Hay emigraciones que conducen hacia un país completamente desconocido y otras que, aun implicando distancia y ruptura, también tienen algo de regreso.
Para María Angelina Tomaz, mudarse de Venezuela a Portugal perteneció un poco a las dos cosas.
Había nacido y crecido en Caracas, pero su padre era portugués y desde niña aprendió a convivir con dos culturas. En casa se hablaba español, pero sus padres se preocuparon por que aprendiera portugués y pudiera comunicarse con sus abuelos y con el resto de su familia. Con el tiempo estudió el idioma, participó en asociaciones vinculadas a la comunidad portuguesa en Venezuela y fue construyendo una relación con Portugal mucho antes de imaginar que algún día terminaría viviendo allí.
Cuando finalmente llegó a finales de 2016 junto a su esposo, Luis Alfredo Peña, Lisboa no era exactamente una ciudad extraña.
Era también una parte de su historia.
Venezuela y Portugal desde la infancia
María Angelina recuerda con especial agradecimiento que sus padres nunca le hicieron escoger entre una identidad y otra.
Creció queriendo a Venezuela y a Portugal al mismo tiempo.
Su madre, venezolana, tuvo además un papel importante en ese vínculo. Quería que su hija dispusiera de herramientas para relacionarse con la familia portuguesa y por eso impulsó desde muy pequeña su aprendizaje del idioma.
Aquella decisión terminó teniendo consecuencias mucho mayores de las que podían imaginar entonces.
María Angelina fue incorporándose progresivamente a actividades de la comunidad portuguesa en Venezuela, conoció mejor sus tradiciones y desarrolló una cercanía con el país que no dependía solamente del origen familiar.
Portugal empezó a convertirse en un lugar al que quería venir.
Incluso antes de pensar seriamente en emigrar.
Una pregunta durante un viaje
La decisión comenzó a tomar forma durante una visita con Luis Alfredo.
Habían venido a conocer Portugal y, mientras recorrían el país, apareció una pregunta sencilla:
¿Qué pasaría si viviéramos aquí?
En Venezuela las condiciones se habían ido complicando y para ellos el problema ya no estaba únicamente en las oportunidades profesionales.
También buscaban calidad de vida.
Querían poder salir a la calle con tranquilidad, disfrutar de los espacios públicos y recuperar una sensación de seguridad y normalidad que sentían que habían perdido.
Portugal les ofrecía esa posibilidad.
A finales de 2016 decidieron instalarse definitivamente.
Llegar con los documentos preparados
La nacionalidad portuguesa de María Angelina facilitó buena parte del proceso, pero ella insiste en otro elemento que considera fundamental para quienes estén pensando en emigrar: organizar la documentación antes de viajar.
Su matrimonio con Luis Alfredo ya había sido registrado previamente ante las autoridades portuguesas.
Eso permitió que, cuando llegaron, el proceso de residencia de él estuviera mucho más encaminado.
Posteriormente Luis Alfredo también pudo acceder a la nacionalidad portuguesa.
La experiencia les enseñó que los procedimientos pueden tardar y que cada trámite tiene sus propios tiempos, pero llegar con los documentos preparados puede evitar muchas dificultades.
Empezar profesionalmente desde otro lugar
En Venezuela, María Angelina se había formado en Psicología y había trabajado en distintas áreas.
Tuvo experiencia en recursos humanos, trabajó en una fundación con personas con problemas de adicciones y también se desempeñó en psicología deportiva, un campo que considera especialmente apasionante.
En Portugal su trayectoria profesional comenzó de otra manera.
Encontró empleo en una empresa de call center, donde ha trabajado prácticamente desde su llegada.
No era el destino profesional que había imaginado, pero aquel trabajo les proporcionó algo fundamental durante los primeros años: estabilidad.
Les permitió organizar su vida, tener tranquilidad y alcanzar objetivos personales que en Venezuela se habían vuelto cada vez más difíciles.
Recuperar poco a poco su profesión
María Angelina no ha renunciado a ejercer nuevamente como psicóloga.
Uno de sus logros más importantes fue conseguir el reconocimiento de su licenciatura por parte de la Universidad de Lisboa.
El proceso no fue sencillo.
Le llevó tiempo y esfuerzo, pero obtener ese reconocimiento abrió nuevas posibilidades académicas y profesionales.
