Roma puede resultar abrumadora para quien la visita por primera vez. En pocas calles se acumulan siglos de historia, iglesias, fuentes, plazas, ruinas, música, gastronomía y una vida cotidiana que convive con algunos de los monumentos más conocidos del mundo.
Para Marinellys Tremamunno, sin embargo, Roma significa algo más.
Es la ciudad en la que comenzó nuevamente después de dejar Venezuela, atravesó los años difíciles de cualquier proceso migratorio y consiguió recuperar aquello que había formado parte esencial de su vida profesional: el periodismo.
Nuestro recorrido comienza en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, precisamente uno de los lugares donde esa nueva etapa profesional terminó consolidándose.
De Caracas y San Antonio de los Altos a Roma
Marinellys nació en Caracas, aunque también se siente profundamente vinculada a San Antonio de los Altos.
Allí había construido buena parte de su vida profesional y tenía un periódico llamado Tras la Noticia, que mantuvo durante seis años de circulación ininterrumpida.
Era más que un trabajo. Era su empresa y su proyecto de vida.
Pero la situación venezolana comenzó a hacer cada vez más difícil mantenerlo.
Marinellys recuerda especialmente un acontecimiento que terminó influyendo en su decisión de marcharse: el cierre de decenas de emisoras de radio en Venezuela. Para una periodista que ya atravesaba dificultades económicas con su propio medio, aquel episodio representó una señal de que el escenario estaba cambiando profundamente.
Poco después, mientras caminaba por un centro comercial de San Antonio de los Altos, vio una agencia de viajes.
Y tomó una decisión.
Compró un pasaje a Italia.
Inicialmente iba de vacaciones.
Tres semanas terminarían cambiándole la vida.
Un viaje que terminó convirtiéndose en emigración
Marinellys no salió de Venezuela con un plan perfectamente diseñado para instalarse definitivamente en Roma.
Llegó, evaluó sus posibilidades y descubrió que podía resolver el proceso relacionado con su nacionalidad.
Entonces decidió quedarse.
Desde Italia llamó a su familia para comunicarles que no regresaría y comenzó a organizar a distancia el cierre definitivo de aquel periódico que había formado parte de su vida durante años.
La decisión no fue sencilla.
Ella misma distingue entre emigrar por el deseo de vivir una experiencia en otro país y hacerlo porque las circunstancias terminan empujándote a abandonar un proyecto que todavía querías conservar.
En su caso hubo dolor, incertidumbre y una ruptura profesional importante.
Pero también comenzó una nueva historia.
Una periodista venezolana en el Vaticano
Cuando nos encontramos para recorrer Roma, Marinellys había conseguido regresar plenamente al periodismo.
Y lo había hecho desde un escenario difícil de imaginar cuando compró aquel pasaje de vacaciones.
Estaba acreditada como periodista ante la Santa Sede y trabajaba como corresponsal para medios mexicanos, siguiendo acontecimientos relacionados con el Vaticano y también con Venezuela.
Nuestra conversación comienza precisamente en la Plaza de San Pedro.
Desde allí explica cómo se organizan las audiencias públicas, las zonas destinadas a los fieles y los espacios reservados para periodistas y fotógrafos.
También nos muestra el gran columnado que rodea la plaza y uno de los accesos al Vaticano, custodiado por la Guardia Suiza.
Para alguien que había tenido que cerrar su propio periódico y comenzar nuevamente en otro país, trabajar como periodista desde aquel lugar tenía un significado especial.
Roma se había convertido en la ciudad de su consolidación profesional.
Emigrar también fue desaparecer durante un tiempo
Llegar hasta allí no fue inmediato.
Marinellys cuenta que sus primeros años fuera de Venezuela fueron muy diferentes.
A pesar de tener una larga trayectoria periodística, al emigrar tuvo que realizar otros trabajos y comenzar prácticamente desde el anonimato.
También tuvo que aprender italiano y adaptarse a una cultura nueva.
Su experiencia desmonta una idea frecuente entre quienes emigran con una profesión consolidada: que el currículum acumulado en Venezuela necesariamente permitirá continuar inmediatamente desde el mismo punto en otro país.
Muchas veces no ocurre así.
Marinellys tuvo que atravesar una etapa de adaptación y sacrificio antes de regresar al periodismo.
