A veces una idea de negocio comienza con una necesidad muy sencilla.

Encontrar una harina que conocemos desde niños. Una Frescolita. Una Malta. Un paquete de Cocosette. Los ingredientes para preparar una comida que sabe a casa.

Cuando Vanessa y Agustín llegaron a Valladolid descubrieron que conseguir muchos de esos productos venezolanos no siempre era fácil.

Y de aquella ausencia, mezclada con la nostalgia de quienes viven lejos de su país, terminó naciendo Guayoyo Express.

Pero detrás de la tienda hay algo más que una historia de emprendimiento.

Hay dos profesores venezolanos que tuvieron que comenzar de nuevo, una familia que consiguió reunirse después de emigrar y una pareja que, después de atravesar años de incertidumbre, decidió apostar por un proyecto propio.

Dos profesores que se conocieron en Venezuela

Vanessa es de Aragua.

Agustín nació en Cumaná y también terminó viviendo en el estado Aragua, donde ejerció como profesor.

Fue precisamente trabajando en educación como se conocieron.

Compartieron durante un tiempo la profesión y después comenzaron una relación.

Vanessa terminó emigrando primero.

Cuando ya se encontraba fuera de Venezuela descubrieron además que estaba embarazada.

La situación cambió entonces completamente las prioridades.

Agustín hizo todo lo posible para viajar a España antes de que naciera su hijo y finalmente consiguió reunirse con ella en Valladolid.

La ciudad terminó sorprendiéndolos.

Encontraron un lugar tranquilo y acogedor y destacan especialmente el trato recibido por los vallisoletanos durante aquellos primeros años.

Pero, como sucede con muchos inmigrantes, instalarse definitivamente significaba mucho más que simplemente llegar.

Había que conseguir documentación.

Trabajar.

Construir estabilidad.

Y empezar nuevamente.

La nostalgia durante el embarazo

Vanessa llegó a España siendo profesora, pero al principio no podía ejercer su profesión.

Mientras regularizaba su situación comenzó a trabajar en otras cosas.

Y durante el embarazo apareció una necesidad muy concreta.

Echaba de menos los productos venezolanos.

Quería encontrar alimentos y sabores que conocía desde Venezuela, pero en Valladolid las opciones eran limitadas.

Algún locutorio podía tener uno o dos productos.

Durante un tiempo también existió un pequeño establecimiento relacionado con la gastronomía venezolana que ofrecía algunas cosas, pero terminó cerrando.

Vanessa comenzó entonces a observar algo.

Cada vez llegaban más venezolanos a Valladolid.

Pero seguía sin existir un establecimiento donde pudieran entrar y encontrar una variedad amplia de productos de su país.

La pregunta empezó a rondarle la cabeza:

¿por qué no crear ese lugar?

De una idea a un proyecto

Pensar una tienda era relativamente fácil.

Convertirla en realidad era otra cosa.

Vanessa y Agustín comenzaron a buscar orientación y fueron entrando en contacto con personas y organizaciones que los ayudaron a transformar aquella intuición en un proyecto empresarial.

Recibieron asesoramiento, prepararon la propuesta y finalmente llegó el momento de presentarla para conseguir financiación.

Después comenzó la espera.

Durante aproximadamente cinco o seis meses convivieron con la incertidumbre.

No sabían si el proyecto sería aprobado.

No sabían si finalmente podrían abrir.

Pero continuaron.

Y un día llegó la respuesta que estaban esperando.

Guayoyo Express podía convertirse en realidad.

Para ellos, el apoyo recibido durante aquel proceso resultó fundamental.

No hablan únicamente de financiación, sino también de las personas que les indicaron qué pasos dar, cómo estructurar el proyecto y cómo convertir una idea en una actividad viable.

Después de varios años tratando de construir estabilidad en España, comenzaban por fin algo propio.

Un lugar para encontrar sabores venezolanos

El concepto de Guayoyo Express partía de algo muy concreto:

reunir en un mismo establecimiento aquellos productos que muchos venezolanos residentes en Valladolid echaban de menos.

Harina PAN.

Tequeños.

Pulpas de frutas.

Malta.

Frescolita.

Dulces y golosinas venezolanas.

Productos congelados.

Y otros alimentos relacionados con la cocina del país.

Los domingos incorporaron además desayunos por encargo.

Empanadas venezolanas acompañadas de sus salsas tradicionales, como ajo y guasacaca, comenzaron a convertirse en otra forma de reunir alrededor de la comida a quienes buscaban sabores familiares.

Y la reacción de muchos clientes confirmaba la intuición que había tenido Vanessa desde el principio.

Algunos les escribían para agradecerles algo que aparentemente iba mucho más allá de comprar comida:

haber llevado un poquito de Venezuela a Valladolid.

Una tienda venezolana que no quería ser solamente para venezolanos

Pero Vanessa y Agustín comprendieron pronto que el proyecto podía crecer más allá de la comunidad venezolana.

Guayoyo Express está en el barrio de Las Delicias, una zona en la que conviven personas de muchos orígenes.

Así que empezaron a incorporar también productos cotidianos para los vecinos del barrio.

Pan.

Bebidas.

Alimentos de uso diario.

La idea era que alguien pudiera entrar simplemente porque necesitaba comprar algo para casa y, de paso, descubrir un sabor nuevo.

