Hay emigraciones que comienzan el día en que se compra un billete de avión.
Y hay otras que, de alguna manera, empiezan muchos años antes.
La de Belkys Martínez pertenece al segundo grupo.
Odontóloga venezolana con una extensa trayectoria profesional en Caracas, comenzó a preparar los documentos para poder ejercer en España mucho antes de tomar realmente la decisión de marcharse.
Su título estaba homologado desde 2011.
Pero ella todavía no quería emigrar.
Pasarían varios años hasta que, en febrero de 2018, finalmente aterrizara en Madrid.
Después vendrían Tarragona, Cambrils, Andalucía, Marbella y nuevamente Madrid.
Un recorrido profesional y personal que terminaría llevándola hasta Smile Art Clínica Dental, en San Sebastián de los Reyes.
Para Belkys, tener nuevamente una clínica propia significaba algo más que abrir un negocio.
Era recuperar, en otro país, una parte importante de la vida profesional que había construido durante décadas en Venezuela.
Una odontóloga formada en Venezuela
Belkys nació en Maracay.
A los 16 años se trasladó a Caracas para estudiar odontología en la Universidad Central de Venezuela.
Aquella mudanza fue, como ella misma recuerda, una especie de primera emigración interna.
Después de graduarse comenzó una larga carrera profesional.
Trabajó durante más de diez años en el Multicentro Empresarial del Este, junto a un profesor de la universidad.
Más adelante decidió independizarse y pasó a formar parte de una clínica en La Sanatrix, en Caracas, donde desarrolló durante aproximadamente veinte años una parte fundamental de su trayectoria.
Su vida profesional estaba construida.
Tenía pacientes.
Experiencia.
Una clínica.
Y durante mucho tiempo no veía motivos suficientes para empezar de nuevo.
Los documentos que esperaron casi una década
La idea de preparar una posible salida de Venezuela apareció, sin embargo, mucho antes.
Belkys recuerda especialmente una conversación ocurrida en 2002, durante el paro petrolero.
Uno de sus pacientes había emigrado de Cuba siendo muy joven, se había graduado posteriormente de médico en Venezuela y había formado allí su familia.
Al observar lo que estaba ocurriendo en el país le hizo una recomendación que Belkys no olvidaría:
preparar sus documentos para poder marcharse si algún día lo necesitaba.
Ella no tenía intención de emigrar.
Pero le hizo caso.
Comenzó a organizar los papeles.
Pasaron los años.
Finalmente los presentó en España en 2010.
Y el 11 de abril de 2011 obtuvo la homologación de su título de odontóloga.
Tenía entonces una puerta abierta.
Pero decidió no cruzarla todavía.
Su clínica en Caracas funcionaba y Belkys seguía sintiendo que su vida estaba allí.
La documentación quedó preparada.
Esperando.
Febrero de 2018
Siete años después de obtener la homologación, la realidad había cambiado.
Belkys decidió finalmente emigrar.
Llegó a España el 23 de febrero de 2018.
Lo hizo sola inicialmente y con una diferencia fundamental respecto a muchos otros profesionales que llegan al país:
ya podía ejercer su profesión.
También contaba con ciudadanía europea y llegó a Madrid para recoger su pasaporte italiano.
En pocas semanas comenzó a resolver los trámites necesarios.
Y apareció una oportunidad laboral.
No estaba en Madrid, que era la ciudad en la que inicialmente quería quedarse.
Estaba en Tarragona.
A veces, recuerda, una cosa es lo que queremos y otra la oportunidad que realmente aparece.
Decidió aceptarla.
El 4 de abril de 2018, fecha en la que inicialmente pensaba regresar a Venezuela, comenzó a trabajar como odontóloga en España.
Tarragona como aprendizaje
Belkys vivía en Tarragona y trabajaba en Cambrils.
Permaneció allí alrededor de un año y ocho meses.
La experiencia fue importante no únicamente porque le permitió seguir ejerciendo, sino porque le enseñó cómo funcionaba la odontología en España.
Los protocolos.
La relación con los pacientes.
La organización de las clínicas.
El mercado.
La tecnología disponible.