Por eso, cuando habla con otros venezolanos que están comenzando una vida fuera del país, insiste en no perder de vista los objetivos profesionales aunque el camino inicial sea muy diferente al imaginado.
Para ella, avanzar significó trabajar con metas pequeñas hasta poder reconstruir un proyecto mayor.
Roma desde la Plaza de San Pedro
El recorrido permite descubrir también una ciudad que Marinellys ya conoce desde la experiencia cotidiana.
En el Vaticano nos habla de las estrictas medidas de seguridad, de los controles para acceder a la Plaza de San Pedro y de algunos personajes curiosos que forman parte de la rutina del barrio.
Son pequeñas historias que difícilmente aparecen en una guía turística, pero que terminan formando parte de la relación que una persona construye con la ciudad donde vive.
Marinellys ya no observa Roma únicamente como visitante.
La conoce desde sus hábitos y sus personajes.
Pizza al taglio y la Roma cotidiana
Muy cerca del Vaticano aparece también otra parte indispensable de la experiencia romana: la comida.
Marinellys nos presenta la pizza al taglio, una de esas soluciones sencillas que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad.
La pizza se ofrece por porciones y permite escoger distintos sabores según la cantidad que cada persona quiera comer.
Es una forma de acercarnos a una Roma distinta a la de las grandes postales.
Porque vivir en una ciudad no significa únicamente visitar sus monumentos.
También significa saber dónde comer, cómo desplazarse, qué calles recorrer y cuáles son esos pequeños hábitos que poco a poco dejan de parecer extranjeros.
Una ciudad donde el arte aparece en cualquier esquina
Mientras seguimos caminando, la música se convierte en parte del episodio.
En Roma es frecuente encontrarse artistas callejeros interpretando música clásica, rock u otros géneros en plazas y calles.
Marinellys lo resume de una forma muy sencilla: en Roma se respira arte.
La frase encaja con una ciudad donde la historia y la creación artística aparecen prácticamente a cada paso.
No hace falta entrar en un museo para encontrarse con ellas.
Pueden surgir en una plaza, frente a una fuente o en la interpretación improvisada de un músico que convierte durante unos minutos una calle cualquiera en escenario.
La relación particular de Roma con el Vaticano
Vivir tan cerca del Vaticano también cambia la manera de percibirlo.
Marinellys explica que, desde América Latina, la institución puede observarse con una cierta distancia que contribuye a idealizarla.
Los romanos viven otra realidad.
El Vaticano forma parte de su entorno cotidiano y, precisamente por esa cercanía, la relación puede resultar más crítica.
Los habitantes de la ciudad conocen las discusiones políticas, económicas y sociales relacionadas con la institución y no necesariamente viven la religión de la manera que un extranjero podría imaginar al pensar en Roma como centro del catolicismo.
Para Marinellys, esa convivencia permite observar el Vaticano desde una dimensión mucho más humana y cotidiana.
Plazas llenas de vida
El paseo continúa por una Roma donde las plazas funcionan como escenarios permanentes.
Artistas plásticos, músicos, cantantes y acróbatas encuentran en ellas un espacio para trabajar y encontrarse con quienes recorren la ciudad.
En una de esas plazas aparece también el Instituto Cervantes, otra conexión con el mundo hispanoamericano dentro de Roma.
Fuentes, esculturas y edificios históricos convierten el recorrido en una sucesión constante de referencias culturales.
Pero Marinellys no habla de Roma como si fuese un museo.
Habla de una ciudad viva.
Una ciudad fascinante y, al mismo tiempo, profundamente caótica.
Esa contradicción forma parte de la manera en que la define.
Mirar Italia con ojos venezolanos
Vivir fuera también significa observar el país de acogida utilizando inevitablemente parte de la experiencia adquirida en el lugar de origen.
Marinellys reconoce que determinados elementos de la situación italiana de aquel momento le recordaban la Venezuela de las décadas anteriores a la gran crisis.
Percibía descontento político, frustración con los servicios públicos, impuestos elevados y una sociedad cansada de los partidos tradicionales.
Su experiencia venezolana hacía que observara esos síntomas con preocupación.
No pretendía equiparar ambos países.
Lo que le inquietaba era otro fenómeno: la posibilidad de que un profundo malestar social pudiera abrir espacio a discursos políticos capaces de canalizar el voto de castigo sin necesariamente ofrecer soluciones.
