Emigrar también significa comenzar de nuevo. Para Daniel y Ariadna, instalarse en Londres vino acompañado de una idea bastante clara: querían crear algo propio.
Inicialmente pensaron en vender hamburguesas, pero pronto descubrieron que se trataba de un mercado con mucha competencia. Fue entonces cuando decidieron cambiar de rumbo y apostar por un producto mucho más sencillo en apariencia: el perro caliente.
La diferencia estaría en los sabores.
Así nació Oprhas Gourmet Hot Dogs, una propuesta que buscaba transformar el clásico hot dog combinando ingredientes y referencias gastronómicas de distintos lugares del mundo con sabores muy vinculados a Venezuela.
Para buena parte del público británico, acostumbrado a pensar en el hot dog como una salchicha dentro de un pan acompañada de unas pocas salsas, aquellas combinaciones resultaban inesperadas.
Carne mechada, plátano, queso amarillo o las inevitables papitas ralladas venezolanas formaban parte de una propuesta pensada precisamente para provocar esa sorpresa.
Daniel y Ariadna recuerdan que muchas personas se acercaban con cierta curiosidad, probaban pequeñas muestras y descubrían sabores que no esperaban encontrar en un perro caliente.
Un viaje a través de los sabores
La idea del menú era crear perros calientes inspirados en distintos lugares.
Había propuestas con ingredientes relacionados con Nueva York, México o Francia: bacon, guacamole, chipotle o blue cheese convivían con ingredientes que remitían directamente a la cocina venezolana.
Ese cruce cultural era precisamente la esencia del proyecto.
Incluso cuando el perro caliente representaba otro país o una ciudad determinada, aparecía algún pequeño guiño venezolano: carne mechada, plátano o papitas ralladas.
Estas últimas llegaron incluso a delatar el origen de sus creadores. Daniel y Ariadna recuerdan a un cliente venezolano que, al descubrirlas entre los ingredientes, prácticamente no tuvo dudas: detrás de aquel negocio tenía que haber venezolanos.
Emprender lejos de Venezuela
Cuando se realizó esta entrevista, el negocio llevaba apenas cinco meses funcionando.
Sus propietarios aseguraban que la respuesta del público había superado sus expectativas y ya pensaban en incorporar nuevos sabores, participar en festivales de comida callejera y llevar el concepto a otros mercados.
También tenían pendiente una creación especialmente importante: un perro caliente que representara directamente a Venezuela.
Detrás del entusiasmo, sin embargo, había mucho trabajo.
Daniel y Ariadna describían el proyecto como una idea que les había costado “sudor y lágrimas”, pero que habían conseguido sacar adelante.
Una historia pequeña dentro de la enorme diáspora venezolana, pero también una muestra de algo que se repite en muchos destinos: emigrar, adaptarse al nuevo lugar y, al mismo tiempo, encontrar maneras de conservar y compartir un poco de Venezuela.





Deja un comentario