¿Cuánto costaba vivir en Valencia en 2019?
Es una de las primeras preguntas que se hace cualquier persona cuando piensa en emigrar: cuánto necesitará para pagar una vivienda, alimentarse, desplazarse y mantener una vida cotidiana razonable mientras consigue trabajo y comienza a establecerse.
En diciembre de 2019 conversamos con Carmen, venezolana residente en Valencia, para conocer su experiencia.
Su testimonio mostraba una ciudad considerablemente más accesible que otras grandes capitales españolas en determinados gastos, aunque con un problema que para ella resultaba mucho más importante que el precio de una cerveza, un abono de transporte o incluso un alquiler: encontrar empleo.
Nota: esta entrevista fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2019. Las cantidades mencionadas reflejan el coste de vida en Valencia en aquel momento y no deben interpretarse como precios actuales.
La vivienda, el principal gasto
Para Carmen, el alquiler era la verdadera «piedra de tranca» del presupuesto familiar.
También era uno de los gastos en los que había observado una subida más importante desde su llegada a España.
Recordaba haber pagado inicialmente alrededor de 350 euros mensuales por un piso cómodo de tres habitaciones.
Posteriormente se mudó a una vivienda mejor acondicionada, con suelo de parquet —o tarima, como se conoce habitualmente en España— y cocina reformada, por aproximadamente 550 euros mensuales.
La diferencia fundamental era la ubicación.
Carmen no vivía en pleno centro de Valencia, sino a unos seis o siete minutos de la capital. Según su estimación, un piso de características similares situado en una zona céntrica podía alcanzar entonces aproximadamente entre 900 y 1.200 euros mensuales.
Su experiencia mostraba algo que continúa siendo importante al elegir dónde instalarse: alejarse unos kilómetros del centro puede cambiar considerablemente el presupuesto destinado a vivienda.
Vivir fuera del centro para pagar menos
La decisión de Carmen permitía reducir uno de los principales gastos familiares sin alejarse demasiado de Valencia.
El piso continuaba estando bien comunicado con la ciudad y ofrecía mejores condiciones por un precio inferior al que habría supuesto una vivienda equivalente en el centro.
Para una familia que empieza una nueva vida en España, esa diferencia puede ser determinante.
No siempre es necesario vivir en el centro de una gran ciudad.
En ocasiones, instalarse en municipios próximos permite conseguir viviendas más amplias o mejor acondicionadas y dedicar una parte menor de los ingresos al alquiler.
Alimentación: supermercados y mercados tradicionales
Carmen consideraba que la alimentación era relativamente económica en Valencia.
Destacaba especialmente la posibilidad de comprar en grandes cadenas de supermercados, donde encontraba productos básicos a precios accesibles y con una calidad que consideraba buena.
Pero también hablaba de otra alternativa muy vinculada a la vida valenciana: los mercados tradicionales.
En lugares como el Mercado Central podían encontrarse pescados, carnes, frutas, verduras y otros productos frescos a buenos precios.
Para una familia, combinar supermercado y mercado tradicional permitía ajustar las compras dependiendo de las necesidades y aprovechar mejor el presupuesto.
Encontrar productos venezolanos
La adaptación gastronómica no significaba necesariamente renunciar a los sabores venezolanos.
Carmen explicaba que en Valencia ya podían encontrarse establecimientos y puestos donde comprar productos de Venezuela.
También habían aparecido restaurantes y negocios vinculados a la creciente comunidad latinoamericana.
Para quien emigra, este tipo de lugares tiene un valor que va más allá del precio de los alimentos.
Encontrar un cachito, una arepa o algún producto familiar puede convertirse también en una pequeña conexión con el país que se dejó atrás.
El verdadero problema: conseguir trabajo
La reflexión más importante de Carmen aparece cuando la conversación deja de centrarse exclusivamente en precios.
Para ella, el principal desafío no era necesariamente cuánto costaba vivir en Valencia.
Era tener ingresos.
Con trabajo, explicaba, una persona podía adaptar su estilo de vida al dinero disponible.
El presupuesto podía ser más reducido o más amplio, pero mientras existiera una fuente estable de ingresos era posible organizar vivienda, alimentación e incluso reservar algo para el ocio.
El problema comenzaba cuando no había empleo.
Emigrar también significa comenzar de nuevo
Carmen insistía especialmente en una realidad conocida por muchos profesionales venezolanos que emigraron durante aquellos años.
Llegar con una carrera universitaria o una trayectoria profesional no garantizaba encontrar inmediatamente un trabajo relacionado con esa experiencia.
Conocía abogados que trabajaban en sectores completamente diferentes a su profesión, médicos dedicados al cuidado de personas mayores y otros profesionales que habían tenido que aceptar inicialmente empleos alejados de su formación.
Su planteamiento no era despreciar esos trabajos.
Todo lo contrario.
Para Carmen, cualquier trabajo digno podía convertirse en el primer paso para reconstruir una vida.
Limpiar, realizar tareas de mantenimiento, atender un comercio o trabajar en servicios podía proporcionar los ingresos necesarios mientras aparecía una oportunidad relacionada con la profesión original.