Era una venezolana interpretando Italia también a partir de aquello que había vivido antes de marcharse.
Comer como un romano
Nuestro recorrido tiene también una parada gastronómica.
Marinellys nos lleva a Trattoria Vecchia Roma, uno de esos lugares que conoció gracias a un romano y al que suele llevar a familiares y amigos que la visitan.
Para ella, una de sus virtudes es precisamente que no está pensado únicamente para turistas.
Allí aparecen algunos sabores propios de la cocina romana.
Nos muestra cómo se termina una pasta dentro de una gran pieza de queso y explica ingredientes característicos como el guanciale, utilizado en platos tradicionales de Roma.
La gastronomía vuelve a servir como otra puerta de entrada a la ciudad.
Conocer Roma también significa aprender a comerla.
Roma como consolidación
Después de recorrer la ciudad le pregunto directamente qué significa Roma para ella.
Su respuesta permite entender todo lo anterior.
Profesionalmente, Roma representa la consolidación.
Personalmente, representa la adaptación plena como venezolana en el exterior.
Llegar hasta allí exigió años de aprendizaje.
No aterrizó en Italia como corresponsal acreditada ante el Vaticano.
Antes hubo trabajos diferentes, anonimato, idioma, esfuerzo y la necesidad de demostrar nuevamente sus capacidades.
Por eso su mensaje para otros emigrantes no está construido desde la idea de que todo terminará resolviéndose automáticamente.
Su experiencia dice otra cosa: es difícil, pero se puede avanzar si se mantienen claros los objetivos y se acepta que el camino puede estar compuesto por muchas etapas.
El periodismo como manera de seguir ayudando a Venezuela
Marinellys cree además en la existencia de un propósito.
Desde Roma encontró una manera de mantener su profesión conectada con Venezuela.
Su trabajo periodístico le permitió explicar acontecimientos relacionados con el país desde un lugar especialmente relevante como el Vaticano y ayudar a que determinadas historias tuvieran mayor difusión.
Pero no considera que contribuir con Venezuela sea responsabilidad exclusiva de periodistas, políticos o personas con cargos importantes.
Para ella, cada venezolano en el exterior puede aportar desde su propia realidad.
Explicando lo que ocurre, representando dignamente al país, respetando las normas de la sociedad que lo recibe y actuando con responsabilidad en la vida cotidiana.
La diáspora, desde esa perspectiva, también tiene una responsabilidad con la imagen de Venezuela que transmite al mundo.
La Fontana di Trevi y una moneda que funcionó demasiado bien
Hay lugares en Roma que parecen imposibles de evitar.
La Fontana di Trevi es uno de ellos.
Para Marinellys es uno de los puntos más monumentales de la ciudad y uno de los grandes símbolos de esa Roma cinematográfica asociada a La dolce vita.
De noche, el ambiente cambia.
La fuente adquiere una dimensión más romántica y la iluminación transforma por completo el espacio.
Marinellys había estado allí años antes.
Como tantos visitantes, lanzó una moneda a la fuente siguiendo la tradición que promete el regreso a Roma.
Lo hizo sin imaginar lo que ocurriría después.
Volvió.
Pero no como turista.
Terminó viviendo allí.
¿Volverías a Venezuela?
Al terminar el recorrido llega nuestra pregunta habitual.
¿Volvería a vivir en Venezuela?
Esta vez la respuesta no deja demasiadas dudas.
Sí.
Para Marinellys, Venezuela sigue siendo su hogar, su familia y su casa.
Roma representa una etapa fundamental de su vida y el lugar donde consiguió reconstruirse profesionalmente, pero eso no sustituyó el vínculo con el país donde nació.
Está convencida de que muchos venezolanos que viven fuera regresarían si las condiciones lo permitieran.
Mientras tanto, considera que quienes forman parte de la diáspora tienen que continuar acompañando al país desde donde estén.
Su mensaje final para quienes permanecen en Venezuela es de fuerza y esperanza, pero también de responsabilidad.
Confía en que aquel momento difícil terminará pasando y espera que la experiencia también sirva para construir una sociedad diferente.
Roma le permitió volver a encontrarse profesionalmente.
Pero Venezuela nunca dejó de ser el lugar al que quisiera volver.
Ver episodio completo
Puedes ver el episodio completo con Marinellys Tremamunno recorriendo Roma en nuestro canal de YouTube.





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