto podía ganar una persona recién llegada?
La relación entre salarios y gastos era fundamental.
Durante las conversaciones se mencionaba un salario mínimo de aproximadamente 300.000 pesos en aquel momento.
Los entrevistados advertían que vivir solo con esa cantidad podía resultar muy complicado.
Conseguir un primer empleo de 500.000, 600.000 o 700.000 pesos era considerado una situación mucho más favorable para alguien que acababa de emigrar.
Una de las recomendaciones era precisamente compartir vivienda y gastos al principio, especialmente mientras se conseguía estabilidad laboral.
Santiago: una ciudad donde organizarse era fundamental
Las distintas experiencias muestran que no existía una única respuesta a la pregunta de cuánto costaba vivir en Santiago de Chile.
El alquiler podía cambiar mucho según la comuna.
Compartir apartamento reducía considerablemente los gastos.
Comprar en mercados mayoristas permitía controlar la alimentación.
Y utilizar metro y autobús podía evitar el coste mucho mayor de mantener un automóvil.
Para quienes acababan de llegar, la organización era casi tan importante como los ingresos.
Elegir bien dónde vivir, comprar en cantidad, dividir los gastos y aprovechar el transporte público permitía construir un presupuesto mucho más manejable.
Porque saber cuánto cuesta vivir en Santiago de Chile no consiste solamente en sumar alquiler, comida y transporte. También implica entender cómo funciona la ciudad y aprender a organizarse dentro de ella.
Ver entrevista completa
Puedes ver las entrevistas completas sobre el coste de vida en Santiago de Chile en nuestro canal de YouTube.





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