Hay ciudades a las que uno llega después de haberlas elegido durante años y otras que aparecen casi por casualidad y terminan convirtiéndose en hogar.

A Julia Denise Alsina le ocurrió lo segundo con Málaga.

Cuando decidió salir de Venezuela en 2017 tenía nacionalidad española y podría haberse instalado en Cataluña, donde vivía parte de su familia y donde ella misma había residido anteriormente. Pero quiso probar un destino diferente.

Un amigo le abrió las puertas de su casa en Málaga.

Julia nunca había estado allí.

Antes de viajar buscó información sobre la ciudad por internet y encontró algo que le resultaba familiar: el mar, el clima y una forma de vida que le recordaba, salvando todas las distancias, a la cercanía con la costa que había conocido en Venezuela.

Llegó en marzo de 2017 acompañada por sus dos hijos.

Dos años después, mientras caminábamos juntos por Málaga, tenía bastante claro que había acertado.

De Maracay a Málaga

Julia y yo nos conocíamos desde nuestros años en Maracay.

En Venezuela estudió Comunicación Social, trabajó en comunicación, diseño gráfico y docencia, colaboró con su padre en el negocio de los seguros y desarrolló además proyectos creativos propios.

Su currículum era amplio.

Pero emigrar obligó a comenzar prácticamente desde cero.

En Málaga encontró trabajo como camarera en un billar.

La distancia entre su trayectoria profesional anterior y aquel nuevo empleo podría interpretarse como una derrota.

Ella lo veía de otra manera.

Era un trabajo digno, le permitía sostener a sus hijos y representaba el primer escalón de una nueva vida.

Julia entendió pronto que emigrar significaba también desprenderse de determinadas expectativas.

No porque hubiera renunciado a su profesión.

Seguía convencida de que estaba preparada para nuevas oportunidades y continuaba buscándolas.

Pero había comprendido que en un país nuevo nadie conocía todavía su trayectoria, los años de experiencia acumulados ni el currículum que había construido en Venezuela.

Había que volver a hacerse un espacio.

Reinventarse sin renunciar a lo que uno sabe hacer

Julia define la migración como un proceso de reinvención.

Una transformación en la que la persona que llega tiene que aprender a convivir con aquello que era antes y con todo lo que comienza a ser después.

Ese proceso no significó abandonar la creatividad.

En Venezuela había desarrollado una marca de accesorios llamada Muda, especialmente orientada a mujeres y niñas.

Una vez más establecida en España comenzó a explorar la posibilidad de introducir la marca en el mercado español.

También surgió otro proyecto directamente relacionado con la experiencia migratoria.

Somos un Bochinche.

La idea era convertir palabras, expresiones y sentimientos venezolanos en camisetas y otros productos.

Una de ellas llevaba simplemente una frase que para Julia contenía buena parte de su identidad:

#Venezolana.

La nostalgia se convertía así en diseño.

Y el diseño, en una manera de conservar el vínculo con Venezuela.

La Plaza de la Merced y Picasso

Nuestro recorrido por Málaga comienza en uno de sus lugares más conocidos: la Plaza de la Merced.

Frente a nosotros está la casa natal de Pablo Picasso y, muy cerca, una estatua del artista sentado en uno de los bancos de la plaza.

Es una de esas zonas en las que la historia de Málaga y la vida cotidiana se mezclan continuamente.

Turistas, vecinos, terrazas y paseantes comparten el espacio con una de las figuras culturales más universales nacidas en la ciudad.

Para Julia, Málaga tenía precisamente esa capacidad de ofrecer historia sin dejar de sentirse accesible.

No había llegado buscando una gran capital.

Terminó encontrando una ciudad en la que podía criar a sus hijos, trabajar y comenzar nuevamente.

El éxito también puede ser empezar de nuevo

Julia tiene dos hijos.

Cuando hablamos, uno tenía alrededor de once años y la pequeña cuatro.

