Tres semanas.
Ese fue prácticamente todo el tiempo que transcurrió entre el momento en que Andrea Sánchez Becerra terminó su carrera de Odontología en Venezuela y el día en que comenzó una nueva vida en Madrid.
Andrea es de Cabimas, estado Zulia. Se graduó como odontóloga en la Universidad del Zulia y, junto con su esposo, tomó una decisión que cada vez más venezolanos estaban afrontando: marcharse y comenzar nuevamente.
No llegó a España después de años ejerciendo su profesión.
Llegó casi inmediatamente después de graduarse.
Con un título recién obtenido, una vida profesional todavía por construir y la necesidad de descubrir cómo funcionaba todo en otro país.
Hoy recorremos Madrid con ella.
Y comenzamos en un lugar que parece apropiado para una historia sobre alguien que acaba de trasladarse de un mundo a otro:
el Templo de Debod.
De Cabimas a Madrid
España no era completamente desconocida para Andrea.
Su padre es español y, gracias a él, también posee la nacionalidad española. Había visitado anteriormente el país e incluso había vivido en Madrid durante una etapa de su infancia.
Cuando llegó el momento de emigrar, aquella circunstancia resultó determinante.
Poder establecerse legalmente desde el principio era una enorme ventaja.
Madrid apareció entonces como el lugar lógico para comenzar.
Era una ciudad que conocía parcialmente.
Era la capital.
Y ofrecía la posibilidad de intentar construir una carrera en un entorno que, aunque diferente, no resultaba completamente extraño.
Andrea y su esposo decidieron intentarlo.
Un templo egipcio en medio de Madrid
Nos encontramos junto al Templo de Debod, uno de los lugares preferidos por Andrea en la ciudad.
Le parece espectacular y enigmático.
Nos habla de su origen egipcio, de cómo llegó a España y de las imágenes que ofrece al atardecer.
Desde allí también observamos otros lugares fundamentales del Madrid monumental.
La Catedral de la Almudena.
El Palacio Real.
Plaza de España.
Andrea los reconoce y nos los va mostrando mientras avanzamos.
Madrid ha comenzado ya a formar parte de su cotidianidad.
Y esa es precisamente una de las características de los Episodios de Diáspora Venezolana: conocer una ciudad a través de alguien que llegó desde fuera y que, poco a poco, ha ido encontrando en ella sus propios lugares.
Ser odontóloga y no trabajar todavía como odontóloga
Andrea llegó con su título de Odontología recién obtenido.
Pero emigrar significa muchas veces aceptar que una profesión no continúa automáticamente al cruzar una frontera.
En Madrid encontró trabajo en una empresa dedicada a distribuir equipos dentales.
No ejerce todavía directamente como odontóloga, pero sigue vinculada con el sector.
Es una manera de permanecer cerca de aquello para lo que estudió mientras continúa construyendo su trayectoria profesional.
Durante nuestro recorrido hablamos también del mercado laboral español.
Andrea distingue dos realidades.
Una cosa es encontrar inmediatamente el empleo profesional que uno desea: bien remunerado, relacionado con la carrera y con todas las condiciones esperadas.
Eso puede resultar difícil.
Otra cosa es encontrar un trabajo que permita comenzar.
Hostelería.
Servicios.
Empleos temporales.
Ahí considera que existen más posibilidades.
Su consejo es práctico: comenzar por donde aparezcan oportunidades, pero no abandonar la búsqueda de aquello que realmente se quiere conseguir.
Trabajar y continuar enviando currículos.
Seguir haciendo entrevistas.
Persistir.
Porque empezar de cero no significa resignarse a permanecer siempre en el punto de partida.
Aprender también a vivir con otro presupuesto
Emigrar obliga además a entender cuánto cuesta la nueva vida.
Durante la conversación hablamos de salarios, alquileres y gastos cotidianos en Madrid.
Andrea considera que las posibilidades dependen mucho de la situación de cada persona.
No es lo mismo vivir solo que hacerlo en pareja.
No es lo mismo aspirar a determinados niveles de consumo que organizarse para cubrir las necesidades básicas y ahorrar.
Ese interés por las preguntas prácticas de la emigración terminaría llevándola a crear algo propio.
Los recién llegados
Cuando Andrea se preparaba para emigrar encontró un problema que reconocerán muchas personas que han intentado hacer lo mismo.
Había demasiada información.
Buscaba en Google.
Encontraba experiencias diferentes.
Consejos contradictorios.
Miles de páginas.
Y después de leer durante horas podía terminar sabiendo incluso menos que al principio.
¿Qué trámite había que hacer?
¿Dónde?
¿En qué orden?
¿Cuánto costaba vivir?
¿Cómo encontrar trabajo?
De aquella experiencia nació su blog:
Los recién llegados.
Andrea decidió reunir allí aquello que ella misma había aprendido durante su llegada a España.
No pretende presentar su experiencia como una verdad universal.
Lo deja claro.
Es simplemente su camino.
Lo que hizo.
Lo que le funcionó.
Los errores y descubrimientos de alguien que acababa de pasar por aquello que otros estaban a punto de comenzar.
Y si esa información podía ahorrarle dificultades a otra persona, el esfuerzo ya tenía sentido.