Todavía necesitaba cumplir otros requisitos para ejercer legalmente la psicología en Portugal, entre ellos continuar su formación y completar determinados procesos profesionales.
Pero haber conseguido que una institución portuguesa reconociera sus estudios representaba para ella un paso enorme.
También le permitía realizar cursos y recibir certificaciones con verdadero valor académico.
Su proyecto profesional, por tanto, no desapareció con la emigración.
Simplemente comenzó a reconstruirse a otro ritmo.
Lisboa desde la otra orilla
Nuestro recorrido comienza contemplando Lisboa desde el otro lado del Tajo, junto al Cristo Rei.
Desde allí se distingue el puente 25 de Abril y buena parte de la ciudad extendiéndose frente al río.
La conversación inevitablemente conduce hacia la historia portuguesa.
El puente, que durante la dictadura llevó otro nombre, terminó convirtiéndose también en uno de los símbolos vinculados al Portugal surgido después del 25 de abril de 1974.
María Angelina habla de la Revolución de los Claveles y de la importancia que aquella fecha conserva para los portugueses.
La historia tiene además una conexión directa con Venezuela.
Durante décadas, especialmente en momentos de dificultades económicas y políticas, miles de portugueses emigraron hacia América.
Venezuela fue uno de los países que recibió a buena parte de ellos.
La historia de María Angelina forma parte, en cierto sentido, de ese viaje de ida y vuelta: su padre pertenece a una familia vinculada a aquella emigración y décadas después ella recorrería el camino en dirección contraria.
Una ciudad de miradores y tejados rojos
Desde uno de los miradores de Lisboa, la ciudad aparece como una sucesión de tejados, iglesias, calles y colores.
María Angelina disfruta especialmente de esa imagen.
Habla de la luz de Lisboa, de sus azulejos y de una arquitectura que para ella forma parte del carácter de la ciudad.
Es también uno de los momentos en los que resulta evidente que Portugal nunca le resultó completamente ajeno.
Su portugués conserva incluso rasgos del norte del país, de donde procede su familia paterna.
Su padre es originario de una zona vinculada a Barcelos, en el distrito de Braga, y ella aprendió el idioma escuchando aquella forma de hablar.
Por eso, cuando conversa con portugueses, algunos detectan inmediatamente algo particular en su acento y le preguntan de dónde viene.
La respuesta no cabe en una sola ciudad.
Venezolana y portuguesa al mismo tiempo
María Angelina pasó más de treinta años de su vida en Venezuela.
No tiene intención de borrar esa parte de su identidad.
Su acento venezolano aparece inevitablemente cuando habla portugués, se le cruzan palabras y conviven en ella expresiones de ambos lugares.
Pero nunca ha sentido que tenga que escoger.
Se siente portuguesa y venezolana.
Y en su experiencia personal asegura no haber sufrido rechazo por su procedencia.
Por el contrario, recuerda a portugueses que se interesaban por la situación venezolana, preguntaban por familiares y amigos o intentaban comprender lo que estaba ocurriendo en el país.
Para ella, llegar a Portugal significó descubrir un lugar donde podía mantener las dos partes de su identidad sin sentir que una anulaba a la otra.
Luis Alfredo también hizo suyo Portugal
La relación de Luis Alfredo Peña con el país fue diferente.
Él no había crecido dentro de la cultura portuguesa, pero fue acercándose a ella a través de María Angelina y de su familia.
Aprendió el idioma, comenzó a interesarse por la historia y terminó desarrollando una relación propia con Portugal.
Ingeniero mecánico de profesión, también trabajaba en un call center cuando realizamos la entrevista.
Su mirada sobre el país es sencilla: lo considera un lugar con una enorme historia, mucha cultura y, sobre todo, un país amable.
La integración fue construyéndose poco a poco, primero desde la convivencia familiar y después desde la experiencia cotidiana de vivir allí.
Rua Augusta y la Baixa de Lisboa
Nuestro paseo continúa por uno de los corazones turísticos de la ciudad.
Rua Augusta conduce hacia Praça do Comércio y concentra buena parte del movimiento del centro de Lisboa.
En el suelo aparece otro de los elementos característicos del paisaje portugués: la calçada, formada por pequeñas piedras colocadas manualmente para construir dibujos y pavimentos que se repiten en calles y plazas de todo el país.