Ambos estaban ya escolarizados y adaptados a España.

Y es precisamente cuando habla de ellos cuando Julia reformula el concepto de éxito migratorio.

Con frecuencia se cuentan historias de inmigrantes que construyen empresas, consiguen puestos importantes o alcanzan reconocimiento profesional.

Julia propone mirar también hacia otro lugar.

Para ella, cada inmigrante que consigue salir adelante diariamente, superar los obstáculos y ofrecer mejores oportunidades a su familia también representa una historia de éxito.

Ella había sido periodista, docente, diseñadora y profesional con una trayectoria consolidada en Venezuela.

En Málaga trabajaba como camarera.

Pero podía ver a sus hijos caminar tranquilos por la calle, utilizar parques y crecer en un entorno en el que ella sentía que tenían mayores oportunidades.

Ese era, en aquel momento, su principal éxito.

La calle Marqués de Larios

Continuamos caminando y llegamos a otro de los grandes ejes de Málaga: la calle Marqués de Larios.

La ciudad pasa por allí.

Comercios, turistas, acontecimientos públicos, decoraciones y celebraciones transforman constantemente una calle que funciona como uno de los principales espacios comerciales y sociales del centro.

Durante nuestro paseo estaba decorada con motivo de la Feria de Málaga.

Las principales marcas convivían con el movimiento permanente de personas que recorrían el centro histórico.

Para quien llega por primera vez a la ciudad, Larios es uno de esos lugares que rápidamente se convierte en referencia.

Plaza de la Constitución, punto de encuentro

Al final de Larios aparece la Plaza de la Constitución.

Más que detenernos en fechas o acontecimientos históricos concretos, Julia la percibía como un espacio de reunión ciudadana.

También de reunión para los venezolanos.

Allí se habían realizado concentraciones y protestas relacionadas con la situación política de Venezuela.

La plaza adquiría así un significado adicional para quienes habían emigrado.

A miles de kilómetros de Caracas, Maracay o cualquier otra ciudad venezolana, determinados espacios públicos de las ciudades de acogida comenzaban también a formar parte de la vida política y afectiva de la diáspora.

Aprender incluso a pedir un café

Integrarse en una nueva ciudad también está hecho de pequeñas cosas.

Incluso pedir un café.

Málaga tiene su propio vocabulario para distinguir las diferentes proporciones de café y leche.

Para un recién llegado puede resultar desconcertante descubrir nombres y costumbres que todo el mundo a su alrededor parece entender perfectamente.

Son detalles pequeños.

Pero la migración está llena precisamente de ellos.

Aprender palabras.

Comprender horarios.

Descubrir cómo se mueve la ciudad.

Entender qué significa aquello que para quienes nacieron allí resulta completamente cotidiano.

Poco a poco, lo desconocido comienza a convertirse en familiar.

Un refugio junto a la naturaleza

Durante el recorrido llegamos a un lugar especialmente importante para Julia.

Cuando acababa de llegar a España y atravesaba momentos de tristeza, nostalgia o incertidumbre, buscaba espacios donde pudiera sentirse tranquila.

Málaga le ofrecía parques, vegetación y lugares donde detenerse.

La naturaleza se convirtió en una especie de refugio.

Era una etapa difícil.

Había llegado sola con sus hijos y, aunque contaba con la ayuda fundamental de un amigo, estaba lejos de buena parte de su familia y tenía que comenzar prácticamente desde cero su incorporación laboral.

Aquel amigo se llamaba José Antonio.

Fue quien la recibió en Málaga y permitió que ella y sus hijos vivieran durante un año en su casa.

Julia habla de él con enorme agradecimiento.

Para ellos terminó convirtiéndose en familia.

José Antonio falleció posteriormente.

Durante nuestra conversación, Julia quiso aprovechar la oportunidad para agradecerle públicamente todo lo que había hecho por ella y sus hijos.

Hay personas que terminan formando parte del mapa emocional de una ciudad.

