La historia de Ximena en España no comenzó en Cuenca. Antes hubo Barcelona, un regreso a Venezuela, Madrid, trabajos muy distintos, reinvención profesional y varios momentos en los que fue necesario comenzar otra vez.

Pero después de tantos cambios encontró en esta pequeña ciudad de Castilla-La Mancha algo que las grandes capitales no le habían dado de la misma manera: tranquilidad, cercanía con su familia y la posibilidad de construir una vida a otro ritmo.

Ximena es venezolana, originaria de Barquisimeto, y su relación con España comenzó años antes de instalarse definitivamente en Cuenca.

De Barquisimeto a Barcelona

En 2009 llegó a España para continuar sus estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona. Permaneció casi tres años en Cataluña, donde también aprendió catalán y vivió una primera experiencia que recuerda con cariño.

A finales de 2011 regresó a Venezuela.

La intención era continuar allí su camino, pero la realidad que encontró fue diferente de la que esperaba. Después de pasar 2012 en el país y tratar de avanzar con su formación académica, terminó regresando a España.

En 2014 tomó una decisión que cambiaría definitivamente su historia: permanecer en el país y solicitar protección.

Poco después dejó Cataluña para trasladarse a Madrid, donde pasó siete meses en un centro de refugiados en Alcobendas.

Comenzaba así una nueva etapa.

Madrid y la necesidad de reinventarse

Ximena vivió casi cinco años en Madrid.

De la capital recuerda especialmente su carácter cosmopolita, el transporte, la seguridad y la facilidad con la que sintió que podía integrarse como latinoamericana.

También fue allí donde experimentó una de las realidades más habituales de la emigración: comenzar trabajando en aquello que aparece antes de poder acercarse nuevamente a la profesión.

Ximena es periodista, pero sus primeros empleos en Madrid no estuvieron relacionados con el periodismo. Trabajó, entre otras cosas, cuidando personas mayores hasta que poco a poco pudo acceder a empleos de oficina y comenzar a orientarse también hacia la informática.

El periodismo, sin embargo, nunca desapareció completamente.

Internet, los blogs, el vídeo y las nuevas formas de publicación le permitieron continuar vinculada con la comunicación mientras exploraba otras áreas profesionales.

Esa capacidad para cambiar y adaptarse terminaría siendo una de las ideas centrales de su experiencia como migrante.

De Madrid a Cuenca

La pandemia volvió a modificar sus circunstancias.

Con la expansión del teletrabajo comenzó a visitar con mayor frecuencia a su familia en Cuenca. Su hermano ya se había establecido en la ciudad junto a su esposa y, con el tiempo, otros miembros de la familia también terminaron viviendo allí.

Entonces apareció una posibilidad que antes habría sido mucho más difícil: si podía trabajar a distancia, ya no necesitaba permanecer en Madrid.

Y decidió mudarse.

A diferencia de sus comienzos anteriores, esta vez no llegaba completamente sola. Tenía familia, conocidos y referencias que facilitaron la búsqueda de vivienda y la adaptación.

Cuenca empezó a convertirse en casa.

Vivir sin la prisa de una gran ciudad

Después de haber vivido tanto en Barcelona como en Madrid, Ximena puede comparar dos de las ciudades más grandes de España con una capital de provincia mucho más pequeña.

Y precisamente ahí encuentra uno de los mayores atractivos de Cuenca.

La describe como una ciudad tranquila y segura, rodeada de naturaleza y con un ritmo de vida considerablemente más pausado.

Aquí, cuenta, no existe la misma prisa que en Madrid. La gente dispone de más tiempo para conversar y quienes trabajan atendiendo al público están acostumbrados a recibir visitantes por el peso que tiene el turismo en la ciudad.

Incluso encuentra cierta familiaridad en la forma de hablar. Algunas palabras que prácticamente había dejado de escuchar durante sus años en Madrid reaparecieron al llegar a Castilla-La Mancha.

Una de ellas fue una expresión tan cotidiana para un latinoamericano como “muchacha”.

Pequeños detalles que también pueden hacer que un lugar lejano resulte un poco más cercano.

Cuenca desde sus paisajes

Durante el recorrido, Ximena muestra uno de los espacios más reconocibles de la ciudad.