Caminar por esta zona permite entender también la relación de Lisboa con sus desniveles.
La ciudad obliga continuamente a subir y bajar.
De ahí que infraestructuras como el Elevador de Santa Justa, hoy convertidas también en atractivos turísticos, nacieran originalmente para resolver una necesidad cotidiana: conectar zonas situadas a diferentes alturas.
Lisboa no se contempla únicamente.
También se aprende caminándola.
Una ciudad construida sobre colinas
La geografía condiciona buena parte de la experiencia lisboeta.
Los miradores aparecen precisamente porque la ciudad asciende constantemente desde las zonas próximas al río.
Para quien la visita, esas subidas ofrecen algunas de sus imágenes más conocidas.
Para quien vive allí, forman parte de los desplazamientos cotidianos.
Elevadores, tranvías, calles empinadas y escaleras terminan formando parte de una manera particular de habitar la ciudad.
Durante nuestro recorrido, Lisboa funciona así como escenario y también como protagonista de la historia.
Mientras María Angelina y Luis Alfredo hablan de adaptación, identidad y pertenencia, la ciudad va mostrando las distintas capas de su propio pasado.
Portugal y el mar
La historia marítima portuguesa aparece inevitablemente durante el paseo.
Portugal construyó durante siglos una relación con el océano que dejó huellas en distintas partes del mundo.
Monumentos, plazas y figuras históricas recuerdan todavía esa época de navegaciones y expansión marítima.
También aparece la literatura.
Luís de Camões y Os Lusíadas forman parte de esa memoria cultural y de una identidad portuguesa profundamente relacionada con el mar, los viajes y los territorios situados más allá del horizonte.
Para una pareja de emigrantes, recorrer estos lugares introduce otra lectura posible.
Portugal fue durante siglos un país de partidas y llegadas.
Y ellos ahora forman parte de otra historia de movilidad humana.
Portugal como casa
María Angelina utiliza una expresión especialmente reveladora cuando habla de su experiencia:
estar en Portugal ha sido estar en casa.
No porque todo haya resultado sencillo.
Tuvo que encontrar trabajo, reconocer sus estudios, adaptarse a otros procedimientos y comenzar nuevamente una trayectoria profesional.
Pero culturalmente nunca sintió que hubiera llegado a un lugar completamente extraño.
Las comidas, el idioma, las tradiciones y muchas de las costumbres habían estado presentes desde su infancia.
Emigrar implicó alejarse de Venezuela, pero también acercarse a otra parte de sí misma.
¿Volverían a vivir en Venezuela?
Al final del recorrido aparece nuevamente la pregunta que acompaña muchas de las historias de Diáspora Venezolana.
¿Volverían algún día a vivir en Venezuela?
La respuesta de María Angelina está marcada por el tiempo.
Venezuela forma parte de su vida, de sus afectos y de sus recuerdos, pero después de varios años en Portugal también ha invertido tiempo en construir nuevas amistades, relaciones y proyectos.
Su vida actual está allí.
Volver a Venezuela para visitar a familiares y amigos sí forma parte de sus deseos y de sus planes.
Pero regresar definitivamente es otra cosa.
Luis Alfredo comparte una sensación parecida.
Recordar y agradecer lo vivido no significa necesariamente que el futuro tenga que construirse en el mismo lugar donde comenzó la historia.
Del otro lado del Atlántico
La historia de María Angelina tiene algo circular.
Durante décadas, Portugal vio partir a miles de ciudadanos hacia países como Venezuela en busca de nuevas oportunidades.
Allí nacieron hijos que crecieron escuchando portugués mientras construían una identidad profundamente venezolana.
Décadas después, algunos de esos hijos comenzaron a recorrer el Atlántico en dirección contraria.
María Angelina pertenece a esa generación.
Caracas forma parte de quien es.
Portugal también.
Y Lisboa terminó convirtiéndose en el lugar donde ambas identidades pudieron encontrarse.
Junto a Luis Alfredo, construyó allí una nueva vida que conecta dos países y dos historias migratorias.
Su emigración no fue únicamente una salida.
También fue, en cierta manera, un regreso.
Ver episodio completo
Puedes ver el episodio completo con María Angelina Tomaz y Luis Alfredo Peña recorriendo Lisboa en nuestro canal de YouTube.





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