La profesión puede llegar después
Emigrar supone muchas veces modificar temporalmente las expectativas.
Una persona puede haber dedicado años a construir una carrera profesional en Venezuela y encontrarse en España comenzando desde un lugar completamente diferente.
Carmen veía esa situación como una etapa.
La preparación profesional seguía existiendo.
La experiencia seguía existiendo.
Pero primero era necesario generar ingresos, conocer el nuevo país, crear contactos y esperar la oportunidad que permitiera volver a acercarse al ámbito laboral para el que la persona se había formado.
Es una dimensión del coste de emigrar que no puede expresarse únicamente en euros.
Transporte público en Valencia
Valencia disponía de una amplia red de transporte público formada por autobuses y metro.
Durante la entrevista, Carmen hablaba de un billete individual de aproximadamente 1,50 euros y de distintas modalidades de bonos que permitían reducir el coste para quienes utilizaban el transporte con frecuencia.
Mencionaba también bonos de diez viajes y un abono mensual de aproximadamente 48 euros, que permitía realizar desplazamientos ilimitados dentro de las condiciones correspondientes.
Para quienes trabajaban o estudiaban y tenían que utilizar diariamente el transporte, estas opciones permitían controlar mejor el gasto mensual.
Coche: útil, pero no siempre imprescindible
Carmen disponía de automóvil y había optado por comprar un coche pequeño.
La razón era principalmente práctica.
Moverse por Valencia podía ser sencillo, pero aparcar en determinadas zonas resultaba complicado.
Un vehículo pequeño facilitaba encontrar estacionamiento y permitía desplazarse con comodidad cuando necesitaba entrar en la ciudad.
Su gasto mensual de gasolina se situaba aproximadamente entre 60 y 70 euros, dependiendo de cuánto utilizara el coche.
Eso permitía comparar dos posibilidades: disponer de vehículo propio o recurrir al transporte público mediante bonos mensuales.
Cada opción tenía ventajas dependiendo del lugar de residencia, el trabajo y la frecuencia de los desplazamientos.
Salir a tomar algo era asequible
El ocio no era uno de los gastos que más preocupaban a Carmen.
Según su experiencia, salir a tomar una cerveza, un café o compartir algo de comida podía hacerse sin desembolsar grandes cantidades.
Las terrazas y los bares formaban parte de la vida cotidiana de Valencia.
Era habitual encontrarlos llenos de personas tomando café, una caña o compartiendo algún aperitivo.
Carmen consideraba que este tipo de ocio resultaba bastante económico.
El cine, en cambio, le parecía una opción relativamente más cara.
Una ciudad para vivir en la calle
La cultura de las terrazas tenía además un efecto particular en la experiencia de la ciudad.
No hacía falta organizar una gran salida para encontrarse con otras personas.
Tomar un café, una cerveza o sentarse a conversar podía convertirse en una actividad cotidiana y accesible.
Para alguien que acaba de emigrar, disponer de espacios donde socializar sin realizar grandes gastos también puede facilitar el proceso de adaptación.
Construir una nueva vida no consiste solamente en encontrar casa y trabajo.
También significa establecer relaciones, conocer gente y empezar a sentir que la nueva ciudad puede convertirse en hogar.
¿Era Valencia una ciudad económica para vivir?
La experiencia de Carmen en 2019 mostraba una Valencia en la que algunos gastos podían mantenerse dentro de cantidades razonables.
Alejarse ligeramente del centro permitía acceder a alquileres más económicos.
Los supermercados y mercados tradicionales ofrecían diferentes opciones para controlar la alimentación.
El transporte público permitía moverse sin necesidad de disponer necesariamente de automóvil.
Y salir ocasionalmente a tomar algo no suponía un gasto especialmente elevado.
Pero Carmen introducía una condición fundamental:
todo depende de tener trabajo.
Sin ingresos, incluso una ciudad relativamente económica puede resultar difícil.
Con trabajo, en cambio, es posible reorganizar las prioridades, adaptar el presupuesto y comenzar a construir poco a poco una nueva estabilidad.
Más que el coste de vida, el coste de empezar de nuevo
La conversación con Carmen termina dejando una reflexión que trasciende las cifras de 2019.
Cuando una persona emigra, calcular alquiler, alimentación y transporte es importante.
Pero existe otro coste mucho más difícil de medir.
Aceptar que quizá durante algún tiempo haya que trabajar en algo diferente.
Renunciar temporalmente a determinadas comodidades.
Vivir fuera del centro.
Cambiar hábitos.
Y volver a construir una trayectoria profesional prácticamente desde el principio.
Por eso, preguntarse cuánto cuesta vivir en Valencia no significa solamente calcular cuántos euros hacen falta cada mes.
También implica entender qué estamos dispuestos a hacer mientras construimos nuevamente nuestro lugar en el mundo.
Ver entrevista completa
Puedes ver la entrevista completa con Carmen sobre el coste de vida en Valencia, publicada originalmente el 6 de diciembre de 2019, en nuestro canal de YouTube.





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