Para Julia, José Antonio quedó inevitablemente unido a Málaga y a aquella primera oportunidad de comenzar otra vez.

Las bicicletas y otra manera de moverse por Málaga

La ciudad también se descubre desplazándose.

Durante nuestro paseo encontramos las bicicletas públicas de Málaga, integradas entonces dentro del sistema de movilidad urbana.

Para Julia representaban otra de las formas sencillas de recorrer la ciudad.

Caminar, utilizar autobuses, bicicletas o desplazarse por el centro permitía experimentar Málaga de una manera muy distinta a la de las grandes ciudades donde las distancias condicionan buena parte de la vida cotidiana.

Esa escala relativamente accesible era otra de las características que había terminado valorando.

El Soho y una ciudad que transforma sus barrios

Otro punto de nuestro recorrido fue el Soho de Málaga.

Julia explica cómo aquella zona había atravesado un proceso de transformación urbana.

Nuevos establecimientos, intervenciones artísticas y murales comenzaron a cambiar la imagen de un barrio que durante años había tenido otra realidad.

El arte urbano pasó a formar parte de esa nueva identidad.

Para una comunicadora y diseñadora como Julia, resultaba especialmente interesante observar cómo una ciudad podía utilizar la creatividad para recuperar espacios.

Y había algo inevitablemente simbólico en aquello.

Mientras Málaga transformaba algunos de sus barrios, ella también estaba transformando su propia vida.

La Alameda y el camino hacia el mar

Nuestra caminata continúa por la Alameda Principal.

Cuando Julia llegó a Málaga, buena parte de aquella zona estaba inmersa en trabajos de remodelación.

Con el tiempo comenzó a abrirse nuevamente y a integrarse con el Paseo del Parque y el entorno portuario.

Desde allí, la ciudad conduce hacia el mar y hacia el Muelle Uno.

Era precisamente aquella cercanía con la costa una de las cosas que inicialmente habían atraído a Julia cuando, todavía desde Venezuela, buscaba información sobre Málaga sin haberla visitado nunca.

Dos años después ya no necesitaba conocerla mediante fotografías de internet.

Formaba parte de su vida.

¿Volverías a Venezuela?

Al final del episodio aparece la pregunta que atraviesa buena parte de las historias de Diáspora Venezolana.

Si Venezuela recuperara la democracia y las condiciones del país cambiaran, ¿volverías a vivir allí?

Julia responde que no.

No porque haya dejado de querer a Venezuela.

Tampoco porque no desee que el país se recupere.

La razón es otra.

La Venezuela en la que ella vivió, dice, ya no existe.

Conserva recuerdos, amistades y afectos, pero ha tomado la decisión de echar raíces en España para que sus hijos crezcan en una sociedad en la que puedan desarrollar con mayor libertad sus capacidades.

Su nostalgia mira hacia Venezuela.

Su proyecto de vida mira hacia Málaga.

Donde te encuentras bien, ahí está tu patria

Antes de despedirnos, Julia me entrega dos camisetas de Somos un Bochinche.

Una expresa el deseo de poder reencontrarse algún día con otra Venezuela.

La otra resume mucho mejor el momento que ella estaba viviendo.

«Donde te encuentras bien, ahí está tu patria».

Quizás esa frase explica buena parte de su historia.

Julia no llegó a Málaga porque hubiera soñado durante años con vivir allí.

Llegó porque alguien le tendió una mano.

Después caminó la ciudad.

Trabajó.

Crió a sus hijos.

Lloró.

Recordó Venezuela.

Creó nuevos proyectos.

Descubrió calles y plazas.

Y poco a poco empezó a echar raíces.

La ciudad que inicialmente era simplemente una posibilidad terminó convirtiéndose en el lugar donde decidió construir su futuro.

Ver episodio completo

Puedes ver el episodio completo con Julia Denise Alsina recorriendo Málaga en nuestro canal de YouTube.

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