Hay ciudades que uno termina conociendo a través de sus calles y otras que se descubren a través de aquello que despiertan en nosotros.

Para Anavel Munceles, Madrid ha significado ambas cosas.

Es de San Juan de los Morros, estado Guárico. Se define como llanera, aunque pasó también por Maracay, donde estudió Periodismo con especialización en audiovisuales.

Cuando terminó la carrera sabía que quería ampliar sus horizontes.

Miró hacia Europa.

Consideró Italia.

Barcelona.

Madrid.

Y finalmente escogió la capital española.

Llegó en 2010 para realizar un máster relacionado con un mundo que entonces apenas comenzaba a adquirir la importancia que tendría años después: community management, marketing online y comunicación digital.

Lo que inicialmente iba a ser una etapa de formación terminó convirtiéndose en una nueva vida.

Seis años después recorremos Madrid con ella.

Y no resulta casual que prácticamente todos los lugares que ha escogido para enseñarnos estén relacionados con el arte y la cultura.

Salir para ampliar horizontes

Antes de marcharse, Anavel ya había trabajado en distintos medios de comunicación en Venezuela.

Incluso consiguió una oportunidad profesional que llevaba tiempo deseando.

Pero aquello la hizo enfrentarse también a una realidad.

Podía continuar desarrollando su profesión en Caracas, aunque los ingresos apenas le permitirían cubrir los costes de vivir allí.

Venía de Maracay y sabía lo diferente que podía resultar el presupuesto cuando había que establecerse en la capital.

Así que hizo otra elección.

Trabajar un poco más.

Ahorrar.

Y marcharse a estudiar.

Madrid se convirtió en el destino.

No porque quisiera abandonar el periodismo, sino porque quería ampliar aquello que podía hacer con él.

Madrid empieza en Colón

Nuestro recorrido comienza en los Jardines del Descubrimiento, junto a la plaza de Colón.

Anavel nos habla de las esculturas y relieves relacionados con el descubrimiento de América y de las grandes vías que confluyen en esta zona de Madrid.

Castellana.

Génova.

Serrano.

Goya.

Estamos en uno de esos lugares desde los que la ciudad parece abrirse en distintas direcciones.

Y resulta apropiado para alguien cuya propia vida también comenzó a abrirse hacia caminos que no había previsto cuando salió de Venezuela.

Anavel llegó pensando en comunicación.

Madrid terminó llevándola hacia el arte.

La Biblioteca Nacional

A pocos pasos está otro de sus lugares escogidos.

La Biblioteca Nacional.

Anavel habla de sus exposiciones, conferencias, archivos y salas de investigación.

Es un espacio al que asocia directamente con la literatura, el arte y la cultura.

La elección dice bastante sobre la relación que ha desarrollado con Madrid.

No estamos recorriendo únicamente los lugares turísticos de la ciudad.

Estamos recorriendo los espacios que conectan con aquello en lo que se ha ido transformando profesionalmente.

Porque seis años después de llegar, Anavel sigue vinculada a la comunicación audiovisual, pero lo hace desde un territorio cada vez más cercano al arte.

Interesarte: comunicar la cultura

Uno de sus proyectos es Interesarte, una iniciativa relacionada con distintos medios de comunicación dedicados al arte y la cultura.

Anavel explica que vivir rodeada de la oferta cultural madrileña terminó despertando nuevamente esa inquietud.

Madrid la fue llevando hacia museos.

Exposiciones.

Artistas.

Proyectos culturales.

Y aquello terminó conectándose con su formación periodística y audiovisual.

Su carrera no desapareció después de emigrar.

Cambió de forma.

A la vez mantiene otro proyecto directamente relacionado con Venezuela: la comercialización en España de accesorios realizados por talento venezolano.

Son dos vertientes diferentes de una misma trayectoria.

Una profundamente ligada a la ciudad donde vive.

La otra empeñada en mantener un puente con el país del que salió.

Una rana, el arte y las pequeñas historias de la ciudad

Seguimos caminando por Madrid y Anavel nos muestra una de esas obras que muchos pueden ver diariamente sin conocer demasiado sobre ella.

Una gran rana situada frente a un casino.

Para Anavel tiene además un recuerdo particular: presenció el proceso de instalación de la escultura.

La obra conecta de nuevo con Interesarte y con esa tendencia suya a mirar la ciudad desde el arte.

Madrid está llena de esas pequeñas referencias.

Esculturas.

Edificios.

Exposiciones.

Detalles que pueden pasar inadvertidos hasta que alguien se detiene a observarlos.

Anavel parece haber encontrado precisamente allí una de las razones por las que se siente tan vinculada a la ciudad.

Del Thyssen al Prado

Nuestro paseo continúa por uno de los grandes corredores culturales de Madrid.

Aparece el Museo Thyssen.

Después, el Museo del Prado.

Anavel ha visitado el Prado muchas veces y tiene una manera particular de hacerlo.

