Hay ciudades que uno visita y ciudades que terminan formando parte de quien uno es.

Para Patsy Montiel, Madrid pertenece claramente al segundo grupo.

Llegó el 23 de septiembre de 2001 con la intención de estudiar un máster durante un par de años. Dos décadas después, aquella estancia temporal se había convertido en una vida entera: estudios, trabajos, amistades, nacionalidad española, emprendimiento y un proyecto nacido precisamente de su curiosidad permanente por descubrir la ciudad.

Ese proyecto se llama Madrid Seduce.

Pero para entender cómo nació hay que volver al principio, cuando Patsy todavía miraba Madrid con los ojos de quien acaba de llegar.

De Caracas a Madrid

Patsy estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello y antes de emigrar trabajó como jefa de prensa del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela.

Su vida profesional estaba muy vinculada al periodismo, la cultura y el mundo audiovisual.

También había crecido en La Candelaria, uno de los barrios caraqueños históricamente asociados a la inmigración española. Gallegos, vascos, asturianos y otros europeos formaban parte del paisaje cotidiano de su infancia.

España, por tanto, no era completamente desconocida.

Madrid sí lo era.

Cuando llegó en 2001 lo hizo con una beca para cursar un máster en la Universidad Complutense. En principio serían solamente dos años.

Después llegaron otros estudios.

Luego un permiso de residencia.

Después el permiso de trabajo.

Y más tarde distintos empleos y la decisión de emprender.

La estancia temporal comenzó a convertirse poco a poco en hogar.

Una ciudad que cambió mientras ella también cambiaba

Veinte años permiten observar una ciudad desde una perspectiva poco habitual.

Patsy llegó a una España que todavía utilizaba la peseta. Vivió la llegada del euro, los atentados del 11 de marzo de 2004, distintos gobiernos y una profunda transformación de Madrid.

Para ella, uno de los cambios más evidentes ha sido la apertura de la ciudad.

Recuerda una capital mucho menos internacional que la actual, casi como un gran pueblo en comparación con la metrópoli cosmopolita en la que se ha convertido.

Hoy encuentra una ciudad multicultural, abierta a tendencias, gastronomías, culturas y personas procedentes de todo el mundo.

También ha observado de cerca el crecimiento de la comunidad venezolana.

Cuando llegó era difícil encontrar incluso productos venezolanos. Había pocos lugares donde comer una arepa y conseguir harina de maíz requería saber exactamente dónde buscar.

Los venezolanos eran todavía una presencia poco habitual.

Con los años fueron llegando distintas oleadas migratorias y, especialmente desde mediados de la década de 2010, esa presencia se volvió mucho más visible.

Restaurantes, profesionales, trabajadores y emprendedores venezolanos pasaron a formar parte de la vida cotidiana madrileña.

Cibeles y el Paseo del Prado

Para contar su historia, Patsy escoge algunos de los lugares con los que ha construido su propia relación con Madrid.

Uno de ellos es Cibeles.

El antiguo Palacio de Comunicaciones, el Paseo del Prado y el entorno de los grandes museos forman parte de sus primeros recuerdos de la ciudad.

El Prado, el Reina Sofía y el Thyssen estuvieron entre aquellas visitas iniciales con las que comenzó a descubrir Madrid.

Pero el vínculo fue creciendo.

Patsy ha recorrido esa zona innumerables veces: sola, acompañada, de día y de noche.

Desde allí puede acercarse además al Barrio de las Letras, otro de los espacios de Madrid con los que mantiene una relación especialmente cercana.

La ciudad dejó así de ser únicamente un conjunto de monumentos.

Comenzó a convertirse en una colección de experiencias personales.

Lo que se gana y lo que se pierde al emigrar

Veinte años fuera de Venezuela también significan veinte años de acontecimientos que ocurrieron sin ella.

Patsy no esconde esa dimensión de la emigración.

En Madrid construyó amistades, una familia elegida, una carrera profesional y nuevos proyectos. Su hermano también terminó viviendo en España y su sobrino nació aquí.

Ha amado, se ha desenamorado, ha vuelto a enamorarse y ha aprendido a entender una cultura que inicialmente no era la suya.

Pero al mismo tiempo reconoce todo aquello que dejó de compartir en Venezuela.

Momentos familiares.

Tiempo con sus padres.

Experiencias cotidianas.

La posibilidad de conocer más profundamente su propio país.

Para Patsy, la distancia se mide sobre todo a través de los afectos.

Y existe además una asignatura pendiente: utilizar parte de lo aprendido en España para desarrollar algún día un proyecto que también pueda aportar algo a Venezuela.

Una caraqueña que se volvió madrileña

Después de dos décadas, definir su identidad ya no resulta tan sencillo como escoger un solo lugar.

Patsy sigue hablando con el acento de Caracas, conserva sus referencias venezolanas y reconoce que cuando se relaciona con otros venezolanos existe un código cultural y emocional compartido.

Pero también se siente profundamente madrileña.

De allí surgió incluso una palabra utilizada entre amigos para describirla: “madrileña” y caraqueña al mismo tiempo.

