Cuando se piensa en emigrar a una nueva ciudad, hay una pregunta que aparece casi inmediatamente: ¿Cuánto cuesta vivir allí?
El alquiler, la comida, los servicios, el transporte o la educación pueden terminar siendo tan importantes como encontrar trabajo. Y aunque las estadísticas permiten aproximarse al coste de vida de una ciudad, pocas cosas resultan tan útiles como escuchar a quienes ya han pasado por esa experiencia.
Varias venezolanas residentes en Málaga compartieron cómo organizaban sus gastos familiares y qué presupuesto necesitaban para desenvolverse en la ciudad.
Sus experiencias dibujan una Málaga en la que la alimentación y el ocio podían resultar relativamente accesibles, el transporte público facilitaba prescindir del coche y la educación pública reducía considerablemente los gastos de las familias con niños.
El gran problema comenzaba a ser otro: la vivienda.
Nota: las cantidades mencionadas corresponden al momento en que fueron realizadas estas entrevistas y no representan necesariamente los precios actuales de Málaga.
Alimentación: alrededor de 100 euros semanales por familia
Entre las familias entrevistadas existe bastante coincidencia respecto al gasto en alimentación.
Una de ellas, formada por una pareja y un niño de diez años, calculaba aproximadamente 100 euros semanales para una compra completa. Ese presupuesto permitía incluir carne, pollo, pescado y también algunos pequeños gustos, como una botella de vino.
Otra familia de cuatro personas situaba su compra semanal entre 100 y 120 euros.
La cantidad podía variar dependiendo de los hábitos de cada hogar, pero las entrevistadas coincidían en algo: no sentían que tuvieran que renunciar a comer bien.
Vivir en España también les había permitido descubrir productos, ingredientes y una gastronomía que consideraban parte de la experiencia de adaptación al país.
Comprar en grandes superficies podía ayudar a ahorrar, aunque quienes vivían en el centro de Málaga encontraban una dificultad adicional: muchos supermercados grandes estaban en las afueras y llegar hasta ellos requería más tiempo, transporte o incluso disponer de automóvil.
Por esa razón, algunas familias preferían hacer compras semanales en lugar de una gran compra mensual.
La vivienda, el gasto que comenzaba a preocupar
Si había un aspecto en el que todas percibían cambios era el alquiler.
Málaga ya era una ciudad con una enorme presencia turística y las entrevistadas señalaban cómo el crecimiento de los alquileres de corta temporada estaba reduciendo la oferta disponible para quienes buscaban una vivienda estable.
Una de las familias pagaba aproximadamente 700 euros mensuales por un apartamento de tres habitaciones y un baño.
Otra había alquilado años antes un piso moderno de dos habitaciones y dos baños por unos 675 euros, aunque señalaba que posteriormente la vivienda ya podía valorarse alrededor de los 800 euros mensuales.
También aparecía un caso especialmente favorable: una familia que vivía en pleno centro pagaba alrededor de 500 euros por un apartamento de tres habitaciones y un baño.
Ellos mismos reconocían que se consideraban privilegiados por disponer de ese alquiler.
Las diferencias muestran algo que ya empezaban a percibir claramente quienes vivían allí: encontrar vivienda a largo plazo era cada vez más complicado en una ciudad donde buena parte de los apartamentos podían resultar más rentables destinados al turismo.
Luz, agua y otros servicios
Los servicios domésticos variaban considerablemente dependiendo de la vivienda, la ubicación y el consumo de cada familia.
Una de las entrevistadas calculaba un gasto de electricidad de aproximadamente 70 a 100 euros, mientras que el agua podía situarse entre 34 y 40 euros mensuales y el gas alrededor de los 30 euros.
Pero vivir en el centro histórico podía resultar más caro.
Otra familia aseguraba que sus facturas podían alcanzar aproximadamente 100 euros de agua y hasta 180 euros de electricidad durante el invierno.
El uso de aire acondicionado y calefacción marcaba una diferencia importante.
Málaga tiene temperaturas suaves durante buena parte del año, pero la humedad y la cercanía al mar hacían que algunas entrevistadas utilizaran calefacción durante determinados días de invierno. En verano, quienes sufrían especialmente el calor recurrían con mayor frecuencia al aire acondicionado.
Por eso, más que una cantidad fija, el gasto energético dependía bastante de los hábitos de cada hogar.
Internet y telefonía
La telefonía móvil podía representar un gasto relativamente pequeño.
Una de las entrevistadas pagaba aproximadamente 15 euros mensuales por una tarifa móvil con datos y llamadas.