No intenta recorrerlo entero.

Sabe que sería prácticamente imposible apreciar todo en una sola jornada.

Prefiere estudiar previamente determinadas obras y regresar para contemplarlas.

Una.

Después otra.

El museo deja así de ser un sitio al que hay que ir una vez para cumplir con una obligación turística.

Se convierte en un lugar al que se vuelve.

Por eso recomienda visitarlo incluso a quienes no sienten una especial afición por el arte.

Aunque sea durante las horas gratuitas.

Aunque solo sea para detenerse ante algunas de sus obras maestras.

Porque para ella conocer ese patrimonio forma parte también de conocer la ciudad en la que se vive.

Una madrileña más

Cuando salió de Venezuela, Madrid era fundamentalmente una oportunidad académica.

Seis años después la relación es distinta.

Anavel dice sentirse acogida prácticamente como una madrileña más.

La ciudad la ha nutrido profesionalmente.

Le ha permitido descubrir proyectos.

Desarrollarse.

Relacionarse con el arte.

Y encontrar nuevas formas de utilizar aquello que aprendió como periodista.

Cuando le preguntamos qué significa Madrid, la respuesta aparece precisamente por ahí.

Madrid es arte.

Madrid es cultura.

Pero también hay algo más difícil de definir.

Una especie de magia.

La ciudad que le abrió las puertas y le ofreció una segunda oportunidad.

Por eso, después de seis años, afirma que la elegiría nuevamente.

Atocha: una ciudad que siempre está en movimiento

El recorrido nos lleva finalmente a Atocha.

Metro.

Trenes.

Larga distancia.

Personas entrando y saliendo.

Uno de los grandes puntos de conexión de Madrid.

Anavel lo describe como un lugar neurálgico y también recuerda inevitablemente los atentados del 11 de marzo.

Pero Atocha tiene para ella otra condición.

Es un lugar de paso.

Y quizás por eso encaja también dentro de una historia sobre emigración.

Estaciones.

Llegadas.

Salidas.

Personas que continúan hacia otros destinos.

En sus alrededores nos habla también de las grandes esculturas de Antonio López que representan el día y la noche.

Otra vez aparece el arte.

Incluso en una estación.

Venezuela a través del diseño

Anavel lleva además algo de Venezuela puesto.

Un collar.

Forma parte de otro de sus proyectos: una línea de accesorios vinculada a artesanas y talento venezolano.

Nos explica que los materiales y símbolos no están colocados al azar.

La madera.

Las pequeñas figuras.

Cada detalle.

Es otra manera de mantener cerca aquello que dejó atrás.

Porque su experiencia en Madrid no consiste en haber sustituido Venezuela por España.

Hay partes de ambas identidades que conviven constantemente.

En su trabajo.

En sus proyectos.

En la forma en que entiende la cultura.

Y también en aquello que decide crear y llevar consigo.

«La Venezuela que extraño no es la Venezuela de ahora»

Cuando le preguntamos qué representa Venezuela, la respuesta cambia el tono de nuestra conversación.

Anavel utiliza una palabra inesperada:

utopía.

Toda su familia continúa allí.

Extraña el país.

Pero introduce inmediatamente una diferencia:

«La Venezuela que yo extraño no es la Venezuela de ahora».

Lo que desea recuperar no es únicamente un territorio.

Es una época.

Una manera de vivir.

Un país en el que pudiera imaginar nuevamente a personas diferentes conviviendo.

Un lugar tolerante.

Una Venezuela donde, como ella misma expresa, quepan todos.

Ese es el país que añora.

Y también el que desearía volver a encontrar algún día.

¿Volverías a Venezuela?

La respuesta, por ahora, es no.

No en el corto plazo.

Madrid se ha convertido en una parte demasiado importante de su vida y Anavel considera que Venezuela todavía necesita cambiar mucho antes de que pueda plantearse regresar para establecerse nuevamente.

Vivir fuera también transforma la perspectiva.

Permite comprobar que ciertas cosas pueden funcionar de otra manera.

Que es posible construir otro tipo de cotidianidad.

Y entonces regresar ya no significa únicamente volver al sitio que uno recuerda.

Significa preguntarse si ese sitio todavía existe.

Anavel sigue viviendo Venezuela a través de su familia y de las noticias.

Y reconoce que incluso desde la distancia esas realidades duelen.

Pero también ha construido algo nuevo.

Una vida vinculada al arte.

La comunicación.

La cultura.

El talento venezolano.

Y una ciudad que, seis años después de recibirla como estudiante, siente ya profundamente suya.

Anavel Munceles llegó a Madrid para ampliar su carrera.

Madrid terminó ampliando también su manera de mirar el mundo.

Y quizá esa sea una de las transformaciones más profundas de la experiencia migratoria:

salir buscando oportunidades y terminar descubriendo también nuevas partes de uno mismo.

 

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