La venezolana Marcy Castro salió del país en 2015, vivió tres años en República Dominicana y llegó a España en 2018. En Alcalá de Henares atravesó uno de los periodos más difíciles de su vida antes de convertir un sueño en realidad: crear su propia escuela de cocina.

Marcy Castro recuerda perfectamente el momento en que salió de Venezuela.

Era 2015.

Llevaba una maleta, muchas emociones y, sobre todo, esperanza.

Su primer destino fue República Dominicana, donde permaneció aproximadamente tres años y donde comenzó una etapa que marcaría profundamente su vida.

Trabajó como asistente en una empresa de repuestos y allí también formalizó uno de sus primeros proyectos de repostería: Camila Cake Shop, bautizado así por su hija.

Pero República Dominicana terminó significando algo todavía más profundo.

República Dominicana y el fortalecimiento de su fe

Marcy describe aquellos años como el comienzo de una transformación personal.

Aunque ya era creyente, fue allí donde fortaleció su relación con la fe y comenzó a formar parte de una congregación pentecostal que, según cuenta, le brindó acompañamiento y apoyo humano.

La experiencia religiosa se convirtió en una de las principales estructuras emocionales de su vida.

Marcy habla de aquellos años como una etapa en la que aprendió a confiar, a sostenerse y a interpretar las dificultades desde una perspectiva espiritual. Marcy Castro

También tenía otro sueño.

Quería ofrecerle a su hija mejores oportunidades.

No sabía exactamente dónde ni cómo, pero quería llevarla a un lugar donde pudiera construir un futuro diferente.

Un viaje a España que terminó cambiándolo todo

En diciembre de 2018 apareció la posibilidad de viajar a España.

Su hermano llevaba algunos meses en el país y acababa de nacer su primera sobrina.

Marcy decidió venir de visita junto con su hija.

No tenía inicialmente la certeza de quedarse.

Llegaron a Alcalá de Henares el 23 de diciembre.

Apenas dos días después ocurrió algo inesperado.

Mientras su hija Camila cumplía uno de sus sueños —patinar sobre hielo— sufrió un accidente y se fracturó el tobillo.

A partir de ahí todo cambió.

El seguro que Marcy había contratado no cubrió todos los gastos y el dinero que había llevado comenzó a desaparecer rápidamente.

De pronto se encontraba en España, con una hija lesionada, sin estabilidad económica y sin un lugar propio donde vivir.

La situación se volvió extrema.

Cruz Roja, Servicios Sociales y empezar desde abajo

Marcy recuerda aquel momento como uno de los más difíciles que había atravesado.

No podía permanecer en la habitación donde vivía su hermano y no tenía recursos suficientes para alquilar por su cuenta.

Fue entonces cuando recibió apoyo de Cruz Roja, del Ayuntamiento de Alcalá de Henares y de Servicios Sociales.

También recibió ayuda desde República Dominicana.

Un pastor de su antigua congregación le envió dinero para poder alquilar una habitación.

Poco a poco comenzó nuevamente a avanzar.

Sin documentación estable y con pocas oportunidades laborales, aceptó cualquier trabajo que pudiera encontrar.

Repartió publicidad, realizó pequeños encargos, limpió pisos y trabajó en establecimientos de hostelería.

Aquellos trabajos también tuvieron un efecto inesperado.

Caminar por Alcalá de Henares repartiendo publicidad hizo que comenzara a conocer profundamente la ciudad.

Hacer tartas en cocinas prestadas

La repostería nunca desapareció.

Aunque vivía en una habitación y no tenía cocina propia, continuaba recibiendo encargos.

Cuando alguien le pedía una tarta, recurría a las cocinas de sus amigos.

Ellos le prestaban el espacio.

Marcy preparaba allí sus pedidos y, entre bromas, recuerda que muchas veces el pago para sus amigos eran los restos o recortes de las propias tartas.

No tenía local.

No tenía una cocina profesional.

Pero seguía trabajando.

«Esa escuela es mía»

Hay una escena de la entrevista que resume casi toda su historia.

Durante la pandemia, Marcy pasaba frecuentemente frente a un local en Alcalá de Henares.

Lo observaba.

Después caminaba hasta un banco cercano con algunos amigos y les decía:

«Esa escuela es mía.»

Sus amigos reaccionaban con lógica.

Marcy tenía dificultades incluso para pagar el alquiler de la habitación donde vivía.

¿Cómo podía afirmar que aquel negocio era suyo?

Ella insistía.

Decía que simplemente todavía no tenía las llaves.

No era una descripción de la realidad.

Era la forma en que imaginaba su futuro.

Tiempo después terminó entrando en aquel espacio como propietaria de su propia escuela de cocina. Marcy Castro

Cooking VIP: aprender técnicas, no solamente recetas

El proyecto recibió el nombre de Cooking VIP.

Marcy lo define como un concepto de cocina selecta dirigido a personas que disfrutan la gastronomía y quieren aprender técnicas que puedan aplicar después por sí mismas.

La filosofía es clara.

No se trata únicamente de seguir recetas.

