Noé Pernía llegó a Europa en 2005.
Para entonces ya era un rostro conocido del periodismo venezolano. Había formado parte del equipo de El Observador de Radio Caracas Televisión (RCTV) y vivido desde dentro algunos de los años más intensos de la transformación política del país.
Su salida de Venezuela comenzó con una oportunidad académica.
Una beca lo llevó a Roma, donde continuó sus estudios. Años después terminó instalándose en Madrid, ciudad en la que volvió a encontrarse con quien había sido compañera suya en RCTV y que posteriormente se convertiría en su esposa.
Cuando conversamos con él en 2016, llevaba ya once años viviendo en Europa.
Y después de todo ese tiempo tenía bastante claro cuál había sido uno de los principales aprendizajes de emigrar:
había que cambiarse el chip.
“Aquí hay que construir el trabajo”
Una de las preguntas que le hicimos fue aparentemente sencilla:
¿A qué te dedicas en España?
La respuesta terminó convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia sobre las expectativas con las que muchos venezolanos llegaban al país.
Noé señalaba que era frecuente imaginar que emigrar significaba simplemente trasladar la vida profesional que se tenía en Venezuela a otro lugar.
Llegar, buscar empleo y continuar trabajando en la misma profesión.
Pero su experiencia había sido diferente.
El mercado laboral estaba cambiando, especialmente en el periodismo, y él había llegado a una conclusión que resumía así:
no siempre se trata de buscar trabajo; muchas veces hay que inventarlo.
En aquellos años participaba en distintos proyectos digitales vinculados con el periodismo y la comunidad venezolana en España.
Su interés se estaba desplazando desde el modelo tradicional de los grandes medios hacia algo mucho más cercano a lo que nosotros mismos intentábamos hacer desde Diáspora Venezolana: contar las pequeñas historias de quienes habían emigrado.
Las “historias menudas” de la diáspora
Durante la entrevista, Noé utilizó una expresión especialmente interesante:
“las historias menudas”.
No se refería a las grandes noticias políticas ni a los acontecimientos que ocupaban las portadas.
Hablaba de las personas.
De quien abría un pequeño negocio, de quien intentaba vivir de vender arepas, de quien estaba encontrando su espacio en una sociedad distinta.
Precisamente aquel día estábamos en Matadero Madrid, donde se celebraba un festival en el que participaban distintos proyectos gastronómicos. Entre ellos había una iniciativa relacionada con la arepa venezolana.
Para Noé, ese tipo de historias representaban un periodismo que los medios tradicionales muchas veces dejaban fuera.
Y consideraba que el entorno digital ofrecía una oportunidad para registrarlas, conservarlas y darles visibilidad.
Vista hoy, aquella reflexión resulta especialmente cercana a la razón por la que estamos recuperando esta entrevista.
Emigrar significa adaptarse
Cuando le preguntamos qué recomendaría a otros venezolanos que estaban pensando en salir del país, Noé volvió sobre la idea de “cambiarse el chip”.
Emigrar exige comprender que la cultura en la que nacimos es solamente una de las muchas maneras posibles de organizar la vida.
Las costumbres cambian, la forma de relacionarse cambia, el trabajo cambia y también cambia la manera en que debemos interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor.
Su planteamiento era directo: no es la sociedad a la que llegamos la que debe adaptarse a nosotros. Somos nosotros quienes debemos aprender a desenvolvernos dentro de ella.
Eso no implicaba abandonar la identidad venezolana.
Significaba aceptar que empezar de nuevo también requiere aprender.
La viveza criolla y la picaresca española
La conversación entró incluso en las diferencias culturales entre España y Venezuela.
Noé comparaba la conocida “viveza criolla” venezolana con la tradición española de la picaresca.
Su reflexión era también una advertencia para los inmigrantes.
Llegar pensando que conocemos todos los códigos porque hablamos el mismo idioma puede resultar engañoso.
España y Venezuela comparten muchas cosas, pero funcionan con referencias culturales diferentes.
Y creer que nuestra experiencia previa nos prepara automáticamente para cualquier situación puede llevarnos a equivocarnos.
La integración también consiste en aprender esos códigos.
Otro periodismo era posible
Buena parte de la conversación estuvo dedicada al periodismo.
Noé defendía que el futuro de la profesión estaba desplazándose hacia los medios digitales y hacia historias que los grandes medios no siempre podían o querían contar.
En aquella época participaba en Yo Soy Venezolano, un proyecto orientado precisamente a registrar experiencias de venezolanos fuera del país.
Su visión era que esas historias podían tener valor social, histórico, comunitario y también económico, porque producir buen periodismo requiere encontrar una forma de sostenerlo.
Era otra versión de la misma idea que había utilizado para hablar del empleo:
No basta con esperar a que exista el trabajo; muchas veces hay que construir el espacio en el que ese trabajo pueda existir.
Venezuela como espacio de la memoria
Al final de la entrevista le preguntamos algo que aparece repetidamente en las conversaciones de Diáspora Venezolana:
¿Volverías a vivir en Venezuela?
Su respuesta fue bastante distinta de un simple sí o no.
Noé explicó que él nunca había sentido que se hubiera despedido completamente del país.
Porque cuando una persona emigra no lleva únicamente una maleta.
También lleva consigo sus recuerdos, sus referencias culturales, su infancia, su familia y una parte importante de su biografía.
Venezuela, por tanto, no era solamente un territorio.
Era también un espacio simbólico.
Una parte de sí mismo que continuaba acompañándolo independientemente del lugar en el que viviera.
Por eso tampoco quería afirmar que nunca regresaría.
El futuro, decía, es imprevisible.
Podía terminar viviendo nuevamente en Venezuela o en cualquier otro lugar.
Lo importante era otra cosa: vivir el presente y valorar a las personas con las que compartimos el camino.
¿Qué pasó después con Noé Pernía?
En este caso sí tenemos suficiente información pública para añadir un epílogo.
Noé continuó desarrollando una carrera vinculada al periodismo, la comunicación estratégica y la docencia universitaria. Actualmente se presenta como doctor en Ciencias de la Comunicación, consultor estratégico en comunicación y marketing, profesor e investigador. También señala haber ejercido como docente en UNIMINUTO, colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid y profesor invitado en la University of Texas at Arlington.
Su trayectoria posterior confirma además algo que ya aparecía claramente en aquella conversación de 2016: la progresiva combinación entre periodismo, comunicación digital, investigación y enseñanza.
Diez años después, resulta particularmente interesante recuperar aquella entrevista porque varias de las ideas que Noé defendía entonces —la transformación del trabajo, el crecimiento del mundo digital y el valor de contar las historias pequeñas de los inmigrantes— han terminado formando parte de su propia trayectoria profesional.





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