El Puente de San Pablo, las Casas Colgadas y el casco antiguo permiten comprender por qué Cuenca posee una relación tan estrecha con su paisaje.

La ciudad histórica parece levantarse directamente sobre las paredes rocosas que la rodean.

Esa combinación de patrimonio y naturaleza es también una de sus principales fuentes de turismo.

Cuenca recibe visitantes durante todo el año y su entorno atrae además a quienes practican escalada, senderismo, kayak y otras actividades al aire libre.

En verano incluso existe una particular versión conquense de la playa: espacios junto al río y piscinas naturales donde los habitantes pueden refugiarse del calor.

No hay mar, pero sí maneras de refrescarse.

Una ciudad tranquila, pero con sus limitaciones

Ximena tampoco idealiza su nueva ciudad.

Cuenca no ofrece el mismo mercado laboral que Madrid. Tiene menos industria y buena parte de su actividad está vinculada a los servicios y al turismo.

Para determinadas profesiones, vivir allí puede resultar más complicado si no existe la posibilidad de teletrabajar.

La movilidad también cambia.

En una ciudad pequeña se puede caminar mucho, pero la frecuencia del transporte público no es comparable con la de una gran capital. Ximena y su madre terminaron comprando un pequeño coche de segunda mano para facilitar sus desplazamientos.

Son parte de las decisiones prácticas que acompañan cualquier cambio de ciudad.

Porque emigrar, incluso después de muchos años fuera de Venezuela, continúa siendo un ejercicio permanente de adaptación.

Aprender algo más que una profesión

Después de haber comenzado varias veces desde cero, Ximena tiene un consejo muy concreto para quienes estén pensando en emigrar: no depender exclusivamente de una carrera universitaria.

Recomienda aprender algún oficio o desarrollar una habilidad que pueda convertirse en una fuente de ingresos mientras llega el empleo deseado.

Cocinar, hacer repostería, coser, cuidar personas, trabajar con niños, aprender idiomas, manejar herramientas informáticas o adquirir capacidades que puedan utilizarse a distancia son algunas de las posibilidades que menciona.

La idea no es abandonar una profesión.

Es ampliar las herramientas disponibles.

La emigración, explica, obliga muchas veces a relacionarse con otras culturas laborales, aceptar temporalmente trabajos distintos y desprenderse de algunas expectativas.

Para ella, la capacidad de adaptación puede resultar tan importante como el título profesional que alguien lleve en la maleta.

Venezuela desde la distancia

Su relación con Venezuela también ha cambiado con el paso de los años.

Ximena afirma que continúa amando profundamente a su país, pero ha aceptado una realidad: su vida cotidiana está ahora en España.

Sus decisiones actuales tienen que ver con el lugar donde vive, con el precio del supermercado, el combustible, el trabajo y el futuro que está construyendo.

Eso no significa renunciar a Venezuela.

Significa reconocer que la distancia también modifica la manera de relacionarse con el país que se dejó atrás.

Sobre la posibilidad de regresar definitivamente, su respuesta está condicionada por algo que considera fundamental: la seguridad.

Volvería a visitar Venezuela cuando pueda hacerlo con la tranquilidad de que tanto ella como las personas que la acompañen puedan desplazarse sin miedo.

Mientras eso no ocurra, no está dispuesta a poner en riesgo la vida que ha construido ni la seguridad de quienes quiere únicamente por recuperar aquello que dejó atrás.

Hacer de otro lugar tu presente

Ximena ha vivido diferentes versiones de España.

La Cataluña de sus años de estudiante. El Madrid de los primeros empleos y la reinvención. Y ahora la tranquilidad de Cuenca.

Cada ciudad corresponde también a una etapa distinta de su propia vida.

Su historia demuestra que emigrar no siempre consiste en abandonar un país y llegar definitivamente a otro lugar.

A veces hay muchos destinos intermedios.

Hay regresos, cambios profesionales, ciudades que funcionan durante algunos años y otras que terminan convirtiéndose inesperadamente en hogar.

Hoy, cuando Ximena habla de Cuenca, ya no habla solamente del sitio donde vive su familia.

Habla del lugar donde ha decidido vivir su presente.  

 

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