Había llegado con décadas de experiencia profesional, pero eso no significaba que no tuviera que aprender cómo funcionaba su profesión dentro de un sistema nuevo.
Esa capacidad de adaptación se convertiría en una constante durante los siguientes años.
Una familia repartida entre varios países
La emigración de Belkys tampoco ocurrió simultáneamente para toda la familia.
Su hija se encontraba en Estados Unidos.
Su esposo, también odontólogo, continuó inicialmente en Venezuela terminando los tratamientos de los pacientes que ambos habían dejado allí.
Durante un tiempo viajaba entre Venezuela y España.
Hasta que finalmente, en junio de 2019, se quedó definitivamente.
Su título todavía se encontraba en proceso de homologación, por lo que posteriormente asumiría la gestión de la clínica mientras Belkys estaría al frente de la dirección odontológica.
Poco a poco, aquella vida que durante un tiempo había permanecido repartida entre varios lugares comenzaba a reorganizarse en España.
Tarragona, Motril, Mijas, Marbella…
Belkys no encontró inmediatamente el lugar definitivo.
Después de Tarragona apareció la posibilidad de seguir creciendo profesionalmente en Andalucía.
Se trasladó a Motril.
No terminó de sentirse cómoda y permaneció allí apenas un mes.
Después continuó hacia la zona de La Cala de Mijas y Fuengirola.
El recorrido seguía.
Hasta que llegó la pandemia.
Para entonces Belkys había tomado una decisión importante:
no quería continuar trabajando siempre como empleada.
Había pasado muchos años gestionando su propia actividad profesional en Venezuela.
Quería volver a ser independiente.
Quería tener nuevamente una clínica.
Una oportunidad en San Sebastián de los Reyes
Mientras continuaba colaborando profesionalmente en Marbella, Belkys revisaba las ofertas publicadas por el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid.
Uno de aquellos anuncios llamó su atención.
Se vendía una clínica dental en San Sebastián de los Reyes.
Contactó con la propietaria.
La pandemia había complicado la situación y la odontóloga que estaba al frente del establecimiento se encontraba ya en Estados Unidos.
Belkys comenzó hablando con su familia.
Después empezó a desplazarse a Madrid para atender a algunos pacientes de la clínica.
Conoció el establecimiento.
Conoció a los pacientes.
Y entonces planteó la pregunta definitiva:
¿qué hacemos con la clínica?
La respuesta terminó convirtiéndose en una negociación.
El 26 de octubre pasó oficialmente a sus manos.
Había vuelto a ser propietaria de una clínica dental.
Smile Art Clínica Dental
Belkys remodeló el establecimiento, adecuó las instalaciones y comenzó una nueva etapa bajo el nombre de Smile Art Clínica Dental.
Para ella era uno de sus grandes sueños.
No porque nunca hubiera tenido una clínica.
Precisamente porque ya sabía lo que significaba construir una carrera propia y había tenido que abandonar físicamente todo aquello al emigrar.
Ahora podía reconstruirlo.
Pero esta vez en España.
Su esposo asumió la gestión mientras avanzaba con la homologación de su propio título y Belkys quedó al frente de la dirección profesional.
Poco a poco comenzaron a llegar pacientes.
Españoles.
Venezolanos.
Colombianos.
Incluso personas procedentes del Reino Unido.
Y las reseñas positivas comenzaron a convertirse para ella en una confirmación especialmente valiosa:
su experiencia profesional también podía funcionar en el nuevo país.
¿Es diferente ejercer odontología en España?
Belkys tiene una respuesta bastante clara.
La odontología, en esencia, sigue siendo odontología.
Lo que cambia son determinados protocolos, procedimientos administrativos y formas de trabajar.
También encontró algo que valoraba especialmente:
un acceso amplio a tecnología y materiales odontológicos.
Su experiencia venezolana no desaparecía al cruzar una frontera.
Había que adaptarla.
Actualizarla.
Aprender nuevas reglas.
Pero el conocimiento acumulado seguía allí.
Ese equilibrio entre experiencia previa y adaptación al nuevo entorno fue una de las claves de su recorrido.
Abrir una clínica durante la pandemia
Smile Art comenzó además en un contexto especialmente complejo.