Se trata de comprender técnicas.

En la escuela se trabaja cocina mediterránea, gastronomía europea y también cocina latinoamericana, con especial presencia de gastronomías como la peruana y la venezolana. Marcy Castro

Las experiencias pueden durar varias horas y están pensadas tanto como aprendizaje como actividad social.

Enseñar a cocinar también a los niños

Uno de los elementos más particulares de Cooking VIP es su trabajo con niños y adolescentes.

Las clases comienzan desde aproximadamente los seis años.

Marcy considera que aprender a cocinar debe formar parte de la educación cotidiana.

No utilizan utensilios infantiles de juguete.

La cocina es real.

Los niños aprenden a cortar verduras, utilizar condimentos, conocer ingredientes y preparar aquello que posteriormente van a comer.

La filosofía se resume en una idea sencilla:

«Yo lo preparo, yo me lo como.»

Según Marcy, muchos padres llegan preocupados porque sus hijos rechazan verduras u otros alimentos.

Cuando los niños participan directamente en la preparación, la relación con la comida cambia.

Camila, una historia paralela

El proyecto tiene además una dimensión familiar.

Camila creció vinculada a la cocina.

Desde pequeña observaba a su madre trabajar y desarrolló interés por el mundo gastronómico.

También compartió experiencias culinarias con sus abuelos.

Durante la entrevista reconoce que siente una especial preferencia por la cocina salada, aunque la repostería ha formado parte de su vida desde siempre. Marcy Castro

Madre e hija terminaron construyendo juntas parte de aquel proyecto que comenzó años atrás.

Tres países dentro de una cocina

Marcy ha vivido en Venezuela, República Dominicana y España.

Cada país dejó una huella gastronómica diferente.

Venezuela significa infancia.

Recuerda especialmente los domingos familiares en los Andes venezolanos, las sopas, los sancochos, las carnes asadas y las reuniones alrededor de la mesa.

República Dominicana está asociada a sabores como el moro de guandules.

España le abrió otro universo.

Arroces, risottos, variedades diferentes de grano y una tradición culinaria que había imaginado mucho antes de vivirla directamente.

Su cocina terminó convirtiéndose en una suma de todas esas experiencias. Marcy Castro

Cuando los españoles quieren aprender cocina venezolana

Uno de los datos que más sorprendía a Marcy era el interés del público español por la gastronomía venezolana.

Durante la entrevista aseguraba que alrededor del 90 % de los clientes de la escuela eran españoles y que una proporción similar mostraba interés por platos venezolanos.

Pan de jamón.

Hallacas.

Empanadas.

Preparaciones que para muchos venezolanos forman parte de la cotidianidad se transformaban allí en experiencias gastronómicas para alumnos españoles.

Marcy recuerda especialmente la emoción de ver niños pequeños aprendiendo a preparar empanadas venezolanas.

Para ella, aquello también significaba transmitir cultura.

Camila Cake Shop sigue viva

La repostería que había comenzado años atrás tampoco desapareció.

Camila Cake Shop continuaba funcionando como una línea de tartas personalizadas para cumpleaños, bodas, bautizos, empresas y otros eventos.

Marcy insiste en que no busca simplemente replicar diseños.

El proceso comienza con la historia o la idea del cliente y después se transforma en una creación propia.

Para ella, la repostería también trabaja con emociones.

Cada tarta representa un acontecimiento.

«Quiero regresar a mi país, pero mejor»

Cuando hablamos de Venezuela, la respuesta de Marcy es inmediata.

Piensa en regresar.

No como una nostalgia abstracta.

Como una meta.

Dice que quiere volver después de haberse preparado, aprendido y crecido.

Su idea es regresar siendo una versión mejor de sí misma y llevar consigo todo aquello que ha aprendido durante los años fuera del país.

Antes de hacerlo, sin embargo, todavía quiere conocer otros lugares.

Se define como una mujer del mundo.

Quiere sumar nuevas banderas a su historia.

Pero sin olvidar nunca de dónde viene.

Camila comparte también ese deseo.

Salió de Venezuela siendo muy pequeña y conserva recuerdos de familiares y personas concretas, pero quiere regresar algún día para crear recuerdos nuevos.

Una escuela que comenzó mucho antes de tener llaves

La historia de Marcy Castro podría resumirse como una historia de emprendimiento.

Pero sería insuficiente.

Es también la historia de una madre que emigró con su hija, atravesó varios países, perdió estabilidad, recibió ayuda cuando la necesitó, aceptó trabajos muy diferentes, utilizó cocinas prestadas y siguió imaginando un proyecto cuando todavía parecía imposible.

Mucho antes de abrir Cooking VIP, Marcy ya veía aquella escuela.

No tenía dinero.

No tenía las llaves.

Ni siquiera podía asegurar cómo llegaría hasta allí.

Sin embargo, cada vez que pasaba frente al local repetía lo mismo:

«Esa escuela es mía.»

Tiempo después dejó de ser una afirmación de fe.

Se convirtió en una dirección.

Ver entrevista completa en Youtube

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