En otro hogar, un paquete que incluía internet doméstico, telefonía fija y líneas móviles se situaba aproximadamente entre 70 y 90 euros al mes.
Como ocurre con otros gastos, la cantidad dependía de los servicios contratados y del número de miembros de la familia.
¿Hace falta coche para vivir en Málaga?
Para varias de las entrevistadas, no.
Una de las ventajas que encontraban en Málaga era precisamente la posibilidad de desplazarse utilizando autobús, metro, bicicleta o simplemente caminando.
Quienes residían cerca del centro podían realizar buena parte de sus actividades cotidianas a pie.
Una de ellas utilizaba exclusivamente transporte público y hablaba de un abono de aproximadamente 49 euros mensuales que permitía viajar de manera ilimitada por la red urbana.
Otras preferían tarjetas recargables o bonos de diez o veinte viajes porque no necesitaban utilizar el transporte todos los días.
El coche podía resultar útil para desplazarse hacia las afueras, zonas industriales o determinados centros comerciales, pero para una familia que desarrollaba su vida principalmente dentro de la ciudad también podía convertirse en un gasto innecesario.
La posibilidad de caminar era, además, algo que valoraban especialmente.
Málaga les parecía una ciudad agradable para recorrer a pie y con distancias relativamente manejables dentro de las zonas centrales.
Educación: un gasto mucho menor para las familias
Las entrevistadas que tenían hijos destacaban especialmente el funcionamiento de la educación pública.
Una de ellas había considerado distintas alternativas antes de matricular a sus hijos y finalmente eligió un colegio público. Valoraba positivamente la calidad educativa y la existencia de colegios bilingües, actividades extraescolares y comedor.
Otra familia tampoco tenía gastos significativos por la escolarización de su hijo.
En primaria, explicaba, los propios centros podían proporcionar los libros y determinadas familias podían solicitar ayudas para gastos como el comedor escolar.
También aparecía la opción de los colegios concertados, cuyos costes eran considerados asumibles por las familias entrevistadas.
La universidad sí implicaba pagar matrícula, aunque la percepción expresada durante las entrevistas era que su coste resultaba manejable en comparación con otras alternativas educativas.
Salir a comer o tomar algo sin disparar el presupuesto
El ocio era probablemente uno de los aspectos de Málaga que las entrevistadas describían con mayor entusiasmo.
Salir a tomar una cerveza, compartir unas tapas o pasar una tarde fuera de casa no implicaba necesariamente un gran desembolso.
Durante las entrevistas se hablaba de cervezas por alrededor de 1,50 euros, tapas de unos 5 euros e incluso establecimientos donde podían encontrarse promociones económicas de varias bebidas.
Pero el atractivo de Málaga no estaba únicamente en comer o beber.
La ciudad ofrecía playas, parques, jardines, actividades infantiles y una amplia oferta cultural.
Las familias con niños destacaban especialmente la existencia de actividades gratuitas y aplicaciones que permitían localizar planes sin coste.
Los museos también formaban parte habitual de esas posibilidades. Málaga contaba ya con una importante oferta museística y algunos centros permitían la entrada gratuita los domingos durante determinados horarios.
La playa representaba otra alternativa evidente: desde aproximadamente mayo, según explicaban, podía convertirse en uno de los grandes espacios de ocio familiar sin necesidad de realizar un gasto importante.
Una ciudad para disfrutar, pero con una vivienda cada vez más difícil
Las experiencias recogidas muestran una Málaga que ofrecía muchas ventajas para quienes llegaban a comenzar una nueva vida.
Era posible desplazarse sin automóvil, utilizar educación pública, encontrar numerosas actividades gratuitas y disfrutar de una intensa vida cultural y gastronómica sin necesidad de realizar grandes gastos.
La alimentación podía mantenerse dentro de un presupuesto razonable y salir ocasionalmente a tomar algo no tenía por qué desestabilizar las cuentas familiares.
Pero también comenzaba a aparecer una preocupación que condicionaba cada vez más el presupuesto doméstico.
El alquiler.
El crecimiento turístico estaba modificando el mercado de la vivienda y reduciendo las opciones disponibles para quienes necesitaban alquilar durante períodos largos.
Las cifras seguramente cambiarán con los años.
Pero las experiencias de estas familias permiten entender algo que continúa siendo fundamental cuando alguien decide emigrar: conocer cuánto cuesta una ciudad no consiste solamente en sumar alquiler, comida y transporte.
También significa saber qué calidad de vida puede construirse con ese presupuesto.
Ver entrevista completa
Puedes ver la entrevista completa sobre el coste de vida en Málaga en nuestro canal de YouTube.





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