Cuando encontramos a Fabrizio Fabri en un pequeño pueblo de los alrededores de Roma, llevaba ya más de diez años viviendo en Italia. Caraqueño y de familia italiana, su historia es la de muchos venezolanos que terminaron construyendo una nueva vida en el país del que procedían sus antepasados.

Fabrizio llegó a Italia inicialmente por razones familiares. El idioma no representó para él una barrera especialmente difícil, porque ya lo conocía gracias a sus raíces italianas, aunque reconoce que comenzar de nuevo profesionalmente tampoco fue sencillo.

En Venezuela había trabajado como ingeniero en el sector de la construcción. Al establecerse en Italia intentó mantenerse vinculado a su profesión y encontrar oportunidades laborales similares.

«No ha sido fácil, pero tampoco es imposible», decía entonces.

Para él, una parte fundamental de la experiencia migratoria consiste en aprender a adaptarse al lugar al que se llega. Conocer a la gente, relacionarse y tratar de construir una nueva vida social forman parte de ese proceso.

Aunque existen diferencias entre las culturas venezolana e italiana, Fabrizio prefería quedarse con aquello que cada una podía ofrecer.

«Hay que tomar las cosas positivas de cada parte. No podemos ver solo lo negativo».

Lo que permanece de Caracas

Después de más de una década fuera de Venezuela, había cosas que seguían acompañándolo.

El clima, la gente y los amigos estaban entre aquello que más extrañaba de Caracas. Para Fabrizio, emigrar no significa borrar la vida anterior, porque el lugar del que uno viene continúa formando parte de su identidad.

«Es una vida. No puedes borrar una parte de tu vida. Siempre es lo tuyo y lo sientes cercano».

Al mismo tiempo, reconocía que vivir fuera de Venezuela también le había permitido descubrir otras oportunidades y otra manera de vivir.

De la región italiana en la que residía destacaba, sobre todo, la tranquilidad. No era la vida de una gran ciudad como Caracas, pero había encontrado allí un espacio en el que podía sentirse bien.

«Es más tranquilo y poco a poco uno se acostumbra. He vivido bien, no me puedo quejar».

Años después, recuperamos esta conversación en Del Archivo como otro pequeño testimonio de la diáspora venezolana: una historia sobre raíces, adaptación y esa sensación tan conocida por quienes emigran de aprender a pertenecer a un nuevo lugar sin dejar completamente atrás el anterior.

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Entrevista publicada originalmente el 5 de marzo de 2017

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