Y eso comenzó a ocurrir.

Agustín recuerda especialmente a jóvenes que entraban buscando alguna bebida o una golosina.

Entonces aparecía la oportunidad.

En lugar de ofrecer únicamente aquello que ya conocían, podía enseñarles un Cocosette, un chocolate venezolano o unos platanitos.

Muchos aceptaban probar.

Y poco a poco la tienda empezó a convertirse también en un espacio de intercambio.

Cuando un cliente también te enseña qué vender

La misma lógica apareció con clientes de otros países latinoamericanos.

Colombianos, ecuatorianos, peruanos o brasileños comenzaron a entrar en el establecimiento.

Vanessa y Agustín entendieron entonces que no tenía sentido limitarse a preguntar:

“¿Qué podemos venderte?”

La pregunta interesante era:

“¿Qué echas tú de menos?”

Una pareja formada por una venezolana y un brasileño terminó, por ejemplo, inspirándolos a incorporar productos que pudieran interesarle también a él.

Esa conversación cotidiana con los clientes se convirtió en una especie de pequeña investigación de mercado.

Escuchar.

Preguntar.

Probar.

Y ampliar poco a poco la oferta.

La identidad venezolana continuaba siendo el corazón de Guayoyo Express, pero la tienda empezaba también a reflejar la diversidad del barrio en el que había nacido.

El amor también aprende a cocinar caraotas

Entre las anécdotas que recuerdan hay una particularmente sencilla y reveladora.

Un español llegó buscando alubias negras porque estaba con una mujer venezolana.

Quería preparárselas.

Normalmente podía comprarlas ya preparadas, pero en aquel momento se habían terminado.

Así que tuvo que llevarse los granos y aprender a cocinarlos por su cuenta.

La solución probablemente estaba en algún tutorial de YouTube.

Vanessa y Agustín se ríen al recordarlo.

Pero detrás de la anécdota aparece algo que ocurre continuamente cuando las culturas se encuentran:

una persona termina aprendiendo una receta que nunca había preparado porque alguien a quien quiere creció comiéndola.

Y de repente aquellas caraotas dejan de pertenecer únicamente a Venezuela.

Abrir en plena pandemia

Si emprender ya implica incertidumbre, Guayoyo Express nació además en uno de los momentos más complicados imaginables.

La pandemia todavía estaba presente.

Algunas personas les preguntaban directamente cómo se les ocurría abrir un negocio en aquellas circunstancias.

Pero Vanessa y Agustín pensaban de otra manera.

Después de emigrar, conseguir documentación, pasar por distintos trabajos y luchar durante años para alcanzar cierta estabilidad familiar, la pandemia era simplemente otra dificultad.

No pequeña.

Pero tampoco suficiente para detenerlos.

Agustín resume aquella mentalidad recordando una frase de su madre:

si has aguantado lo más, también puedes aguantar lo menos.

Habían trabajado en restaurantes, bares y en otros empleos habituales durante los primeros años de muchos inmigrantes.

Habían tenido que empezar sin trabajo y sin dinero.

Habían esperado para conseguir estabilidad legal.

Ahora tenían una oportunidad.

Y no querían dejarla pasar.

Perseverar también forma parte de emigrar

Guayoyo Express nació de una nostalgia.

Pero sobrevivir como negocio requería algo mucho menos romántico:

trabajar.

Los primeros meses fueron difíciles.

Había que conseguir clientes, ajustar los productos, escuchar qué funcionaba y soportar los periodos de menor movimiento.

Vanessa y Agustín sabían que todavía quedaba mucho por hacer.

No hablaban de éxito como algo alcanzado definitivamente.

Hablaban de perseverar.

De aguantar.

De crecer poco a poco.

Y quizá por eso su historia representa tan bien una parte de la experiencia migratoria que pocas veces aparece en las fotografías finales de un emprendimiento.

Antes de abrir un negocio hay muchas veces años de trabajos diferentes, documentación, incertidumbre y adaptación.

Guayoyo Express no apareció inmediatamente después de aterrizar en España.

Llegó después.

Cuando las experiencias acumuladas permitieron intentar algo nuevo.

Un pedacito de Venezuela en Valladolid

Para un venezolano que entra en Guayoyo Express, muchos de los productos que encuentra en las estanterías probablemente no necesitan explicación.

Son sabores conocidos.

Objetos cotidianos que adquieren otro significado cuando vivimos lejos.

Pero la historia de Vanessa y Agustín demuestra que una tienda como esta puede terminar haciendo algo más.

Puede permitir que un venezolano encuentre algo que echaba de menos.

Que un español descubra una comida diferente.

Que un brasileño sugiera un producto de su país.

Que un colombiano reconozca un sabor parecido al suyo.

Y que dos profesores que llegaron desde Venezuela encuentren una nueva manera de construir su vida.

Porque a veces hacer país fuera del país también consiste en algo aparentemente tan sencillo como abrir una puerta, llenar unas estanterías y permitir que alguien que lleva años lejos de casa entre y diga:

“Esto lo comía yo en Venezuela.”

Ver entrevista completa

Puedes conocer la historia completa de Vanessa, Agustín y Guayoyo Express en la entrevista original de Diáspora Venezolana.

 

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