La importancia de llegar con una situación legal clara
Cuando le preguntamos si España le parece un buen país para emigrar, Andrea responde que sí.
Pero añade una condición importante:
tener, siempre que sea posible, una situación de residencia legal.
Ella contaba desde el principio con nacionalidad española y sabe que esa circunstancia facilitó enormemente su experiencia.
No afirma que sea imposible comenzar sin ella.
Pero sí que el camino será considerablemente más complicado.
La residencia legal afecta al trabajo, los trámites y las oportunidades.
Y cuando esas dificultades se acumulan pueden terminar condicionando incluso la percepción que alguien desarrolla del país al que acaba de llegar.
Para Andrea, España ofrece oportunidades.
Pero también hay que intentar llegar con la mayor preparación posible.
Madrid es luz, color y movimiento
Después de un año viviendo allí le preguntamos qué significa Madrid.
La respuesta de Andrea no tiene demasiado que ver con documentos, empleos o presupuestos.
Habla de sensaciones.
Madrid es luz.
Madrid es color.
Cultura.
Personas de distintos orígenes conviviendo.
Calles llenas.
Terrazas.
Un tinto de verano después del trabajo.
Movimiento.
Ese Madrid que inicialmente escogió por razones prácticas empieza a convertirse en algo emocional.
Un lugar en el que está construyendo su vida.
Caminar con tranquilidad
Durante el recorrido aparece también una de las diferencias que Andrea valora especialmente.
La seguridad.
Poder caminar.
Estar en espacios públicos.
Moverse por las zonas turísticas sin experimentar permanentemente la sensación de que algo grave puede ocurrir.
Para alguien que viene de Venezuela, esa tranquilidad adquiere un valor difícil de explicar a quien siempre la ha tenido.
Andrea también habla de otra preocupación común entre quienes emigran: la discriminación.
Personalmente asegura no haber vivido experiencias negativas por ser sudamericana y dice sentirse agradecida por la manera en que la han recibido.
Eso no significa que considere desaparecido el racismo o la discriminación en Europa.
Simplemente distingue entre la existencia general de esos problemas y su propia experiencia, que hasta ese momento había sido positiva.
De Debod a los Jardines de Sabatini
Continuamos caminando.
Desde el Templo de Debod avanzamos por algunos de los lugares más reconocibles de la ciudad.
Plaza de España.
El entorno del Palacio Real.
Los Jardines de Sabatini.
Andrea nos habla también de pequeños aprendizajes cotidianos.
Hasta el acento cambia un poco.
El «vos» maracucho empieza a aparecer menos cuando se conversa diariamente con personas que utilizan el «tú».
No significa dejar de ser venezolana.
Es simplemente una de esas pequeñas adaptaciones que ocurren casi sin darse cuenta cuando se vive en otro lugar.
La lengua también viaja.
Y se adapta.
Un papelón con limón en Madrid
Nuestro recorrido termina acercándonos nuevamente a Venezuela.
Estamos en la calle Preciados y entramos a un establecimiento venezolano.
La idea es sencilla:
tomarnos un papelón con limón.
Después de caminar por monumentos madrileños, hablar de empleos, salarios, integración y nuevas oportunidades, un sabor conocido abre otra conversación.
Le preguntamos a Andrea qué significa Venezuela.
La respuesta llega desde muchos lugares a la vez.
Venezuela son sus raíces.
Su casa.
Su familia.
La comida.
Las risas.
Las bromas.
Las gaitas en Navidad.
Y cuando la pregunta se vuelve todavía más concreta —¿qué extrañas de Cabimas?— aparece primero la familia.
Su madre.
Su abuela.
Su hermana.
Sus tías.
Su prima.
Después llegan las costumbres.
El sancocho familiar de los fines de semana.
Semana Santa.
Los amigos que llaman un viernes por la tarde preguntando:
«¿Qué hay para hoy?»
Son cosas aparentemente pequeñas.
Pero quizás sean precisamente las que más pesan cuando se vive lejos.
¿Volverías a Venezuela?
Al final llega nuestra pregunta habitual.
¿Volverías a vivir en Venezuela?
Andrea reconoce que es difícil responder.
Porque emigrar implica construir nuevamente.
Y cuanto más tiempo pasa, más cosas aparecen en el nuevo lugar.
Una trayectoria profesional.
Una familia.
Un hogar.
Amistades.
Proyectos.
Regresar significaría entonces volver a abandonar todo aquello y, de alguna manera, empezar otra vez desde cero.
Pero Andrea tampoco cierra la puerta.
Si Venezuela mejorara y cambiaran las circunstancias que todos conocemos, podría planteárselo.
Ahora no.
En el futuro, quizá.
Y esa respuesta resume bastante bien el momento de su vida que encontramos durante este episodio.
Andrea acaba de comenzar.
Tiene un título recién obtenido.
Un nuevo trabajo.
Un matrimonio construyendo su camino.
Un blog con el que intenta orientar a quienes llegan después.
Una ciudad que empieza a sentir propia.
Y una Venezuela que continúa presente en la familia, las gaitas, la comida y los recuerdos de Cabimas.
Salió para empezar de cero.
Pero empezar de cero no significa comenzar sin nada.
Andrea llegó a Madrid cargando algo que ninguna maleta necesita transportar:
todo aquello que aprendió, vivió y amó antes de marcharse.
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