La pandemia de COVID-19 había cambiado por completo la relación entre pacientes y profesionales sanitarios.
En una consulta odontológica, donde el contacto es inevitablemente cercano, la seguridad adquiría todavía mayor importancia.
Belkys recuerda que la clínica aplicaba estrictamente las medidas correspondientes: desinfección, protección personal, gorros, cubrezapatos, batas desechables y nuevos protocolos de atención.
Paradójicamente, una época marcada por la incertidumbre fue también el momento en que decidió invertir y emprender.
Para ella aquello encajaba con una forma de pensar que había mantenido durante buena parte de su vida:
las crisis también pueden convertirse en oportunidades para cambiar y crecer.
La comunidad venezolana también llegó a la consulta
Entre sus nuevos pacientes empezaron a aparecer venezolanos residentes en Madrid.
Una de las primeras conexiones surgió a través de un grupo de venezolanos en San Sebastián de los Reyes.
Una paciente quedó satisfecha con la atención recibida y la recomendó dentro de la comunidad.
Después llegaron otros.
Algunos incluso desde zonas bastante alejadas de Madrid.
Para Belkys aquello tenía un significado especial.
No se trataba únicamente de atender compatriotas.
Era también sentir que podía poner nuevamente su profesión al servicio de personas que, como ella, habían tenido que reconstruir su vida fuera del país.
Pero el crecimiento de la clínica no dependía exclusivamente de la comunidad venezolana.
Las recomendaciones de pacientes españoles y de otras nacionalidades eran igualmente importantes.
Belkys estaba construyendo una nueva cartera profesional en España.
Ya no simplemente trabajando para una clínica ajena.
Sino creando nuevamente la suya.
Planificar antes de emigrar
Cuando se le pregunta qué recomendaría a otro odontólogo venezolano que quisiera establecerse en España, Belkys vuelve inevitablemente al comienzo de su propia historia.
Planificar.
Especialmente cuando se trata de una profesión regulada.
La homologación de su título había tardado años en convertirse en una herramienta realmente utilizada.
Pero cuando finalmente decidió emigrar, tener ese proceso terminado cambió completamente sus posibilidades.
No llegó teniendo que averiguar si algún día podría ejercer.
Llegó pudiendo buscar trabajo como odontóloga.
Por eso su historia también cuestiona una idea habitual sobre la emigración:
prepararse para marcharse no significa necesariamente que tengamos que hacerlo inmediatamente.
A veces simplemente significa construir una alternativa.
Belkys comenzó a preparar la suya en 2002.
Homologó su título en 2011.
Y emigró en 2018.
Dieciséis años separan la primera conversación de la decisión definitiva.
Volver a construir sin volver atrás
Durante un tiempo Belkys imaginó la posibilidad de dividir su vida entre Venezuela y España.
Con los años esa idea fue cambiando.
En el momento de la entrevista sentía que su proyecto estaba ya aquí.
Había abierto nuevamente el camino profesional que quería.
Tenía una clínica.
Una nueva cartera de pacientes.
Su esposo formaba parte del proyecto.
Y aquella segunda etapa de su vida profesional, que durante años había imaginado quizá desarrollar en Venezuela, estaba ocurriendo finalmente en Madrid.
Eso no elimina su historia anterior.
La clínica de Caracas, los pacientes, la Universidad Central de Venezuela y todas aquellas décadas de experiencia forman parte inevitablemente de la profesional que llegó a España.
Pero emigrar tampoco significó simplemente continuar exactamente donde había quedado.
Significó volver a aprender, volver a moverse y volver a construir.
Tarragona.
Cambrils.
Motril.
Mijas.
Marbella.
Madrid.
Hasta llegar a San Sebastián de los Reyes.
Quizá por eso Smile Art representa para Belkys mucho más que una clínica dental.
Es la demostración de que una carrera profesional construida durante décadas puede atravesar una frontera, transformarse y encontrar un lugar nuevo donde seguir creciendo.
Ver entrevista completa
Puedes conocer la historia completa de Belkys Martínez en la entrevista original de Diáspora Venezolana.





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