Miami se ha convertido en uno de los principales destinos de la diáspora venezolana. Una ciudad multicultural, acelerada y llena de contrastes donde miles de personas han intentado construir una nueva vida.
Para Orian Brito, periodista nacido en Catia, Miami terminó significando precisamente eso: un renacer.
Recorremos con él algunos rincones de la ciudad para conocer cómo llegó desde Caracas, cómo consiguió continuar ejerciendo el periodismo y qué ha aprendido después de comenzar otra vez lejos de Venezuela.
De Catia a Miami
Orian nació en Caracas y creció en Catia, específicamente en el sector Agua Salud de la avenida Sucre.
En Venezuela estudió Comunicación Social y desarrolló su carrera como periodista. Trabajó durante casi dos años en Radio Caracas Televisión (RCTV) y posteriormente se trasladó al estado Nueva Esparta, manteniéndose siempre vinculado a su profesión.
Cuando salió de Venezuela, Miami no era un territorio completamente ajeno. Tenía familiares viviendo allí desde hacía años y existía esa curiosidad que acompaña a muchos venezolanos antes de emigrar:
¿qué pasaría si lo intento?
La situación del país terminó empujándolo a tomar la decisión.
Llegó inicialmente de visita.
Y no regresó.
Miami pasó de ser un lugar que conocía desde fuera a convertirse en la ciudad donde comenzaría una nueva etapa.
Continuar siendo periodista
Una de las grandes satisfacciones de Orian es haber conseguido seguir ejerciendo la profesión que había desarrollado en Venezuela.
En Miami trabajó en el periódico Diario Las Américas y posteriormente en televisión, en América TV.
Pero llegar con experiencia profesional no significó conocer automáticamente cómo funcionaba el mercado laboral estadounidense.
Emigrar también significó volver a aprender cosas aparentemente sencillas.
Cómo preparar un currículum.
Cómo presentarse a una empresa.
Cómo funcionan los procesos de contratación.
Qué valor tiene la experiencia obtenida en otro país.
Orian recuerda que llegó sin conocer muchas de esas reglas.
Su primera oportunidad profesional en Diario Las Américas resultó especialmente importante porque, además de permitirle seguir trabajando como periodista, lo ayudó a conocer Miami desde otra perspectiva.
Ser reportero significó recorrer la ciudad, observarla y comenzar a entender el lugar al que acababa de llegar.
Una ciudad capaz de transformarse
Nuestro recorrido comienza en el Miami Design District.
Orian recuerda que esa zona tuvo una realidad muy diferente años atrás y destaca la transformación que experimentó hasta convertirse en un espacio de tiendas, arquitectura, arte y turismo.
Mientras caminamos, nuevas construcciones y establecimientos muestran una ciudad que parece estar modificándose constantemente.
A Orian le interesa precisamente esa capacidad de transformar espacios.
Incluso para quien no puede entrar a comprar en las exclusivas tiendas de la zona, considera que el lugar invita a caminar, mirar y disfrutar de sus contrastes.
Miami parece vivir en permanente construcción.
Y quizá eso tenga algo que ver con las personas que llegan hasta allí para reconstruirse también.
Emigrar sin un manual
Orian reconoce que muchas personas abandonan Venezuela sin estar completamente preparadas para lo que supone empezar desde cero.
No se refiere solamente al dinero.
También existen códigos sociales, profesionales y culturales que hay que aprender.
Un currículum que funcionaba perfectamente en Venezuela puede necesitar otra estructura en Estados Unidos. La experiencia laboral previa puede no ser entendida de la misma forma. El idioma puede convertirse en otra barrera.
Llegar implica descubrir todas esas cosas mientras, al mismo tiempo, hay que encontrar vivienda, trabajar y pagar las cuentas.
Por eso su propia experiencia desmontó cualquier idea romántica de la emigración.
Hay momentos en los que Miami puede significar oportunidades.
Y también hay días en los que simplemente necesitas sentarte frente al mar y respirar.
Miami y sus contrastes
Durante nuestro paseo llegamos también a la costa.
Orian habla de las playas, de los diferentes espacios públicos y de una ciudad que muchas veces ha modificado incluso su entorno para adaptarlo a las necesidades de quienes viven allí.
Pero el Miami que más le interesa no es solamente el de las playas o las imágenes turísticas.
Es el Miami de las diferencias.
El condado está formado por numerosas ciudades y zonas con personalidades propias.
Miami Beach no se parece a Doral.
Doral no se parece a Brickell.
Y dentro de esa diversidad conviven además comunidades procedentes de buena parte de América Latina y del resto del mundo.
Una ciudad multicultural
Para Orian, una de las principales características de Miami es precisamente su multiculturalidad.
La ciudad le permite convivir con idiomas, costumbres y personas procedentes de numerosos países.
Y para un inmigrante joven, esa mezcla puede hacer que la adaptación resulte diferente a la de otros lugares de Estados Unidos.
Miami tiene algo que le permite sentirse cerca de Latinoamérica incluso estando lejos de Venezuela.
Pero la ciudad también tiene un ritmo particular.
Todo parece avanzar rápidamente.
Termina una celebración y casi inmediatamente comienza la preparación de la siguiente. Halloween da paso a Navidad; Navidad al nuevo año; y el calendario continúa girando a toda velocidad.
Esa sensación de movimiento constante también forma parte de la vida que Orian encontró allí.
Miami como renacer
Cuando le preguntamos directamente qué significa Miami para él, su respuesta resume buena parte de su experiencia.
Es la ciudad que lo adoptó.
Una ciudad que disfruta.
Un lugar que le permite sentirse en casa.
Y, sobre todo: una ciudad para renacer.
La expresión tiene mucho sentido cuando se piensa en alguien que llegó desde otro país y tuvo que reconstruir desde cosas tan básicas como un currículum hasta su propia rutina diaria.
Miami no borró la vida anterior.
Pero le permitió comenzar otra.
Una relación complicada con Venezuela
La pregunta sobre Venezuela provoca una respuesta mucho más difícil.
Orian define su relación con el país como una «relación complicada».
Existe cariño.
Existe agradecimiento.
Pero también existe cierta rabia por las circunstancias que terminaron marcando su vida y empujándolo a marcharse.
Lo compara con querer a alguien con quien, al mismo tiempo, resulta difícil mantener una relación sencilla.
La distancia tampoco elimina los vínculos.
Su familia continúa formando parte fundamental de aquello que lo conecta con Venezuela y la ausencia sigue teniendo un peso importante.
¿Volver a Venezuela?
Volver de visita, sí.
Orian quiere reencontrarse con su familia y con aquello que todavía forma parte de su historia.
Regresar a vivir, en cambio, no es algo que contemple actualmente.
Pero tampoco pretende convertir esa respuesta en una promesa definitiva.
La vida ya le ha demostrado que puede cambiar de dirección cuando menos lo esperas.
Por eso deja abierta esa pequeña posibilidad que solemos esconder detrás de una expresión popular: de esta agua no beberé.
Hoy, sin embargo, su vida está en Miami.
Allí continúa ejerciendo el periodismo.
Allí aprendió nuevamente cómo funciona una ciudad.
Y allí encontró ese espacio en el que pudo comenzar otra vez.
Porque emigrar no siempre consiste únicamente en llegar a otro país.
A veces consiste en descubrir que todavía podemos construir una versión diferente de nuestra propia vida.
Para Orian Brito, esa posibilidad tuvo un nombre: Miami.





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