Ella misma se define como una especie de gata adoptada.

Esa mezcla también aparece en sus relaciones personales. Después de haber tenido parejas venezolanas, españolas y de otras nacionalidades europeas, considera que el amor termina trascendiendo el pasaporte.

Lo que cambia son determinados códigos culturales.

Entre venezolanos puede existir una mayor cantidad de referencias compartidas desde el comienzo. Con personas de otras culturas aparecen otras formas de relacionarse, de entender la independencia o de construir los espacios individuales.

Pero después de tantos años en Madrid, esas diferencias también forman ya parte de su propia experiencia.

El nacimiento de Madrid Seduce

La curiosidad de Patsy por Madrid nunca desapareció.

Desde sus primeros años se dedicaba a buscar restaurantes, exposiciones, conciertos, actividades y lugares nuevos.

Con el tiempo terminó convirtiéndose en la persona a la que sus amigos acudían cuando querían saber qué hacer en la ciudad.

Hasta que alguien le hizo una pregunta inevitable:

¿Por qué no hacer algo con todo ese conocimiento?

La idea comenzó de una forma muy sencilla.

Durante un período sabático creó una cuenta de Twitter desde la que compartía fotografías, impresiones, recomendaciones y artículos relacionados con Madrid.

Necesitaba un nombre.

Pensó en distintos verbos que pudieran definir su relación con la ciudad: Madrid inspira, Madrid enamora…

Finalmente encontró el que mejor expresaba lo que sentía.

Madrid Seduce.

Porque la seducción, explica, contiene esa combinación de curiosidad y deseo de continuar descubriendo algo.

La cuenta comenzó a crecer.

Después llegaron las peticiones de seguidores que querían textos más extensos y recomendaciones.

En 2014 nació finalmente la plataforma completa, con blog y presencia en diferentes redes sociales.

Madrid Seduce dejó de ser una cuenta personal y comenzó a transformarse en un proyecto profesional.

La venezolana detrás de Madrid Seduce

Durante años ocurrió algo curioso.

Muchas personas seguían Madrid Seduce sin saber que detrás del proyecto había una venezolana.

Algunos imaginaban que lo gestionaba un madrileño. Otros pensaban que se trataba de un equipo.

Cuando descubrían a Patsy en una entrevista o escuchaban su voz, aparecía con frecuencia la sorpresa.

Pero precisamente ahí reside una de las particularidades del proyecto.

Madrid Seduce es una mirada sobre la ciudad construida por alguien que llegó desde fuera y terminó haciéndola también suya.

Una persona que conserva la espontaneidad y las referencias de Caracas mientras incorpora el lenguaje, el humor y la cultura madrileña.

Después de veinte años, las dos identidades ya no necesitan competir.

Conviven.

Cinco maneras de descubrir Madrid

Cuando le preguntan qué debería hacer alguien que visita Madrid, a Patsy le resulta difícil reducir la ciudad a solamente cinco recomendaciones.

Pero termina aceptando el reto.

Propone caminar por el Retiro, especialmente durante el otoño.

Contemplar un atardecer desde el Templo de Debod o el parque de las Siete Tetas, en Vallecas.

Visitar los grandes museos del eje del Prado.

Descubrir la gastronomía y la vida nocturna de barrios como Letras, Chueca o el entorno de Gran Vía.

Y finalmente hacer algo todavía más sencillo:

Salir sin rumbo.

Perderse por Madrid.

Caminar por un barrio sin un plan determinado y dejar que sea la propia ciudad la que sorprenda.

Quizá esa última recomendación explique mejor que ninguna otra cómo nació Madrid Seduce.

Dos lugares que son casa

Patsy no se imagina actualmente regresando de manera definitiva a Venezuela.

Pero tampoco habla en términos absolutos.

Sí se ve desarrollando algún día proyectos relacionados con el turismo venezolano y aportando parte de todo lo aprendido durante estas décadas.

Y sobre todo desea recuperar la posibilidad de relacionarse con Venezuela con naturalidad.

Viajar cuando quiera.

Pasar temporadas.

Tener quizá un lugar propio al otro lado del Atlántico.

Regresar a Madrid.

Hacer convivir los dos países sin necesidad de escoger uno contra el otro.

Después de veinte años, Madrid es hogar.

Pero Venezuela continúa siéndolo también.

Quizá por eso, cuando Patsy regresa a la capital después de un viaje, reconoce inmediatamente una sensación particular.

La de volver a su elemento.

La de estar nuevamente en casa.

Para ella, Madrid ya no es simplemente una ciudad.

Es cultura, gastronomía, encuentros, oportunidades y personas procedentes de muchos lugares que aprenden a convivir en un mismo espacio.

Es expansión.

Es una forma de vivir.

Y, después de veinte años dejándose sorprender por sus calles, sigue consiguiendo algo que explica perfectamente el nombre de su proyecto:

Madrid todavía la seduce.

Deja un comentario

recomendados

Descubre más desde Diáspora Venezolana

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo