De un pequeño pueblo del estado Lara a Madrid.

Su historia comenzó en Cubiro, donde creció junto a su familia, y continuó muchos kilómetros más lejos cuando el amor terminó llevándola a España.

En Madrid construyó una nueva vida junto a su marido y su hijo, pero también encontró la oportunidad de retomar una vocación profesional que apenas había podido comenzar en Venezuela.

Una periodista que no llegó a ejercer

En Venezuela estudió Periodismo en la Universidad Fermín Toro.

Sin embargo, prácticamente después de graduarse salió del país, por lo que nunca llegó a desarrollar allí una trayectoria profesional como periodista.

Madrid suponía entonces un nuevo comienzo en muchos sentidos.

Además de adaptarse a otra sociedad y construir una vida familiar, decidió abrir un blog como una manera de continuar escribiendo y comenzar a desarrollar aquello para lo que se había formado.

Internet y las redes sociales se convirtieron así en una forma de mantener viva su relación con el periodismo y compartir sus experiencias.

Descubrir Madrid

Su impresión de la capital española era especialmente positiva.

Una de las primeras cosas que destacaba era la gastronomía, pero también la manera de ser de la gente.

Describía a los españoles como personas alegres, cariñosas y cercanas.

Aunque había algo que inicialmente le llamó mucho la atención:

El volumen de las conversaciones.

Acostumbrarse a reuniones en las que varias personas hablan, intervienen y se interrumpen casi simultáneamente formaba parte de esas pequeñas diferencias culturales que uno comienza a descubrir cuando vive en otro país.

Son detalles aparentemente insignificantes, pero forman parte del verdadero proceso de adaptación.

Emigrar no consiste únicamente en encontrar vivienda o trabajo.

También supone aprender cómo habla la gente, cómo se relaciona, cómo comparte una mesa y hasta cómo participa en una conversación.

Empezar otra vez

Cuando le preguntamos qué recomendaría a quienes estaban pensando en emigrar, su respuesta fue sencilla.

Llegar con ganas.

Poner todo el empeño posible en comenzar una nueva vida.

Y adaptarse al país elegido.

No se trataba de permanecer constantemente comparando la nueva realidad con Venezuela, sino de abrirse a aquello que el nuevo lugar podía ofrecer.

Pero adaptarse tampoco significaba olvidar.

Su manera de expresarlo resumía perfectamente esa convivencia entre las dos vidas del emigrante:

Construir algo nuevo mientras se conserva «un pedacito de Venezuela» en casa.

Emigrar significa aprender nuevas costumbres, descubrir otras personas y, en muchas ocasiones, reconstruir también la propia trayectoria profesional.

Pero pertenecer a un nuevo lugar no exige borrar el anterior.

Se puede construir una vida en Madrid y continuar llevando dentro aquel pequeño pueblo de Lara del que comenzó todo:

Cubiro.

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